Enrique Schcolnik: La historia de un cartonero muy especial

 

 

Por Rody Rodríguez.

 

Fue el dueño de una de fábrica emblemática de Hurlingham y una de las más poderosas del país en el rubro de las papeleras y especialmente en cartón corrugado. Dio impulso a todo un barrio en Villa Tesei. Creo la Fundación Schcolnik que permitió la construcción de muchas escuelas.

 

El 29 de noviembre de 1914, en el barrio del Abasto, nació Enrique Schcolnik, hijo de Eugenia y de Wolf Schcolnik, un inmigrante nacido en Odesa-Rusia en el año 1890, que llegó al país en 1911 huyendo de la dinastía zarista, y que de ser opera-rio de envasados en una fábrica de chocolates se transformó, en menos de 20 años, en líder indiscutido en la industria del cartón.

El buen pasar de Wolf le permitió a Enrique y a sus otros cinco hermanos menores tener una vida acomodada. Enrique pudo dedicarse al estudio, recibiéndose de abogado en 1940.

Pero en 1947 Wolf Schcolnik falleció y Enrique dejó de lado el Derecho y se puso al frente de la fábrica paterna, que desde ya contaba con una planta de una manzana en Emilio Castro y Saladillo, en el barrio porteño de Mataderos, destinada al corrugado y a la impresión de envases de cartulina.

Enrique decidió tener su propia fábrica de cartón, y adquirió10 hectáreas, cerca del arroyo Morón, al lado del predio de los Andrada. Para el año 1951, la moderna planta ya estaba práctica-mente construida y en 1953, la papelera comenzó a producir. Al poco tiempo, se transformó en una de las principales fábricas del país y Latinoamérica, destinando su producción a las cajas de cartón corrugado para envasar mercadería diversa, produciendo más de 5000 toneladas mensuales de envases.

 

LA INFLUENCIA DE NICOLÁS LEVAGGI

Enrique se instaló en la nueva planta. La mayor parte de su jornada laboral la pasaba en Villa Tesei.

Un día de febrero en 1962, recibió la visita de un docente que quería hacerle una propuesta. «Me gusta recibir a la gente porque siempre aprendo algo; si considero que es una estupidez termino pronto la reunión, si es inteligente la alargo» recordó tiempo después Schcolnik.

El maestro era Nicolás Levaggi que le comentó que era el director de una escuela, a la que habían otorgado un terreno pero no tenían ni para construir un aula y ya había muchos chicos que necesitaban educación.

Faltaba poco más de un mes para que comenzaran las clases y esos chicos –la mayoría hijos de los obreros de la floreciente planta industrial- no podían seguir esperando. Schcolnik compró cuatro tranvías viejos que ya estaban desapareciendo, los ubicaron en el terreno, construyeron baños y en marzo los chicos recibieron sus clases.

 

«Después comenzaron con los planos y en el año 1963 la escuela estaba construida. Muy pronto vino el jardín de infantes y el gran entusiasmo acercó a otras directoras e hicieron el centro complementario. Hoy es un complejo educativo que tiene 1500 alumnos» recordó Schcolnik en una entrevista a la revista Caminos Culturales en agosto de 2008. En el mismo reportaje dijo sobre Levaggi: «La llegada de ese hombre me despertó. (….) Ya no había marcha atrás: así comenzó mi pasión por la educación primaria».

Esa primera escuela es la actual N° 19 en Pizzagalli y Jufré, que lleva el nombre de Wolf Schcolnik, fue el punto de partida de la Fundación Schcolnik, creada en 1964 para «promover el estudio, la capacitación y perfecciona-miento de estudiantes y propender en general al mejoramiento y progreso científico cultural de la Nación». Luego de la primaria llegó la Escuela Secundaria Nº 19 también llamada «Wolf Schcolnik», y el Jardín de Infantes Nº 901 «Amuyen» y el Centro Educativo Complementario Nº 801 «Josefina Anceschi». 

El trabajo en conjunto entre Schcolnik y Levaggi prosiguió durante mucho tiempo. Una relación que trajo como resultado la creación de muchísimos establecimientos educativos en todo el país.

El escritor José Adolfo Gaillardou, en su libro Grandes Olvidados en las calles de Hurlingham, escribió que al decidir hacer la planta en Tesei, Enrique «lo primero que hace es una calle, la que lleva el nombre de su padre, luego levanta el edificio donde funcionará la fábrica de papel y cartón. Comienza a funcionar la fábrica y los obreros tienen el pedazo de tierra para levantar su propia casa. Se forma así el barrio de la papelera». Luego Gaillardou destacó su labor en beneficio de la educación y concluyó: «Escribo esta nota hoy, 4 de octubre de 2000, y acabo de hablar por teléfono con él. Me termina de decir que son 200.000 los niños que con-curren anualmente a las escuelas Wolf Schcolnik en todo el país».

El trabajo de la entidad no se detuvo. La «Fundación Schcolnik» apoya hoy a más de 2500 establecimientos, muy especialmente a escuelas rurales y también apoya a la única escuela de la Antártida, en Base Esperanza.

 

LA CREACIÓN DE UN BARRIO

Volviendo a la labor desarrollada en Hurlingham. Esa calle construida para poder llegar a la fábrica, es, según señala el fotógrafo e historiador local Mario Saldi, la única que no cambia de nombre al atravesar la ruta 4. Recorre ocho cuadras desde Jufré hasta Vergara. Saldi recuerda que «medio siglo atrás era el único asfalto que había en la zona» y agrega que «en noviembre de 1967 comienza a circular por esa arteria el colectivo línea 22 (un año luego se transformaría en el 643), eso termina por darle vital impulso a todo el sudeste del actual municipio de Hurlingham».

En efecto el barrio -rápidamente conocido como Villa Schcolnik- tuvo un crecimiento vertiginoso. En 1963 se crea la Sociedad de Fomento Villa Schcolnik y se construye una sala de primeros auxilios en la calle Concepción Arenal entre Julián de Charras y Castello.

La década del 60 fue la de mayor esplendor de la fábrica. Se generaron miles de puestos de trabajo y no hubo una sola obra comunitaria que no tuviera la colaboración activa de la Fundación. Además de la sala de primeros auxilios y de varias escuelas en la ciudad, Schcolnik solventó el asfalto de varias calles de Tesei y fue muy importante para la creación del Hospital San Bernardino.

 

EL CIERRE DE LA FIRMA

Paralelamente Enrique Schcolnik cautivó al mundo con su visión empresaria.  Cuando palabras como marketing o packaging no existían en el vocabulario del mundo de los negocios, Enrique sostenía que «el envase es lo primero que miramos y es un poderoso argumento de venta».

Pero la cambiante economía argentina fue dejando en el camino a las firmas más sólidas.

Carlos Maldonado, en su ponencia «La economía en Morón 1975-1995» en unas Jornadas de Historia Regional organizada por la Universidad Nacional de La Matanza, opinó que «las recesiones de 1975-1976, 1981-82 y de 1988-1991 fueron particularmente severas, y tuvieron efectos negativos sobre el aparato productivo local: alto porcentaje de capacidad ociosa en las empresas, endeudamiento, quiebra y cierre de algunas grandes empresas» dando como ejemplo a la papelera Schcolnik.

Lo concreto es que entre el «rodrigazo» y las políticas económicas de Martínez de Hoz, durante la Dictadura, la poderosa papelera quedó en estado de extrema debilidad.

El 28 de julio de 1988, el periódico La Tribuna de Morón, sorprende con la noticia de que la fábrica «Schcolnik S.A con sede en Morón, se detalló que está en convocatoria y al borde de la quiebra de sus plantas de Morón, San Martín y Zárate».

Y así fue. En 1988 cerró sus puertas. No fueron ajenas, además de las consecuencias de las políticas económicas de los gobiernos neoliberales, algunos problemas familiares.

Lo concreto es que el cierre de la fábrica dejó a muchos trabajadores en la calle, y se sumó a una larga lista de empresas de la zona que quebraron o decidieron cerrar o irse del país, desdibujando para siempre el perfil industrial que se había diseñado en la región.

 

EL PERFIL DE UN PIONERO

Enrique Schcolnik falleció a los 95 años, el 7 de mayo de 2010. Fue presidente del Instituto Argentino del Envase (IAE). Fue el primer presidente latino de la World Packaging Organization (WPO), Presidente de la International Case Corrugated Association (ICCA) en 1970, y fue presidente de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel.

También fue nombrado Decano Mundial del Cartón Corrugado. En el año 2005, Editorial Costa Nogal publicó la vida de Schcolnik, en un libro titulado «La leyenda del Packaging».

Enrique padre de tres hijos, una decena de nietos y otros tantos bisnietos, nacido en el Abasto, fue un enamorado del tango. En su barrio natal, en la calle Anchorena construyó junto con la Municipalidad el monumento a Carlos Gardel. Fue Presidente de la Asociación Amigos de la Academia Porteña del Lunfardo, y junto a Félix Luna presidió además la «Asociación La Reina del Plata».

La Fundación Schcolnik sigue funcionando en la Av. Jujuy 425, en el barrio de Once, en la Ciudad de Buenos Aires.

 

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1 respuesta

  1. JULIO JORGE RASCHID dice:

    BUENAS TARDES TENGO ACIONES DE UDES, HACE AÑOS ME GUSTARIA SABER QUE PUEDO HACER YA QUE NOSE SI VALEN TODAVIA GRACIAS

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