La encrucijada del endeudamiento

DYN232, BUENOS AIRES,18/11/2015, 04/10/2011, MAURICIO MACRI Y EL EX PRESIDENTE FERNANDO DE LA RUA, EN LA INAUGURACION DE LA ESTACION PARQUE PATRICIOS EN CASEROS Y LA RIOJA, DE LA LINEA DE SUBTES H. FOTO:ARCHIVO DYN/LILIANA SERVENTE.

Foto de DyN

Por Enrique Octavio Mujica

Hace pocos días hubo tres noticias que se invisibilizaron. La primera es que el blanqueo de capitales fue un fracaso. Se obtuvieron en efectivo u$s 4.600 millones de dólares. El Gobierno dijo que si no llegaban a los 25 mil era un fracaso. Y fue un fracaso en el marco de un Gobierno de un presidente y mitad de su gabinete con cuentas en paraísos fiscales, con el fin de evadir impuestos y lavar ganancias. Por el otro lado, el Banco Central confirmó que nos endeudamos por 50.000 millones de dólares y por unos 6.500 millones de euros, dinero con el que no se financia ninguna obra. Y la tercera noticia, es que se autorizó al Gobierno en el presupuesto aprobado en Diputados a endeudarse por 100.000 millones de dólares en 2017. Como se ve, el endeudamiento serial traerá las consecuencias que todos conocemos. Así la crisis 2001/02 se acorta en el tiempo. Aunque debe aclararse que la crisis de deuda del ex presidente Fernando De la Rúa fue por 200.000 millones de dólares. La gran diferencia es que tenía un PBI que era la mitad del que dejó Néstor Kirchner y Cristina Fernández a Macri y el desendeudamiento externo por todos conocidos (quita de la deuda externa del 65% sobre el total del monto adeudado; la quita fue aceptada por el 92% de los tenedores de deuda entre los canjes de 2005 y 2010).

Esto quiere decir que en 2017 vamos a tener una deuda que roce los 200.000 millones de dólares, pero no la crisis que llevó a la caída de De la Rúa. Sí está claro que estaremos mucho peor que en diciembre de 2015.

A modo de resumen, se podría agregar que el endeudamiento con fines monetarios y financieros conlleva una serie de problemas que deterioran la cuestión de la producción, el trabajo, la inversión pública (salud, educación, obra pública, entre otros temas), que a la larga deterioran la calidad de vida de la gente y de la democracia.

Todo estos dólares fueron lisa y llanamente para pagar a los fondos buitres, solventar la fugas de capitales, que en estos ocho meses fue la más alta de los últimos quince años, y solventar la incipiente libre importación de productos manufacturados que más temprano o más tarde terminará destruyendo determinados tejidos productivos y el consecuente aumento de la desocupación.

La Argentina tiene deuda en dólares, pero su moneda es el peso. Para obtener dólares y honrar deuda más intereses debe generarlos con exportación. Pero los mercados no compran como antes, debido a la desaceleración de la economía mundial como así también del proteccionismo reinante en los principales mercados. A esto se le suma la baja de precios internacionales de los commodities (complejo cerealero y ganadero), lo cual una buena cosecha ya no salva a un país de 45 millones de habitantes.

Estos dólares faltantes se buscarán (como lo está haciendo el Gobierno) con más deuda. Y ese endeudamiento traerá condicionamientos en la política económica, que primero empieza con ajustes en la inversión social y productiva, y luego se continúa con la privatización de empresas estratégicas que hoy están en manos del Estado.

Lo que se ve claramente, es que la actual política económica sólo beneficia a sectores concentrados del agro y algunas manufacturas, como así también al sistema financiero. Está claro que soslaya a los sectores productivos que viven del mercado interno y son los generadores por excelencia de puestos de trabajo. En paralelo, avanza una libre importación que lejos de solucionar la recesión que se vive desde hace cinco meses, la profundiza.

Si la economía de los años ’90 había quedado como una foto de color sepia, el nuevo Gobierno lentamente la reflota con vivos colores. Algunos ya saben la tristeza de esos años para muchos y la alegría para pocos. La cuestión es ver cómo se frena esta situación (endeudamiento, recesión, achicamiento del sector productivo) para no perder más de lo que ya se perdió en estos once meses de Gobierno. En el mientras tanto, se deben elaborar acuerdos programáticos con todos aquellos sectores que enarbolan que la economía debe estar a favor de la producción y el trabajo y no en la rentabilidad del sector financiero y en los grupos más concentrados.

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