¿Cómo sigue esto?

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Por Rody Rodríguez.

2016 terminó con la frustración de un «segundo semestre» que nunca llegó. Esos últimos seis meses del año serían, según el presidente Mauricio Macri, los de la reactivación. El objetivo no fue logrado, entonces nació otra especulación esperanzadora: la del año electoral. Es en este año, donde Cambiemos deberá plebiscitar su gestión y cuando se supone que habrá mejoras en la economía para alentar el consumo, mejorar el humor ciudadano y recuperar simpatías perdidas por el macrismo. Sin embargo transcurridos las primeras semanas del 2017 nada de eso ocurrió. Todo lo contrario. Por donde se lo mire fue el peor verano de la última década.

Una catarata de aumentos volvió a golpear a la mayoría de la población. Incrementos en combustibles, transportes, alimentos, peajes, coberturas médicas, colegios, útiles escolares, alquileres, impuestos, y una larga lista de mercaderías y servicios confrontan con salarios cada vez más atrasados, mientras también aumenta la lista de los que ya no tienen salario de la mano de una caída estrepitosa de la actividad industrial.

La lucha contra la corrupción fue la gran cruzada impulsada por el gobierno y con la que ganó gran parte de su apoyo. Los bolsos con millones de dólares revoleados a un convento por un ex funcionario kirchnerista fue la acción más «rentable» que tuvo el macrismo desde que ganó las elecciones. En esa línea, es natural que la estrategia electoral sea continuar con la criminalización de la política. Cuantos más funcionarios K -empezando por la ex presidenta Cristina Kirchner- desfile por los tribunales de Comodoro Py, mejor le puede ir al gobierno.

Pero esa idea tampoco está resultando, por qué hoy la corrupción enchastra a los más altos niveles del gobierno y lo deja sin estatura moral para acusar a nadie. Más de 50 funcionarios de la actual administración (con Macri y Gabriela Michetti a la cabeza) están imputados por causas de corrupción.

¿Cómo sigue esto? Es la pregunta obligada a pocos meses de las elecciones.

La gobernadora María Eugenia Vidal abrió el paraguas con una verdad irrefutable. Dijo que «perder las elecciones de este año no es el fin del mundo», aunque está claro que una derrota del oficialismo puede ser el principio del fin de Cambiemos. Pero ¿a manos de quién? ¿Puede el peronismo recuperarse del fracaso del 2015 y volver a la victoria? Y si eso fuera posible ¿qué peronismo?

El intendente Juan Zabaleta dio algunas pistas al respecto. Dijo que «es la hora de dejar los debates abstractos y recuperar el mejor rostro del peronismo, que es cuando representa los problemas de la gente. Creemos que nuestro partido debe lograr una renovación dirigencial y que la discusión debe ser pública. Si hace falta, en una primaria».

El jefe comunal de Hurlingham explicó que «esa renovación no sólo es en función de edades sino también de tener la cabeza abierta para interpretar las nuevas demandas».

En una serie de mensajes a través de su cuenta de twitter, Juanchi Zabaleta reclamó «un peronismo responsable, generoso, abierto en el debate y participativo. Solamente de ese modo vamos a poder reconstruir el peronismo del que siempre nos sentimos orgullosos».

La palabra de Zabaleta es también la de otros intendentes que conforman el llamado Grupo Esmeralda (Katopodis de San Martín, Insaurralde de Lomas y Cascallares de Brown, entre otros), que son cautos a la hora de sostener que la única candidata posible es Cristina. Sienten que, más allá de que las encuestas coloquen a la ex presidenta en un lugar de privilegio, su postulación puede dividir a la oposición, (al peronismo en particular) y forzar a una campaña que en la que se discuta solo el pasado.

Mientras tanto el gobierno no deja de pasar un solo día sin dar alguna mala noticia para el bolsillo de los que menos tienen, y frente a eso, una sociedad clonazepada, solo ve reacciones aisladas de algunos gremios, de algunos periodistas y de algunos políticos.

Lo nuevo no aparece o lo que aparece como nuevo, como el sector de los intendentes peronistas, por ahora no alcanza, aunque sin ellos ninguna alternativa dentro del PJ (incluso Cristina) podrá cantar victoria.

Marzo será un mes de definiciones. Florencio Randazzo está a dispuesto a intentar volver a ser protagonista de una discusión electoral, aunque a varios de sus partidarios exaspera el prolongado tiempo que se toma para sus decisiones. «Es un tiempo de compromisos y de urgencias, no de especulaciones», le reprochan.

En otros espacios opositores la situación es similar. Felipe Solá, que a principios de año apareció como una alternativa entre distintos grupos de peronistas, es posible que busque el camino más cómodo y más seguro hacia la conservación de una banca de legislador, mientras Sergio Massa está pagando caro su dual relación con el macrismo y pierde aceleradamente consideración entre los votantes, tampoco le suma como se pensaba el acuerdo con Margarita Stolbizer, que con nuevo rostro, se esfuerza para justificar acuerdos programáticos con el Frente Renovador.

Ahora, si el gobierno no hace bien las cosas pero la oposición no le hace honor a rol que le tocó, los ciudadanos que ya ni futbol ni Tinelli tienen para entretenerse, pueden llegar a pasar de la desesperación a la exasperación y a la hora de los comicios terminen desparramando votos con bronca para cualquier lado, como en el 2001 cuando el voto en blanco sumó el 25%. Y es posible entonces que, con el peronismo dividido los globos amarillos vuelvan a inflarse victoriosos.

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