Un nuevo y escandaloso giro en el caso Candela

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Por Alejandra Ortiz.

En el Juicio Oral una testigo de identidad reservada comenzó declarando contra uno de los imputados, Leonardo Jara pero se contradijo varias veces. Ante una advertencia del presidente del tribunal, Diego Bonano, la testigo se frenó y dijo: “Voy a contar la verdad”

Una enorme sensación de incredulidad es la que sentimos no sólo, los que por nuestro trabajo cubrimos hace años los detalles, avances y retrocesos, giros y novedades respecto del caso de Candela Sol Rodríguez, sino muchas personas más.

Es un sentimiento que nos une a los vecinos, a sus compañeros del colegio, a los investigadores y hasta a los indiferentes, a aquellos a los que poco les importa lo que le pasa al otro, pero, que durante años, al abrir los diarios se encontraron con un titular que incluía el nombre de «Candela» y ahora, al abrirlo se dan cuenta de una sola cosa: no se puede creer en nada.

Es que la idea del «entramado policial» se confirmó en los últimos días con una serie de escenas sucesivas, que bien podrían haber sido parte de un buen guion cinematográfico de una saga judicial, de esas escritas por Tom Clancy donde los hechos sangrientos se mezclan con la corrupción política y de las fuerzas de seguridad.

Porque  María M, la testigo de identidad reservada que al iniciarse el juicio había señalado a Leonardo Jara como el responsable del secuestro de la niña, en jornadas posteriores comenzó a contradecirse, a dudar para- luego de un llamado de atención del presidente del Tribunal, Diego Bonano-  terminara cayendo en un prolongado y sugestivo silencio o quizás una profunda reflexión personal que la llevó a finalmente pronunciar cinco palabras proféticas: «Voy a contar la verdad»- lo que da, por supuesto, que todo lo que venía diciendo hasta el momento, eran mentiras.

Y las fichas que María M tiró sobre la mesa fueron más bien dardos que dieron en el blanco en los policías de la Brigada de La Matanza y los posicionaron en el ránking de los más corruptos y maquiavélicos. Fueron ellos, según la testigo quienes, bajo amenaza de meter preso a su hermano- que tenía un pedido de captura- los obligaron a darles un nombre- cualquiera- para  acusarlo por el secuestro y asesinato de la menor. Ellos casi, por instinto de supervivencia, ante esa extorsión, pensaron en Jara, ya que lo conocían por haber participado en un ilícito.

Es que los policías ya tenían la explicación armada y necesitaban pruebas, testigos, y culpables. Para ellos la teoría que había que seguir a rajatabla sobre la muerte de Candela era la de una venganza contra su padre, preso por piratería del asfalto. El problema es que no había nada que relacionara a los que hoy están siendo juzgados con el padre de la niña, ni llamadas, ni encuentros, ni ilícitos cometidos juntos. Lo único que podía relacionarlo era esa grabación telefónica que se le adjudicó a Jara y que recibió Carola Labrador que dice: «Ahora sí que nunca más vas a encontrar a tu hija. Jamás la vas a encontrar. Te lo aseguro, hasta que esa conchuda devuelva la guita, no la van a ver más. Que le pregunte al marido dónde dejó la guita».

Todos sabemos que los detenidos, y más aquellos a los que se les acusa de crímenes de sangre, en su mayoría niegan por todos los medios ser los autores de los hechos. Jara no es la excepción, en persona o a través de su abogado siempre dijo ser un «perejil» y que la causa estaba totalmente armada. Ayuda, en su favor que nunca fue muy tajante su participación ya que los peritajes de voz tuvieron sus irregularidades. El primero realizado por Gendarmería fue negativo.

En ese momento los especialistas dijeron que era «imposible «determinar» de quién era la voz. Luego un segundo análisis por parte de la misma fuerza de Seguridad  dio sorpresivamente  como positivo de que trataba de la voz de Jara  pero más tarde la Policía Federal realizó un tercer estudio dictaminando, al igual que el primer análisis, que era imposible llegar a una conclusión porque la llamada era muy breve, de apenas 11 segundos.

Ahora los jueces Raquel Lafourcade, Mariela Moralejo y Diego Bonano deberán decidir cómo sigue el juicio o, mejor dicho, si el juicio puede continuar ante la evidencia del armado policial, la coacción a testigos, la extorsión y la mentira.

Paralelamente tienen más de un par de nombres que aportó la testigo no sólo de policías sino también de funcionarios judiciales como para iniciar varias causas nuevas relacionadas con el intento de cerrar el caso a toda costa.

Todo parece indicar que esa fuerte necesidad de resolver el hecho vinculándolo con la «piratería del asfalto» y con el padre de Candela- que estaba preso hacía más de un año y medio-, no hace más que abonar la teoría de que el secuestro y asesinato fue, como muchos opinan, resultado de un «ajuste de cuentas» por algo más grande, por la guerra explícita de dos bandas de Narcos de San Martín protegidos por la Bonaerense.

Mientras tanto la sensación sigue siendo la misma, todo lo que se diga genera desconfianza, sospecha y lamentablemente, sobre todo, desesperanza de que Candela, esa niña a la que le vulneraron todos sus derechos, pueda, al menos tener algún día el mínimo privilegio de poder descansar en paz.

 

 

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1 respuesta

  1. Carlos Bocca dice:

    Quería saber si saben si es verdad que el radicalismo está armando lista propia para las PASO para enfrentar a Lucas Delfino?

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