Pedro Chiche Di Nápoli: Pelotari del Club Defensores, campeón mundial y orgullo de Hurlingham

En 1955, Pedro Chiche Di Nápoli se consagró campeón del mundo en Pelota a Paleta. Un acontecimiento que llenó de alegría a sus compañeros del Club Defensores de Hurlingham y a los vecinos que siempre le tributaron un cariño especial. 

Por Rody Rodríguez.

Sin redes sociales, con escasa repercusión en medios periodísticos nacionales, la noticia de que Pedro Chiche Di Nápoli se había consagrado campeón del mundo en Pelota a Paleta, no tuvo la trascendencia merecida. Eso sí, hubo un muy concurrido asado organizado en el Club Defensores. Así se homenajeó al hijo pródigo del club, uno de los personajes más queridos de Hurlingham.

Pedro Di Nápoli nació en Rojas, en la provincia de Buenos Aires, el 21 de abril de 1921. Criado en Carabelas, una localidad cercana a Junín. De pibe empezó a frecuentar frontones. Su papá era el «canchero» en uno de los clubes donde se practicaba pelota a paleta. Empezó mirando, luego paleteando y ya a los 15 años se insinuaba lo que tiempo después fue: un extraordinario «pelotari».

A los 17 llegó a Hurlingham, donde ya vivían algunos familiares. La única cancha del pueblo era la del Club Defensores y allí se «instaló» Chiche, destacándose día a día en un deporte  derivado del que trajeron los vascos al Río de la Plata a fines del siglo XVIII. Este juego de pelota y paleta en frontón es una modalidad argentina del popular-mente conocido como «pelota vasca» que tomó fuerte arraigo en toda la región.

El juego se hizo muy popular y no había pueblo del interior que no contara con una o más canchas, y hasta algunos «boliches» al costado del camino contaban con un frontón, donde se jugaban grandes apuestas. Hasta las estancias solían tener un frontón contra la pared de algún galpón. El tipo y diseño de las canchas es variado, por que inicialmente se adaptó a las circunstancias y posibilidades de cada lugar. Chiche Di Nápoli se destacaba en las «canchas abiertas» con un frontón, pared larga a la zurda y derecha corta, en general «sin rebote», aunque estas características tenían variantes.

También estaban las «canchas cerradas» se denominan «trinquete», con frontón, pared larga a la derecha y «share» con reja y balcón a la izquierda, y rebote atrás.

En la década del 40 Di Nápoli participó en campeonatos de la Unión Argentina, y fue tan bueno su desempeño, y el de otros jugadores de Hurlingham, que Boca Junios se los pidió a préstamo. Y es así como Chiche, junto a Perico y Armando Ciocci jugaron para el club de la ribera.

Al poco tiempo el Club Defensores decidió ampliar la cancha para que Chiche vuelva a brillar en el pueblo. Jugando para el club albiverde ganó en tres oportunidades la «Copa Romeo Baliani», uno de los torneos tradicionales de la Unión Argentina. En dos ocasiones lo hizo compitiendo en pareja con Juan Fittipaldi y otra con Jorge Blasi. También ganó la Copa Eva Perón y en 1955 ganó el Torneo Argentino, disputado en Mar del Plata con Pedro Carosella de compañero. Inmediatamente después fue designado para representar al equipo argentino para disputar el Mundial de Pelota a Paleta en cancha abierta que tuvo como escenario a la ciudad de Montevideo, en Uruguay. Los otros dos seleccionados fueron Leonel Descouit y Adrián Abadía. Compitieron y ganaron contra los equipos de Méjico, Francia, España y Uruguay.

Luego siguieron los triunfos: en 1957 fue campeón sudamericano (individual) y en pareja con Eliseo López. Otra vez campeón sudamericano en el torneo jugado en Chile en 1958.

En 1977 decidió retirarse. Tenía 56 años. Pocos años después, en 1981, entrevistado por Juan Carlos Recagno para el periódico Nuestra Ciudad (que dirigían Eduardo Miño y Osvaldo Grosso), Chiche explicó su retiro: «Fui perdiendo estado. No me habituaba a jugar suave. Este es un deporte que requiere un buen estado físico. Para jugar a un nivel superior hay que estar muy bien entrenado, los partidos son muy duros, los tantos muy peleados y para llegar entero al final, cuando los partidos son muy disputados hay que tener buen resto».

Para Recagno, Chiche Di Nápoli era «una máquina de devolver pelotas. Brazos parejos, manos formidables, gran ubicación en la cancha. Con su paso cortito, parecía imposible que llegara a levantar pelotas difíciles. Estaba dotado de las grandes condiciones que solo lucen los privilegiados».

A poco de retirarse Di Nápoli intentó dedicarse a la enseñanza de ese deporte que tantas satisfacciones le había generado. «Me quedé en el intento» dijo en ese reportaje del año 1981 y tuvo una mirada un tanto pesimista sobre el futuro de la actividad. «El presente es bastante flojo. No hay valores y para el futuro… Dios dirá. Se requiere vocación y entusiasmo. No es fácil aprender. De afuera parece todo posible. Dentro de la cancha a veces ni se dan cuenta que se les ‘agujereó’ la paleta».

El 5 de octubre 1996 cuando el Club Defensores cumplió 75 años, su entonces presidente Eduardo Oyarzú organizó un festejo con cena show y entrega de medallas a sus socios más destacados. Esa noche el mayor reconocimiento fue para Pedro Di Nápoli, que había nacido el  mismo año que el club.

Las casi 300 personas presentes aplaudieron varios minutos de pié a ese hombre de estatura baja, de andar pausado, siempre sereno, que agradeció con notable modestia el afecto de sus vecinos y la distinción de un club del que siempre fue parte.

Nadie podía presumir que ese homenaje, tal vez el más importante de su trayectoria, había sido el último. Y que la celebración fue en verdad, una despedida.

Es que pocos días después, el 14 de octubre de 1996, a los 75 años, Pedro Chiche Di Nápoli falleció en Hurlingham, la ciudad que adoptó como propia.

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