2016: Un año de Juanchismo en Hurlingham

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Por Rody Rodríguez |

 

En diciembre de 2015 Juan Horacio Zabaleta asumía el cargo que siempre soñó. Había ocupado lugares trascendentes en la Nación pero su objetivo político fue siempre llegar a ser intendente y ser elegido por el voto de la ciudadanía.

El triunfo no estuvo acompañado por un contexto favorable. Sabía que recibía un municipio con dificultades y que reemplazaba a un intendente, como Luis Acuña, que estuvo 14 años en el cargo y que en los últimos 4 decidió despreocuparse por completo de la gestión. Eso lo sabía, y si bien abrigaba la esperanza de un triunfo a nivel nacional de su espacio político, sospechaba que podía haber un cambio de rumbo, como finalmente ocurrió. En cambio la derrota del peronismo en la provincia fue un baldazo de brea.

Ser un intendente peronista en el Conurbano, en una provincia y un país gobernado por el macrismo, resultaba un escenario hostil. No fue el único escollo. La economía sufrió un retroceso vertiginoso y con ese panorama adverso, Juan Zabaleta corría el riesgo de haber hecho mucho más como concejal que lo que podía hacer como intendente. 

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En una nota publicada en El Ciudadano y reproducida aquí en hurlinghamaldia.com se publican una serie de breves opiniones de protagonistas de Hurlingham provenientes de distintos sectores. Se les pide que califiquen de 0 a 10 la gestión del intendente. Y a tono con la ocurrencia del presidente Mauricio Macri de autoevaluarse, la gran mayoría de los convocados se sumó al juego, sabiendo que no se trataba de un estudio científico, ni una encuesta representativa, ni de un muestreo, ni ningún otro relevamiento riguroso. La única pretensión era la de recopilar puntos de vista que sirvieran como disparadores para una evaluación un poco más profunda.

Así, radicales, socialistas, independientes (periodistas, empresarios, artistas), justificaron en un par de líneas el porqué de un puntaje.

Hubo esperables coincidencias, como por ejemplo destacar la capacidad de trabajo de Zabaleta y la vocación por mejorar las condiciones del distrito, más allá de la «herencia recibida» y de la deprimida situación económica general. Ciertos reproches -también esperables- por la falta de obras y otras por falta de transparencia.

Lo cierto es que Juan Zabaleta encaró la gestión con un gabinete superpoblado, sin poder iniciar obras de infraestructura trascendentes (que esperan ver la luz en 2017). Sí pudo encarar cambios importantes en materia de salud, con la implementación del servicio de emergencias «107» y la reactivación del laboratorio de medicamentos genéricos. Hubo una fuerte inversión en materia de seguridad y trabajos de recuperación de espacios públicos. También es destacable la colaboración con escuelas y clubes. Pero no pudo mejorar el servicio de recolección de residuos que desde hace 20 años realiza Martín & Martin y en los últimos tiempos lo hace con notorias deficiencias. Implementó políticas públicas que reivindican principios ninguneados por el acuñismo y pisoteados por el gobierno central actual, como derechos humanos, políticas de género, de ayuda a los más chicos y a los adultos mayores y, fundamentalmente, fomentó importantes canales de participación y transparencia en el Concejo Deliberante, como la Banca Abierta y las Audiencias Públicas.

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Tuvo el mérito de meterse y buscar soluciones en esos temas que dañan a la sociedad y a los que la gestión municipal le hacía siempre la vista gorda. Por ejemplo la añeja mala atención a los abuelos en la Clínica Sagrado Corazón, los malos olores que surgen de la fábrica Rousselot y el destrato que sufren los jubilados que quieren cobrar sus haberes en el Banco Piano. Hasta ahora no hubo resultados favorables, pero hay un gobierno local que se ocupa y por ahora no es poco.

Que si hay exceso de pintura verde y que si el logo es feo son aspectos estéticos vinculados a una estrategia de marketing que no afectan cuestiones de fondo en una gestión. Lo mismo vale para la iconografía religiosa que acompañó el primer año de la intendencia de Zabaleta. Está claro que el buen funcionamiento de un gobierno no se resalta con verde flúo ni una mala gestión la salva la imagen del Cura Brochero. 

Lo que tiene cierto valor es que todas las encuestas señalan guarismos muy favorables para el gobierno municipal, con índices de imagen positiva para Zabaleta que trepan al 70%.

El intendente todavía puede disfrutar de esa ecuación popular que asegura que todas las cosas buenas son por su mérito y todas las cosas malas son culpa de su entorno.

Hoy la sociedad en su mayoría mira a la gestión de Zabaleta como un gobierno nuevo que se esfuerza y que tiene mucho por hacer. Por otro lado, Zabaleta ya es «Juanchi» para la mayoría de los vecinos, otros les dicen Zabaleta, pero todos lo conocen.

También lo conocen fuera del distrito. Juanchi es una figura política de renombre provincial. Eso no es bueno ni malo si no es acompañado con la demostración de que es un buen gestor. La fama sirve para magnificar aciertos y equivocaciones. Cuánto más famoso se es, más se enaltecen las virtudes y los errores no se perdonan. Para 2017, en un año electoral, con la fama a cuestas y mucho por hacer, Juanchi Zabaleta tiene crédito en la sociedad. No es poco para arrancar.

 

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