Arístides Rodríguez una vida marcada por la vocación de servicio

Por Rody Rodríguez

Estar siempre dispuesto a ayudar a los demás, esa fue la máxima que acompañó a Arístides Rodríguez a lo largo de su vida, por eso fue natural que el cuartel de bomberos fuera casi su segundo hogar. Allí le hicieron la última despedida. Tenía 97 años.

Una casualidad, o no Arístides Rodríguez, el hombre que a lo largo de casi un siglo brindó su amistad a incontable cantidad de hombres y mujeres, falleció el día del amigo.

Arístides nació el 25 de junio de 1921 y llegó a Hurlingham cuando tenía 27 años. Corría el año 1948 cuando se afincó en la zona de Parque Quirno, que por entonces no era siquiera un barrio. Solo algunas casas dispersas en el medio de un campo. Nunca se fue de Parque Quirno.

Allí formó su familia, con su esposa Clara, con la que tuvo tres hijos.

Arístides tuvo un espíritu inquieto, y una vocación de servicio que volcó a poco de venir a vivir a Hurlingham. Donde vivía faltaba todo y junto a otros vecinos hicieron un culto de la participación vecinal en favor del desarrollo local.

Trabajó incesantemente para que a su barrio llegara la luz eléctrica, el agua, el gas, más tarde el asfalto. Fue uno de los fundadores de varias instituciones en la ciudad, como la Sociedad de Fomento Parque Quirno en Rosa Castillo y Gaboto; el club Independiente de Hurlingham; la escuela N°10 (ex N°45) ubicada en Gral. Rodríguez y Diego de Carbajal, y también fundó un club que quedó en el recuerdo de muchos viejos vecinos, el Club Poco a Poco, donde hoy está el complejo deportivo Saint Michael, en la calle Villarroel al 400.

Fue presidente de la Cooperativa de Agua Nuestra Señora del Buen Ayre, COPARQUI, de la que actualmente formaba parte, pero su verdadero amor fue la defensa de la actividad los bomberos a los que le dedicó con pasión hasta el último día de su vida.

Fue por muchos años presidente de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Hurlingham y llegó a conducir la Federación Argentina de Bomberos Voluntarios de la Provincia de Buenos Aires.

Trabajó incesantemente para la construcción del destacamento de bomberos en William Morris y renegó con los intendentes para lograr que el municipio impulse una ordenanza para que Bomberos reciba una ayuda monetaria que le permita sostener la institución, cosa que final-mente se concretó en febrero pasado.

En mayo de este año, pudo ser testigo de los festejos por los 50 años de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Hurlingham y mucho de su archivo personal sirvió para repasar ese medio siglo de historia de «sus queridos bomberos».

Su otra pasión fue el periodismo. En la década del 90, creó y condujo el programa «El Tren de las 10» por FM Corazón y luego por Radio MAS. Fue también colaborador del periódico El Progreso y de otros medios locales.

Pudo unir sus dos amores, el periodismo y los bomberos cuando creo la revista «La Sirena», la publicación de los bomberos de Hurlingham y luego hizo la versión radial «Al sonar de la Sirena» que se emitía por Radio AM Mi País.

Fue también presidente del Centro de Jubilados y Pensionados de Parque Quirno, donde siguió volcando su vocación de servicio, su empeñoso compromiso con los demás.

Tenía 97 años. Falleció luego de una seria de complicaciones que lo mantuvieron delicado por más de un mes.

Sus restos fueron velados en su casa. Es decir en el cuartel central de los Bomberos, en la AV. Roca y Amoroso, donde se realizó una sentida ceremonia coronada por un prolongado toque de sirena y el aplauso emocionado de los allí presentes.

 

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