Opinión: El veneno de la derecha y la cura popular

 

Por Gustavo.Zapata | Secretario General CTA Morón-Hurlingham-Ituzaingó.

En estos días en que se hunde el Titanic de la política del gerente presidencial, luego de apuntar directo al iceberg del endeudamiento y el desguace de todas las políticas industriales, sociales y laborales, crecen las operaciones. Una de ellas, insidiosa y para la que muchos incautos (Goebbels ya probó que se pueden generar mayorías artificiales) es la de condenar a todos los políticos por corruptos e incapaces. Si el gerente evasor y el hada privatista no tienen aprobación, entonces que no la tenga nadie.
En primer lugar, las y los políticos que se postulan no vienen de otro planeta o país, sino que representan racimos de sectores e intereses sociales bien concretos, incluso cuando se dediquen toda la vida a la tarea. Son la expresión, grotescos en algunos casos carriolescos o más dignos en otros de la cultura de construcción de poder y gestión de lo público de los distintos sedimentos históricos de nuestro propio pueblo. Educados en dictaduras y conflictos sociales, criados durante la fragmentación social y política del menemismo, del todo por un dólar del capitalismo de este siglo, son lo que sobresale y se ve de una cultura donde ancianas llenas de lujos almuerzan para millones que ayunan y platinadas que se burlan de todo venden rifas por televisión, mientras otro grita y muestra lindas pibas para vender cualquier cosa que se cuadre. 
En segundo, parece que fue hace un siglo que una mujer con alta formación política explicaba con detalle y de memoria el paso a paso del industrialismo, de los derechos que cada día crecían y de los recursos de un estado distribuidos para el disfrute de las mayorías (y de las minorías, aunque jamás lo reconozcan). Quedaron cuentas por saldar, pero lo innegable era un país donde los estudiantes tenían notebooks y libros, los sueldos subían y los fines de semana no conseguías una mesa para cenar afuera, quedaron en un culposo olvido. 
Los estafadores con carnet nos convencieron que todo eso no lo merecíamos, que no podía ser que los servicios fueran baratos, que todo era una ilusión para sostener el robo de un PBI por el equipo gobernante. Luego nos convencieron que un conocido contrabandista y evasor, de familia de mafiosos, era capaz de mejorar y no robar una vez en el gobierno. Nos llenaron de mentiras (que no todos tragaron, es cierto) que volvían a decir “salariazo” y “revolución productiva” con frases de propaganda de detergentes. 
Ahora los mismos que pagan en dolorosas cuotas lo que compraron hace dos años y medio, renuevan sus ilusiones culpando a toda la política de los males que adquirieron gustosos. “Todos los políticos son iguales”, rezan cada día para desconocer como buenos analfabetos políticos, que hay quienes luchan y dan la vida por los trabajadores y el pueblo, entremezclados por culpa de los infelices con DNI, junto a malandras y canallas de todo pelaje y lengua larga. 
Es cierto que los medios masivos/empresarios socios activos de los especuladores, explotadores y delincuentes financieros y agrarios, bombardean sin descanso la mente abollada de los que aplauden linchamientos, odian sin comprender y votan como compran.
Se hace necesario rescatar a los que no tienen miedo porque no tienen precio. Podría llenar páginas y páginas de nombres e historias de estos ejemplos de sindicalistas, presidentes de sociedades de fomento, clubes de barrio, de cooperadoras escolares, concejales, diputados y senadores, presidenta (bueno en este caso sólo conozco en detalle, un caso) de personas dedicadas a transformar y mejorar la vida de sus conciudadanas/os, compañeras/os, vecinas/os. Pero seguro que usted mismo conoce alguno y completaría largamente esa lista. No hace falta mucho esfuerzo para reconocer que muchos de los elegidos actualmente merecen barrotes y no cargos públicos bien rentados.
Pero hace falta coraje y decencia para reconocer a las y los dignos, honrados y luchadores que hoy convocan plazas y se pronuncian por la recuperación de ese camino de crecimiento con inclusión que extraviamos en diciembre del 2015.

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