La culpa es del otro

Luis Acuña

Por Rody Rodríguez ||

Hace poco más de un año, Cristina Kirchner lanzó en un discurso un concepto que después se hizo consigna entre los militantes del Frente para la Victoria. La presidenta aseguró: La Patria es el Otro.

Luego algunos pensadores creyeron necesario analizar que La Patria es el Otro significa que se necesita del otro para hacer la patria. Que sin el otro no hay patria posible.

La idea, tal vez inspirada en el libro “El tiempo y el Otro” del filósofo francés Emmanuel Levinas plantea una ética filosófica en el que “el Otro me es necesario para ser yo. No puedo ser yo sin el Otro”, con lo que la Presidenta propone una democracia generosa, que no ve al otro como enemigo. “Hagamos las cosas por el otro, no contra el otro” sería una posible interpretación.

Cristina lo expresó de este modo: “Si no se quiere al pueblo, si no se quiere al prójimo, es imposible querer a la patria. La patria es el otro, la patria es el prójimo”.

No todos coinciden con esta línea de pensamiento para la política. Hay quienes suponen que el mejor modo de “hacer” política es echarle la culpa al otro. Una mirada y una actitud antagónica. Ese parece ser el caso del intendente Luis Acuña.

En muy breve lapso hay numerosos ejemplos en los que frente a problemas de gestión, el intendente encuentra culpables externos.

“La culpa es del otro” sería en este caso el concepto, -de menor valor filosófico que el inspirado por Levinas-, el elegido reiteradamente por Acuña.

En menos de dos años hay varios casos paradigmáticos: En julio de 2013 un centenar de personas fueron a manifestar en la entrada del municipio reclamando tierras. Como respuesta un grupo matones aparecieron por la parte de atrás del municipio agrediendo a los manifestantes. En la batahola quedaron varios vidrios rotos. El intendente acusó a “los integrantes de Unidos y Organizados y Kolina por la agresión que sufrieran las instalaciones del municipio”. Y denunció que los vecinos que reclamaban viviendas fueron mandados de Moreno y José C. Paz.

Desde hace rato los límites y las entradas a Hurlingham están en muy mal estado. Para el intendente siempre la culpa es de los municipios vecinos, principalmente Morón y/o el gobierno provincial.

Casi risueño fue el caso el mismo día de las elecciones, el 27 de octubre pasado, cuando un periodista de este diario le pidió una reflexión por los 30 años de la Democracia y sorprendió acusando a ese periodista de organizar un escrache en su casa con vecinos que reclamaban por más seguridad.

Lo mismo ocurre con la limpieza. Recurrentemente Luis Acuña señala que le vacían camiones de basura en las calles de Hurlingham provenientes de otros municipios.

Por la inseguridad planteó cuestiones similares. “Los delincuentes no son de Hurlingham, vienen a robar de otros lados, en esto no hay casualidades hay causalidades” aseveró.

Uno de los ejemplos más dramáticos fue en ocasión de darse a conocer las estadísticas de mortalidad infantil, que en Hurlingham son las más altas de la provincia. Con los datos en la mano aseguró que los índices eran otros. “son chicos que viven en Hurlingham pero se mueren en otros distritos, en su mayoría en hospitales provinciales”.

Frente a esa conducta recurrente, no se podía esperar respuesta muy distinta cuando 30 manzanas del barrio Roca quedaron inundadas tras las fuertes lluvias recientes. Pero primero Acuña negó la realidad. Llegó a decir: “cuando se sufre una catástrofe como sufrió la provincia, con tantos damnificados, todos tenemos que trabajar (…) y ver cómo podemos ayudar aquellos que no sufrimos inundaciones”.

Dijo “aquellos que no sufrimos inundaciones” y centenares de vecinos de Hurlingham andaban con el agua por la cintura. Entonces cuando ya la realidad no se podía ocultar encontró un culpable: “los de La Cámpora me abrieron las compuertas del Río Reconquista”.

No se sabe si ese hábito de culpar al otro -expresado siempre con vehemencia-, responde a una paranoia de creer que los demás siempre quieren lo peor para él o es una estrategia de victimización para justificar errores que en casi todos los casos son propios.

Y esto no es observación tendenciosa. Hasta medios de prensa fervientemente antikirchneristas y afines a líderes de la oposición, como es el sitio Urgente24, opinó en una nota del 12 de noviembre, que “Acuña termina demostrando que los problemas que tiene en su municipio… casi siempre son por su propia culpa”.

Tan alarmante es esa especie de síndrome conspirativo que hasta tuvo que encontrar un culpable para justificar su propia candidatura.

Luis Acuña no quiere volver a ser candidato por convicciones políticas, ni ambiciones personales, ni por pasión militante, ni por un incontrolable deseo de perpetuarse en el poder. Acuña reconoció que si Juan Zabaleta (al que siempre se refiere como “personaje”), “sigue transitando el distrito de la manera en que lo hace, y cree que no hay instituciones a respetar, seguramente me voy a presentar porque le voy a ganar, y le voy a ganar mejor de lo que todos se imaginan. Si este personaje no se presenta, porque hasta ahora no ha manifestado querer ser intendente, veré cuál es mi destino”.

En este caso, Acuña sin quererlo, muestra una cara desagradable de la teoría del filósofo Levines. “El Otro me es necesario para ser yo. No puedo ser yo sin el Otro” es el concepto pero no en clave solidaria, si no en la necesidad imperiosa de tener siempre un enemigo al que pueda culpar.

 

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