Carta abierta de los vecinos de Villa Tesei a Gelatinas Rousselot

Protesta contra fábrica Rousselot de Hurlingham

“Esta hermana clama por el daño que le pro­vocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus pro­pietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, he­rido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivien­tes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devasta­da tierra, que « gime y sufre dolores de parto » (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos so­mos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.”

De esta manera comienza Carta Encíclica Laudato SI’ del Santo Padre Francisco. Los vecinos de Villa Santo Tesei (Buenos Aires-Argentina) desde hace décadas nos sentimos como esa hermana que clama por los daños que la Empresa Rousselot está causando sistemáticamente durante todo este tiempo. La empresa ha crecido y se ha desarrollado dentro de nuestra comunidad, adueñándose de ella con el único fin de hacer prevalecer, como única prioridad, su interés económico por sobre el interés común de los habitantes de nuestra amada ciudad, la empresa se siente con la autoridad de despojarnos de nuestra calidad de vida, enfermándonos y contaminando el aire que respiramos y el agua que nos vivifica.

Día tras día y año tras año observamos de que manera trabaja la filial Rousselot Villa Tesei (Buenos Aires-Argentina) sin el más mínimo respeto por el medio ambiente, la ciudad y los vecinos que vivimos en esta localidad de 200000 habitantes ubicada al oeste de la Provincia de Buenos Aires y a tan solo 30 minutos del monumento más emblemático de nuestro país (El Obelisco). Desde hace años los vecinos de esta planta padecemos los olores nauseabundos, los vapores tóxicos, los desbordes de los piletones, los desechos líquidos vertidos a los pluviales y la falta de respeto constante del personal jerárquico y encargados de planta, quienes técnicamente no son maleducados, pero han ejercido sobre nosotros la peor de las violencias, LA MENTIRA y EL EMBUSTE, de manera constante desoyendo nuestros reclamos y engañándonos al decir que se van a llevar a cabo inversiones para poder, al menos, atenuar los daños y molestias que están ocasionando a los vecinos pero que nunca se hacen o que cuando las hacen es a partir de la presión que ejercemos los vecinos artos de las mentiras y la contaminación.

La empresa Rousselot (o al menos la filial argentina), parafraseando a San Juan Pablo II, “parece no per­cibir otros significados de ambiente natural, sino solamente aquellos que sirven a los fines de un uso inmediato e intereses económicos”. Toda pretensión de los vecinos de cuidar y mejorar nuestra calidad de vida y nuestra ciudad supone cambios profundos en “los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen a la empresa”. Como habitantes de la ciudad y consientes de que vivimos en un mundo globalizado y tecnológico, no pretendemos que la planta trabaje de manera “artesanal” ni mucho menos pedimos que se recorten sus niveles de producción (nos hace felices saber que un centenar de familias viven gracias a la fuente laboral que produce la empresa, pero a su vez nos entristece ver como otras miles se ven perjudicadas por el mal accionar de la empresa), lo que reclamamos, casi históricamente, es que la empresa invierta en mejorar sus procesos sin perjudicar nuestra ciudad y a sus habitantes, obligándolos a convivir en un medio ambiente contaminado a causa de Rousselot.

En los últimos meses todos estos problemas (de larguísima data) se han intensificado, al punto de que ya no podemos respirar a causa del olor y vapores ácidos que emanan de la planta, sus piletones y de los pluviales a donde la planta desecha los líquidos, no podemos dormir por los ruidos que salen de la planta; no tenemos vida social a causa de los olores. Esta situación se ha vuelto francamente intolerable para nuestra vida cotidiana, nuestra vida comercial, nuestra salud física y mental y se ha convertido en una mala carta de presentación para nuestra amada ciudad.

Como comunidad es nuestro deber garantizarle a nuestros abuelos un medioambiente que no afecte su frágil salud, dejarles a nuestros hijos una ciudad libre de contaminación, y a nuestros congéneres demostrarle que es posible construir un mundo mejor. Por ello apelamos a la buena voluntad y humanidad de quienes son los responsables de la empresa tanto en nuestro país como en su sede central y les pedimos que intercedan ante la filial emplazada en nuestra ciudad para que este problema se solucione en el menor plazo posible y se hagan responsables de esta situación; de lo contrario los vecinos nos veremos obligados, no solo a mantener nuestra protesta (pacifica) en la puerta de la planta, si no además llevar adelante las acciones pertinentes ante la justicia, las denuncias pertinentes ante los organismos y autoridades oficiales provinciales y/o nacionales, y si es necesario llevar adelante acciones más radicales con el fin de que desistan de su postura y nos den las soluciones exigidas.

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