Recital del Indio en Olavarría: El fanatismo más triste del mundo

solari

 

Por Augusto Erbín.

El recital del Indio Solari en Olavarría, dos muertos, acusaciones cruzadas, responsables e irresponsables y culpas compartidas.

Lo que se vivió en Olavarría es parte de la desidia total de varios actores corresponsables de lo que ocurrió: El artista, el Estado, la organización, la gente que asiste al espectáculo. Las responsabilidades son siempre compartidas. No es de un solo actor. Esto en un gran entorno de una profunda informalidad por donde se lo vea.

Todo lo que rodea los recitales del Indio, tiene altos niveles de informalidad, desde los que sucede fuera del recital: venta de comida, bebidas, combis y colectivos truchos. Pero también hay informalidad en la organización, de lo teóricamente «controlable»: cantidad de médicos, seguridad sin cacheos, accesos de ingreso y salida con ausencia de señalización, del cuidado del público, la elección de los predios, sin cortes de entrada, etc.

Este fenómeno mueve toda la economía formal e informal de una región, no sólo de una ciudad. Recuerdo el recital de Gualeguaychú con todos los alojamientos de ciudades aledañas con ocupación completa. Me quedé en Colón a 100km, saturado, e inclusive hubieron hospedados en Uruguay.

La experiencia fue un fenómeno sin igual. Por lo grande de todo. Una multitud incontrolable. Viví el peor recital de mi vida (a nivel sonido, show, organización, etc.), pero además me dejó una extraña sensación de incertidumbre y de estar librados a la suerte de cada uno. La desidia estaba presente en toda la experiencia vivida en el show del Indio. Es un ejemplo de desborde permanente, de casi todo. Y de lo frágil de todo; lo «atado con alambre» del fenómeno. Pensé: «acá todo lo que uno piensa que puede pasar mal, realmente puede pasar». Con tan sólo una pequeña «chispa» que pueda «desbandar» el ilusorio «caos organizado» del que se hacen eco los fans de las misas ricoteras.

Responsables hay varios. La productora de los Peuscovich, e inmediatamente la Justicia, por permitirles continuar con sus shows masivos tras el muerto en el recital de La Renga en 2011. Se murió un flaco después de días agonizando por recibir el impacto de una bengala. No pasó nada. Pero vale aclarar, que todo lo que pasa por la productora pasa por el Indio Solari, y su mánager, el ex Plus, Julio Sáez.

Todo lo que uno imagina que podría estar mal, está mal. Incluso dentro del predio. Ahí se observa venta de cerveza a cargo de «los organizadores» y la venta orgánica de droga a través de dealers dentro del predio como en la música electrónica). ¿Acaso el Indio es ajeno a los negocios perfectamente montados dentro del predio donde él tiene todo controlado? Y no tiene que ver con fumar un porro. Voy al negocio tan bien montado dentro. Nada de lo que ocurre dentro del predio se le escapa a los organizadores.

Muchos de los actores mienten. El Indio también miente cuando dice que en sus recitales la convocatoria es tan masiva que siempre hay los que vienen sin entrada, y que no puede evitarlo. Pero hay responsabilidad directa en el manejo de las masas que convoca. La gente se manda sin entrada porque sabe que se abren las puertas gratis. Esa política del Indio viene desde la época de los Redondos. Estás generando el marco y definiendo las reglas.

Empecemos a dejar las ideas románticas de artistas que venden falsamente ideologías que no practican. Es fácil instalar slogans simplistas y vacíos como «la música no mata», «el rock no mata». La música no es sólo la composición musical, es todo lo que rodea; es el entorno, es la gente que te sigue, es el show que armás, es lo que dice (o no) el artista, es el mensaje, es lo que generás alrededor de tus fans.

En el ambiente del rock, y la música, hay cosas que están mal hechas, mal organizadas y generan muertes. Si no lo admitimos estamos cagándonos en los muertos de este y otros recitales.

Dejemos la defensa a ultranza del artista, que pareciera siempre intocable. Es más fácil señalar al resto de los responsables como los únicos: sea Gobierno, policía, etc. Son responsables, pero hay otros que se suelen evitar en nombre del fanatismo.

Y hay responsabilidad en la gente manifestada en la falta de solidaridad. Porque si seguimos viendo pibes entrando con bengalas en un recital es porque no aprendimos nada de lo que pasó, y porque no nos importan los muertos.

Hay una responsabilidad del Estado; gigante. En este caso en Gobierno de turno y su Intendente Ezequiel Galli. Lo sabía, lo dijo antes del recital. Pero después está la falta de respuesta tras la tragedia, que empeora todo. A Galli deberían destituirlo. No hay otra cosa que el juicio político para él. El municipio garante de la seguridad de un evento de estas dimensiones. Y debe ser garante de los controles y de la asistencia ante este desenlace. Tampoco se pueden desentender los otros poderes: el Concejo Deliberante y la Justicia. Los concejales opositores se preocuparon más por nombrar al Indio ciudadano ilustre de la ciudad que en abordar la seguridad de los asistentes. Y acaso la jueza María Hilda Galdós, que aceptó que a Galli como fiador en el contrato, ¿no tenía nada para decir?

Todo lo que sucedió tras el trágico recital es triste. Los medios que dan vergüenza, y sólo buscaban el número de muertos, casi deseando que aumenten, mintieron y dijeron cosas sin confirmar fuentes ni datos. Ninguna sorpresa.

También la comunicación del Indio. No les habló a las familias de los muertos, no se solidarizó, ni nada. Buscó a quién atacar y acusó a los medios de «vender pescado podrido». Hablaron de varios muertos con una pasmosa seguridad sin confirmar fuentes ni datos. ¿Es todo lo que tenías para decir? Siempre utilizando el recurso del «rumor» para comunicar todo, con un halo de intriga y misterio. Desde el anuncio de una nueva misa, hasta lo que se dijo después. ¿Hace falta seguir con ese marketing tras la tragedia? Porque el Indio hace marketing, para los que piensan que no. Lo hace en otros términos, lenguaje y canales, con el uso de técnicas poco convencionales. Se le llama «Marketing de Guerrilla». Pasa el tiempo y no pasa nada, no aprendemos nada y no cambiamos nada. El fanatismo nos enceguece de hacer autocríticas y de ver las claras responsabilidades compartidas. Por más que le toque también su parte a un personaje público querido por muchos.

Cada vez hay más fanáticos de la cultura del aguante que se disemina por todos los ámbitos. Y siempre hay que recordar que el fanatismo corrompe lo más esencial del ser humano: la capacidad de poder razonar.

 

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