La unión no siempre hace la fuerza. A 20 años de la creación de la Alianza.

Por MARCELO FELIX SOLÍS.

Una de las no tan gratas sorpresas de finales del siglo pasado en nuestro país, ha sido la aparición en escena de la Alianza para el Trabajo la Justicia y la Educación. Con resultados inmediatos y sorprendentes (hasta poner en jaque al Peronismo), la fusión radical-frepasista auguró nuevos aires a la democracia todavía joven. 1997, en Argentina ha sido para bien y mal, el año de la fractura.

 

 

Alianza: Reunión o relación de ayuda recíproca entre países, gobiernos y distintos colectivos humanos o personas.

«Y si nos dicen que no, ¿cómo quedamos?, ¿cómo deja al radicalismo una negativa?», irrumpió el Ex Presidente Raúl Alfonsín en la previa al acuerdo.

En su primera reacción Carlos Chacho Alvarez rechaza la propuesta, Graciela Fernández Meijide prefirió la mesura a la decisión intempestiva; por su parte, en el radicalismo porteño la incertidumbre generaba desconfianza interna entre pactistas y antiacuerdo, o entre alfonsinistas y el resto.

Según la propia y acertada definición del Dr. Amancio Vázquez en su ponencia… «La Alianza, Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación, puede clasificarse como una coalición política gubernamental pre electoral. Es gubernamental porque las fuerzas que la compusieron (el partido político argentino UCR y el frente partidario argentino Frepaso) integraron de manera conjunta un mismo gobierno, en este caso el gobierno nacional y es pre el electoral porque la alianza se selló antes de las elecciones…»

Punto de inflexión, fin de ciclo o continuidad de fiesta; lo real es que las elecciones legislativas de 1997 coincidieron no solo con el siempre remanido cónclave entre un oficialismo autista, oposición y, sobre todo, la sociedad y su humor catártico; decisivo a la hora de una nueva representación. La mesa siempre lista, a partir de la democrática revancha que se ejecuta, en nuestro país, cada dos años.

La Alianza quedaría constituida en una reunión de «mesa chica», que se realizó en la casa de Federico Polak, el sábado 2 de agosto de 1997. La base de idea fuerza o acuerdo núcleo era la de conformar una conjunción entre la UCR y el Frepaso, que se presentarían en forma conjunta a las elecciones parlamentarias que se llevarían adelante el mes de octubre del mismo año. Nocturnas y apuradas, la mayoría de las ideas paridas desde esa premura, no tienen final consagratorio.

Listas distritales acordes con la relación de fuerzas en cada distrito y la consecuente interna a realizarse durante 1998, para dirimir la fórmula presidencial de 1999… Casi un proceso de descapitalización frepasista, y un volver a vivir del radicalismo que venía de realizar la peor elección de su historia centenaria.

El curador oficial del documento fundacional fue Dante Caputo, ex canciller alfonsinista reconvertido a hombre fuerte del frepasismo. Más tarde, a partir de la presentación ante la Justicia Electoral de la «Carta Constitutiva de la Alianza», podemos señalar al 26 de agosto de 1997 como la verdadera señal de largada de la carrera democrática y de corto trayecto de la Alianza para el Trabajo la Justicia y la Educación.

Para conducir la agrupación de los partidos se estableció un grupo de cinco personalidades: Graciela Fernández Meijide (Frepaso – futura candidata a Gobernadora de Buenos Aires, Carlos «Chacho» Álvarez (Frepaso – futuro Vicepresidente «fugitivo»), Rodolfo Terragno (UCR–Teórico y Generador de Ideas), Fernando de la Rúa (UCR – futuro Presidente «renunciante»), y Raúl Alfonsín (UCR – ex Presidente).

La conformación de los espacios distritales se vio dificultada por la desconfianza que unos y otros se tenían al saberse enemigos permanentes, aliados ocasionales. No ha sido el amor lo que los ha juntado.

Lo que la organización no pudo, lo consiguió el mal humor social. Con aires de renovación enquistadas en las calles, la desazón que generaba la dañina interna peronista, Carlos Menem vs Eduardo Duhalde, fueron campo propicio para el desarrollo conceptual y proyectual del nuevo espacio. Los medios de comunicación se encontraron, además, con una imagen ganchera, fresca y de ideas fáciles de digerir, con un leve tono progresista en el discurso y con una impronta de derecha edulcorada que, más temprano que tarde, sacaría a relucir garras y torpezas.

Cómo en el fútbol, los buenos resultados que empujan a la victoria, disimularon grietas insalvables en la interna y acallaron a dirigentes de diferentes niveles que veían como las decisiones no se tomaban de manera horizontal y mientras la fiesta dure, equipo que gana… no se toca.

Las elecciones del 26 de octubre de 1997, vieron el paso arrasador de la nueva realeza de la política nacional. Chacho Alvarez se quedó con el triunfo en la Ciudad de Buenos Aires, y una inesperada y holgada victoria en Buenos Aires de Graciela Fernández Meijide sobre Hilda Chiche Duhalde serían los antecedentes de lo que vendría apenas dos años después, hasta entonces ALIANZA: 1… Duhalde: 0.

Lo demás, tristemente se veía venir… y se vino.

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