Hace 60 años nacía el Banco de Hurlingham

Por Rody Rodríguez.

Hace 60 años, el 17 de abril de 1959 comenzó a funcionar el Banco de Hurlingham, en una casa ubicada en Sargento Gómez 1582. Años después se trasladó a un muy moderno edificio en el mismo lugar en el que hoy funciona el Banco de Galicia, en Jauretche y Newbery. El esplendor y la caída del Banco de Hurlingham es un capítulo imprescindible de nuestra historia local, pero también es un episodio clave para entender la historia reciente de los argentinos. Una historia que aún se sigue escribiendo.

LOS INICIOS

Al igual que muchos otros logros en Hurlingham, la creación de una entidad bancaria fue el fruto del esfuerzo de una sociedad siempre comprometida con el porvenir. Con ese espíritu pionero de un grupo de vecinos casi encaprichados en hacer realidad todos los proyectos que garantizaran el progreso de la ciudad y su gente, fue que en 1947 nació en la Federación de Sociedades de Fomento Hurlingham un movimiento pro-Banco, que si bien no logró su objetivo velozmente, dio los pasos fundamentales hacia la concreción de ese proyecto.

Sobre esa base, un conjunto de industriales y comerciantes creó en noviembre de 1956 -en la sede del Cosmopolita- una comisión organizadora que tuvo a cargo la gestión y habilitación del que muy pronto iba a ser el Banco de Hurlingham SA.

El capital exigido por el Banco Central se reunió con el aporte de empresarios locales, pero también con vecinos que compraban -dentro de sus posibilidades- acciones para hacer realidad el sueño del Banco en Hurlingham.

UN REGALO NAVIDEÑO

La comisión que hacía las veces de directorio provisional funcionaba en el Club El Retiro y el 24 de diciembre de 1957, cual esperado obsequio navideño, recibió la notificación del Banco Central de la República Argentina aprobando el funcionamiento del Banco de Hurlingham, mientras el gobierno provincial decretó la personería jurídica que le permitiera funcionar como sociedad anónima.

La primera sede del Banco de Hurlingham, en Sargento Gómez 1582, parece un retrato de esos viejos bancos del lejano oeste, que mostraban las películas de cowboys.

No obstante, recién el 17 de abril de 1959 se habilita su sede en una casa ubicada en Sargento Gómez 1582, en el corazón del denominado «viejo Hurlingham». Por aquella época, el primer directorio estuvo conformado por los vecinos Juan Fontana, como presidente, Francisco García Ordás, como vicepresidente; Blas Penetta, como secretario; Hugo Navarro, como Prosecretario; Carlos Delfino, como tesorero; Juan Carlos Corallo, como protesorero; Hipólito Carreto; Antonio Grillo, Lázaro Carretto y Alfredo López, como vocales; Medardo Tito Gismondi y José Echenique, como vocales suplentes, y Eric Paterson como sindico titular y Lionello Elisei como suplente.

No es casual que muchos de los nombres de esa primera comisión directiva sean coincidentes con los nombres que impulsaron otras grandes iniciativas tendientes a fortalecer el crecimiento de la ciudad, como por ejemplo la Comisión Pro Autonomía.

Primer directorio del Banco de Hurlingham: desde la izquierda: José Echenique, Lionelo Elisei, Francisco García Ordás, Carlos Delfino, Hugo Navarro, Juan Fontana, Blas Penetta, Carlos Corallo, Lázaro Carretto, Alfredo López, Antonio Grillo, Medardo Gismondi y Eric Paterson. Foto: Guía Hurlingham Año 1962-1963 (editada por Juan Fontana). 

INAUGURACIÓN DE LA CASA MATRIZ

El flamante Banco de Hurlingham tuvo un crecimiento constante y sostenido. Inicialmente tuvo sucursales en José C Paz, Bella Vista y el 22 de mayo de 1966 se colocó la piedra fundamental de lo que sería el edificio de la Casa Matriz, construido por la Empresa Rimoldi en la esquina de la entonces Avenida Eduardo VII (hoy Jauretche) y Newbery.

La inauguración se realizó un año después, con la bendición del obispo de Morón, monseñor Miguel Raspanti.

El edificio era uno de los más modernos que se edificaron en la que, de a poco, se convertía en una de las arterias comerciales más importantes de Hurlingham.

Eduardo Fortunato, entrevistó en su revista Hurlingham CasaxCasa a Carlos Bissone, ex empleado del Banco desde 1964 hasta 1979 quien dio un pantallazo de lo que era la labor del bancario en ese entonces: «a diferencia que como es ahora, casi todos los trámites se hacían en el mostrador (…) Como no había computación, se hacía todo con planillas a mano. Al principio las máquinas de sumar eran manuales, se manejaban con una manija. Para trabajar más rápido, sumábamos sin mirar las teclas y después guardábamos las tiras que se imprimían. El horario de atención al público era de 12 a 15 hs y nos íbamos a las 4 y media ó 5 de la tarde». En esa nota en CasaxCasa, Bissone reflejó el espíritu pueblerino del Banco al recordar que «el cajero que pagaba los cheques sabía de memoria casi todas las firmas de los clientes, los tesoreros rara vez las verificaban. Cuando alguien venía a pedir un crédito o firmaba un pagaré, miraban la firma y sabían si era verdadera».

CRECIMIENTO Y VENTAS

Ya en el inicio de la década del ’70, el Banco tenía más de quince sucursales y un movimiento de dinero que la convertía en una institución bancaria líder, por eso no llamó la atención que el grupo encabezado por David Graiver, (una de las «estrellas» en el mercado económico financiero argentino), adquiriera el paquete accionario.

Esa transferencia se concretó el 25 de octubre de 1971, en una asamblea realizada en el Club El Retiro.

La venta fue muy cuestionada en la sociedad de Hurlingham, sobre por aquellos más vinculados al Banco. El periódico El Progreso, en una nota publicada el 30 de octubre de ese año, aseguraba que «hacer cambiar de manos el Banco con personas ajenas a nuestra ciudad sólo provoca comentarios desfavorables para los directores del Banco de Hurlingham, muchos de los cuales están arraigados en esta ciudad, y han defraudado las esperanzas de los vecinos que le dieron su plena confianza para administrar el capital de un banco popular»

El nuevo directorio del Banco quedó conformado por David Graiver como presidente; Jorge Victoriano Grimbaum como vice y Néstor Grimbaum, Juan Carosella (único representante vecino de Hurlingham) e Isidoro Graiver (hermano menor de David) como directores.

David Graiver tenía 30 años cuando compró el Banco de Hurlingham y ya era dueño del Banco Comercial de La Plata. Por esos años y en un ascenso vertiginoso Graiver compró dos bancos en Nueva York: el ABT (American Bank and Trust) y el CNB (Century National Bank), la BAS en Bruselas (Banque pour l’Amérique du Sud), un banco en Tel Aviv (Swiss-Israel Bank), entre otros in-numerables negocios, como haber comprado un porcentaje de Papel Prensa y haber sido socio de Jacobo Timerman en el diario La Opinión.

De la mano de Graiver, el Banco de Hurlingham multiplicó rápidamente su patrimonio.

En marzo de 1976 se produce el Golpe de Estado y los jerarcas de la Dictadura no tenían dudas de que el Banco de Hurlingham administraba parte de los fondos que Montoneros obtuvo por el secuestro de los hermanos Juan y Jorge Born. Estaban convencidos que de los 60 millones de dólares que decían que Montoneros había obtenido por el secuestro, Graiver había blanqueado 17 millones en el circuito bancario.

El 7 de agosto de 1976 David Graiver viajaba en un vuelo privado entre New York y Acapulco, era el único pasajero. El avión se estrelló contra un cerro en el estado mexicano de Guerrero. El accidente con la consecuente muerte del banquero de 35 años nunca quedó clara.

En diciembre de 1976 la sucesión Graiver vendió el paquete accionario a otro grupo integrado, entre otros, por Marcelo y Juan Claudio Chavanne, quienes posteriormente lo vendieron al Grupo Grassi. Pero más allá de que los requisitos de esas transferencias fueron cumplidos en tiempo y forma, el Banco Central evitó que ambas operaciones se oficializaran con excusas poco claras y ajenas a cuestiones legales; al mismo tiempo la Comisión Nacional de Valores –CNV- presidida por Juan Alfredo Etchebarne denunció el traspaso por fraudulento.

David “Dudi” Graiver tenía 30 años cuando compró el Banco de Hurlingham. Ya era dueño del Banco Comercial de La Plata. Fue socio de Jacobo Timerman en el diario La Opinión. Para Timerman, Graiver era el financista más audaz de la historia argentina. En 1973 compró una parte de Papel Prensa. Los dictadores que tomaron en 1976 no tenían dudas de que el Banco de Hurlingham administraba parte de los fondos que Montoneros obtuvo por el secuestro de los hermanos Born. El 7 de agosto de 1976 Graiver murió cuando su avión se estrelló contra un cerro cerca de Acapulco. Para su mujer, Lidia Papaleo, a David lo mataron porque se negaba a entregar Papel Prensa. Para el escritor Miguel Bonasso David Graiver no estaba en el avión que se estrelló en México. “Se bajó en Houston y está vivo”.

EL BANCO DE LOS MONTONEROS

El 25 de octubre de 1971, en una asamblea realizada en el Club El Retiro, el Banco de Hurlingham pasó a manos de David Graiver, muerto en un extraño accidente de avión en 1976. En ese entonces los jerarcas de la dictadura no tenían dudas que el Banco de Hurlingham administraba parte de los fondos que Montoneros. A fines de 1976 la sucesión Graiver vendió el paquete accionario a Marcelo y Juan Claudio Chavanne, quienes posteriormente lo vendieron al Grupo Grassi. Y la historia continúa.  

Corrían los últimos y pesados días de 1978. El jefe del Primer Cuerpo de Ejército, general Guillermo Suárez Mason encomendó al coronel Roberto Leopoldo Roualdes que investigara la denuncia de la Comisión de Valores, que aseguraba que el grupo de Industrias Siderúrgicas Grassi, a través de Juan Claudio Chavanne, había transferido 10 millones de dólares para la compra del Banco de Hurlingham, en manos del Grupo Graiver, y que ese dinero había llegado directamente a manos de la organización Montoneros (luego se dijo que en lugar de 10, se trataba de 17 millones).

La tarea de Roualdes era verificar la conexión entre el grupo Chavanne y el de Graiver, y conocer el destino de los presuntos 17 millones de dólares depositados por Montoneros en el Banco. Para ese objetivo Roualdes conformó un grupo operativo integrado por el coronel Francisco Obdulio D’Alessandri, el comandante de Gendarmería Víctor Enrique Rei y el ex agente de inteligencia del Ejército Raúl Guglielminetti. Pero hacía falta también cuadros técnicos que los ayudaran en los interrogatorios ilegales y para ello Roualdes recurrió Juan Alfredo Etchebarne, que además de presidente de la CNV era amigo íntimo de José Alfredo Martínez de Hoz.

Etchebarne se prestó a colaborar «con carácter profesional en la investigación que realiza la autoridad militar». Esa colaboración «con carácter profesional» consistía en preparar junto a un grupo de peritos qué el seleccionó, las preguntas para que los militares supieran cómo interrogar a los secuestrados.

SECUESTRO Y TORTURAS

Waldo Cebrero en un artículo en Infojus, cuenta que el 13 de septiembre de 1978, «después de cenar junto a su familia, el director de Industrias Siderúrgicas Grassi y presidente del Banco de Hurlingham, René Carlos Alberto Grassi, estaba hablando por teléfono en pijama. Sonó el timbre de su piso en avenida Libertador 5102 y abrió su hija de 20 años. En la puerta Raúl Guglielminetti, vestido con una campera de cuero negra, le dijo que tenía que llevarse a su padre por orden de Carlos Guillermo Suárez Mason».

La mañana posterior al rapto de René Grassi, se llevaron a Eduardo Augusto Aguirre Saravia de su casa de Martínez. Ese mismo 14 de septiembre, en un estudio jurídico del microcentro, efectivos del Primer Cuerpo se llevaron al abogado Mario Satanowsky, Juan Claudio Chavanne y su esposa Sara Duggan. El 23 de septiembre, fue el turno de Luis Alberto Grassi, hermano de René, y Rosa Dominga Laurito de Ernaiz.

La cacería dejó un saldo de 28 secuestros entre setiembre y diciembre de ese año. Todos eran ejecutivos, empleados o familiares de dos grupos empresarios: Chavanne e Industrias Siderúrgicas Grassi. Todos terminaron en la cárcel de encausados de Campo de Mayo. Todos, directa o indirecta-mente, habían cumplido un rol en la compra del Banco de Hurlingham que había sido propiedad de la familia Graiver.

Mientras tanto, el Banco que había ostentado un muy buen nivel de rentabilidad, se caía a pedazos. Fue intervenido por la Conarepa (Comisión Nacional de Recuperación del Patrimonio Argentino. El interventor designado por el Ministerio de Justicia, Ismael Soloaga suscribió el 24 de noviembre de 1978, un acta en la que se explaya acerca de la crisis del banco y reconoce la imposibilidad «ordenar la entidad que se hallaba sin capacidad de revitalizar su difícil situación patrimonial». Como parte de esa intervención estuvo el abogado Gregorio Badeni, reconocido exponente de la derecha argentina.

Los secuestrados fueron trasladados a Campo de Mayo. La cobertura «legal» la hicieron los jueces actuantes en ese tema, Rafael Sarmiento y Eduardo Marquardt. Sarmiento, en agosto de 1978, recibió como pruebas todas las declaraciones obtenidas ilegalmente durante el cautiverio.

Pero no fueron solo los directores del Banco los secuestrados, familiares y allegados que nada tenían que ver con la entidad padecieron el mismo sufrimiento.

Jacobo Timmerman, director del diario La Opinión fue interrogado, en medio de torturas, sobre pormenores del Banco de Hurlingham.

Después de cuatro meses intensos, el trabajo de los peritos rindió sus frutos. El 8 de marzo de 1979, el coronel Roualdes envió una nota a Etchebarne felicitándolo por sus hombres. En tono muy elogioso, la misiva ponderaba «la vocación de servicio, el espíritu de trabajo y sacrificio, la idoneidad y el criterio para el uso de ella, el celo y escrupulosidad en todo su actuar que demostraron los funcionarios».

Es que el compromiso de Etchebarne fue tal, que no se limitó a un rol de apuntador, si no que él mismo llevaba a-delante el interrogatorio mientras los secuestrados eran torturados.

En 1979 todos los detenidos ya habían sido traslada-dos a los penales de Villa Devoto y de Caseros. Continuaron durante unos meses las causas judiciales en su contra, por administración fraudulenta.

En setiembre de 1981, el juez Marquardt, sobreseyó definitivamente de la causa por presunto vaciamiento a Juan Claudio Chavanne y otros ex directivos del liquidado Banco; el fallo dejaba en claro que la «formación de la causa no afectaba el buen nombre y honor de los procesados»

Ya en Democracia, a principios de 1986, el Estado Nacional dispuso acordar con el grupo Graiver la restitución de más de nueve millones y medio de australes, cifra que correspondía sólo al Banco de Hurlingham. El Estado llegó a ese acuerdo «para evitar nuevos juicios que generarían más perjuicios al erario».

HURLINGHAM

La causa de esos secuestros y torturas vinculados a la venta del Banco de Hurlingham, volvió a abrirse a raíz de otra causa, que también tuvo a Hurlingham como escenario.

En 2009, comienza el juicio al gendarme Víctor Rei por la apropiación ilegal del hijo de Pedro Sandoval y Liliana Fontana, ambos militantes del Frente Revolucionario 17 de Octubre que se habían conocido en Hurlingham. El hijo de Pedro y Liliana es Alejandro Pedro Sandoval, que había sido apropiado por el gendarme Rei, que también vivió en Hurlingham y recuperó su identidad en 2006. Fue el nieto recuperado N° 84.

En esa causa contra Rei declararon Marcelo Chavanne y Jorge Tejerina (del Grupo Chavanne) y así la investigación judicial por los secuestros de los empresarios relacionados al Banco de Hurlingham, instruida por el juez Daniel Rafecas, se reactivó.

En julio 2013, Etchebarne fue procesado por delitos de lesa humanidad junto a otros tres acusados por el secuestro y tormentos sufridos por directivos y empleados del Grupo Chavanne y la Siderúrgica Grassi. El juez federal Daniel Rafecas consideró que el funcionario civil persiguió a los empresarios como parte de la represión de lo que consideraba la «subversión económica», ya que los acusaban de financiar a Montoneros con la compra del Banco de Hurlingham a la familia Graiver.

Además de a Etchebarne, estaban procesados por Rafecas los otros tres acusados como responsables directos de los crímenes. Dos ya fallecieron: el coronel D’Alessandri (falleció en abril del 2018), el ex gendarme Víctor Rei (que falleció en el 2014), -condenado por la apropiación de Pedro Sandoval-.

Aún sigue vivo y acompañará a Etchebarne en el banquillo de los acusados, el servicio de inteligencia Raúl Antonio Guglielminetti.

Raúl Antonio Guglielminetti es uno de los autores de crímenes de lesa humanidad más conocidos. Se incorporó a la ex SIDE en los años 60, formó parte de la Triple A en los 70, y durante la Dictadura formó parte de los más crueles grupos de tareas. Entre ellos el que conducía el General Roualdes y que secuestró a 28 empresarios (vinculados al Banco de Hurlingham) y los mantuvo cautivos bajo torturas en Campo de Mayo. Guglielminetti, apodado «mayor Guastavino» también cumplió tareas en el Centro Clandestino de Detención “Automotores Orletti” bajo las órdenes de Anibal Gordon. En 1983, ya en Democracia, se recicló como colaborador de Raúl Alfonsín. Una vez descubierto fugó a España. Desde 2006 está preso por varios delitos y en octubre será juzgado por la causa Banco de Hurlingham.

El próximo 25 de octubre, se iniciará el juicio por esta causa. El Tribunal que está a cargo es el Tribunal Oral Federal N° 5 de la Ciudad de Buenos Aires, integrado por los jueces Daniel Horacio Obligado, José Martínez Sobrino y Adriana Palliotti, esta última jueza, vecina de Hurlingham.

Todavía hay algunos ex empleados del Banco de Hurlingham que están esperando cobrar sus indemnizaciones.

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