La Democracia ha llegado a la madurez

Muestra Congreso 30 años de democracia.

Muestra de urnas electorales gigantes que fueron intervenidas por diversos artistas argentinos en el anexo del Congreso por la conmemoración de los 30 años de democracia.

Por Juan Zabaleta

La democracia ha llegado a la madurez de su vida se diría, cumpliendo largamente una mayoría de edad, a treinta años desde aquel lejano y cercano a la vez 30 de octubre de 1983.

Para quienes éramos adolescentes con fervor y pasión militante fue un mágico momento donde todo comenzó a vestirse de libertad, de discusiones ideológicas, de movimientos de obreros, de jubilados, de estudiantes, de mujeres y hombres que se sacaban de encima el peso de tantos años de muerte, de miedo, de disgregación, de torturas y de olvido.

La anestesia de la sangrienta dictadura dio paso, entonces, a un hormigueo incesante de reuniones, de manifestaciones colectivas, de festivales musicales que recordaban que todo era de nuevo y por fin posible.

Los militares de entonces fueron la imagen de quienes habían manchado los uniformes que alguna vez vistieron San Martín y Belgrano, quienes habían usurpado el poder y las instituciones de la República, dejando sus secuelas de horror y de saqueo de nuestra riqueza, destruyendo nuestra cultura social, pisoteando nuestra historia, inoculando el miedo de todos quienes vivimos aquellos años, los más duros de nuestra vida como país y como pueblo.

La Argentina del desprecio por la vida humana, la Argentina de las cárceles clandestinas, de los desaparecidos, de los muertos, de los silencios cómplices y de las madres dolientes de todo dolor, había encontrado un camino, una luz al final del largo y oscuro túnel de esos años que quisiéramos no haber vivido nunca.

Todos fuimos imbuidos de un sentido, de un horizonte, de un pincel para pintar en las paredes las consignas de nuestros partidos políticos, de todos nuestros movimientos de mujeres y hombres que elegían de nuevo a sus dirigentes, que marchaban de pie con la frente en alto y barrían a fuerza de militancia todo el andamiaje autoritario.

El peronismo, nuestra expresión política desde siempre, vivió aquellas elecciones como un aprendizaje de sus errores pasados, pero con el ánimo de construcción de un nuevo país, que de la mano de Raúl Alfonsín comenzó un camino de libertad que aún perdura.

A 30 años de aquel momento, este momento, a 30 de aquel tiempo de esperanza esta nueva esperanza, a 30 años de aquel país este país, cuyos sueños siguen siendo los mismos, pero con muchas más concreciones y certezas que nos toca protagonizar, como ciudadanos, como argentinos, como mujeres y hombres de la democracia.

Muchas cosas pasaron, juicios ejemplares a las cúpulas de la dictadura, el olvido desenterrado en el nombre de tantos hijos y nietos que de la mano de abuelas y madres tienen hoy identidad probada, elecciones libres y democráticas, aciertos y desaciertos, la economía puesta en marcha de nuevo, con los serios intentos de los 90 de volver a aquella economía de la dictadura: pocos para mucho, muchos para tan poco.

Aprendimos de nuevo lo que es vivir en un país del sur del mundo y juntarnos con los otros países del sur, para que seamos los propietarios de nuestras humildades y grandezas como países, como territorios, como promotores de los derechos que hagan posible la justicia social, la dignidad colectiva y la independencia política primero y económica después.

Mucho tuvo que ver, en estos 30 años hombres como Néstor Kirchner, que supo desentrañar, más allá de su pertenencia al peronismo, que el pueblo es mucho más que una construcción partidaria, es una identidad política a la que hay que darle contenido de país y dignidad de Patria.

Entre todos los homenajes dos me parecen trascendentes en estos 30 años: a nuestras mujeres y hombres y jóvenes y mayores que aprendieron que la democracia no es revancha sino amor y a Néstor Kirchner, que encarnó junto a Cristina el paradigma de los líderes que cristalizan, por fin, los sueños colectivos.

 

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