Documento de La Rotonda Cultural: “La Cultura no se desaloja”

Marcha de La Rotonda 28 feb 15 (9)
Con un operativo policial plagado de irregularidades y un despliegue inusitado de efectivos y vehículos, la municipalidad de Hurlingham intentó evitar que se llevaran a cabo los tradicionales festejos de carnaval organizados por La Rotonda Cultural, que desde hace ya cuatro años tienen por escenario el predio contiguo a la estación Hurlingham del ferrocarril San Martín.

Más de una docena de móviles de la municipalidad y de la policía bonaerense fueron sustraídos a su tarea de vigilancia y prevención del delito e insólitamente volcados a la tarea de impedir que se desarrollara la cuarta edición de un corso familiar, gratuito y autogestivo, que es ya un tradicional espacio de encuentro y alegría para las familias de Hurlingham.

El desproporcionado operativo, en el que hubo exhibición de armas largas, fue encabezado por un grupo de uniformados que carecían de sus placas de identificación y otros que vestían de civil, comandados por el titular de la Comisaría Primera, comisario Gustavo Orsomarso, quienes dijeron presentarse en el lugar por una denuncia vecinal, cuando la realidad es que ya había cuatro patrulleros alistados en las cercanías del predio mucho antes de que llegáramos al mismo. Ante nuestra negativa a abandonar el espacio público, el Jefe de Calle del distrito manifestó que tenían orden del municipio de desalojarnos.

Poco más tarde se hizo presente en el lugar el juez de Faltas Rafael De Francesco, quien ordenó que fuera detenido un camión que había descargado parte del escenario que iba a ser utilizado en los festejos. A  pesar de tener todos los papeles en regla, elchofer fue trasladado a la Comisaría Primera y -en un hecho de enorme gravedad institucional- utilizado por la policía como una suerte de “rehén” para tratar de forzar el desalojo.

A esta altura ya eran numerosos sin embargo los vecinos que habían confluido en el lugar y que dando la espalda al operativo y solidarizándose con La Rotonda, decidieron quedarse y seguir adelante con la fiesta.  Pese a las amenazas de la policía y a la actitud prepotente de un ejecutivo municipal, que en lugar de cumplir su rol de administrador de los bienes públicos actúa como si le pertenecieran, el corso se hizo igual y la alegría volvió a adueñarse de ese predio  al que la confluencia masiva de la gente ha señalado como el lugar en donde Hurlingham celebra sus carnavales.

La prohibición, persecución y/o desalojo con distintas excusas de los corsos autogestivos e independientes, es un panorama que se repite en distintos municipios del conurbano bonaerense, con situaciones extremas como la de La Matanza, donde están directamente prohibidos por ordenanza.

Impedir o entorpecer el desarrollo de los corsos es violentar uno de los derechos humanos básicos de la población, que es el de ejercer su propia cultura.

En nuestro caso particular el intento de prohibición no es la primera arbitrariedad que nos toca sufrir a manos del municipio y de las fuerzas policiales que actúan bajo sus órdenes.

En septiembre del año pasado un patrullero de la policía bonaerense, alertado por las cámaras del COM, detuvo a seis compañerxs de la Rotonda que fueron trasladadxs a la Comisaría Primera, donde se les abrió una causa por difundirla realización en Hurlingham del Encuentro Regional de Mujeres, pintando sobre la pared de un predio abandonado. Dicha pared era utilizada de manera habitual por distintos partidos y agrupaciones, y especialmente por la cuadrilla de pintores de campaña del intendente, cuyos integrantes -a diferencia de nuestrxs  compañerxs- parecen ser invisibles para las cámaras de monitoreo. El pasado lunes 16, mientras se producía el intento de desalojo de nuestro corso, dos militantes de una conocida agrupación política fueron detenidos por pintar el paredón de la estación Rubén Darío, que al igual que el resto de las paredes del distrito parece haber sido designado como de uso exclusivo del oficialismo municipal.

Intendentes que prohíben, obstaculizan o intentan desalojarlos corsos;  que manejan autoritaria y arbitrariamente los espacios públicos como si fueran sus dueños en lugar de sus administradores;  que no respetan los usos que las costumbres de la población han asignado a los mismos;  que no invierten en cultura o que la utilizan con fines meramente electorales;  que en lugar de promover y apoyar a las organizaciones culturales autogestivas las obstruyen y/o persiguen; que empobrecen la democracia y violentan las garantías constitucionales al inducir un accionar irregular de las fuerzas policiales al servicio de su campaña política, son una desalentadora realidad de nuestro conurbano bonaerense que es necesario empezara cambiar.

Por la libre utilización de los espacios públicos.
Por el respeto a los usos que las costumbres de la población han asignado a los mismos.
Contra la prohibición y/o persecución de los corsos autogestivos e independientes.
Por nuestros derechos culturales.
Por nuestro derecho a la libre expresión.
Contra toda forma de discriminación.
Contra toda forma de violencia institucional.
Por la plena vigencia de las garantías constitucionales y las libertades democráticas.

LOS ESPACIOS PÚBLICOS SON DE LA GENTE, NO DE LOS INTENDENTES.

LAS PAREDES NO TIENEN DUEÑO, HAN SIDO, SON Y SERÁN LA IMPRENTA DE LOS PUEBLOS.

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