Rodolfo y el torbellino de peones, letra viva y fusilados

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Por Marcelo Felix Solís

Apertura: En ajedrez se denomina apertura a la fase inicial del juego, en la que se procede a desarrollar las piezas desde sus posiciones iniciales. (Wikipedia, 2017)

Gringo irlandés, rionegrino, bilingüe, de educación religiosa, curioso, lector insaciable, inmenso acomodador de verbos… Bien podrían ser estas palabras mal alineadas la síntesis argumentativa de una vida de novela.

Aquel miope callado de los primeros años, venido de Choele Choel, bautizado Rodolfo Jorge Walsh y que fuera enviado a Buenos Aires a cumplir su secundario como pupilo de un colegio religioso de su misma ascendencia paterna, viejo instituto/hogar sombrío, que ha servido de escenografía silenciosa para su encuentro personal con quien sería… allí, en la soledad de sus días, encontró el espacio para despertar de su letargo patagónico.

Demasiado tiempo y demasiados libros suelen conformar la alquimia perfecta. Esta no sería la excepción a la regla de los demasiados.

Fue también en el Instituto Fahi de Moreno, donde profundizaría su pasión por otro de sus amores incondicionales que lo acompañará toda su vida: el ajedrez. Aquel tradicional juego de estrategias en ataques y defensas que podríamos utilizar como metáfora del medio siglo que alcanzaría en vida y su continuidad en la memoria imperecedera.

Entrado en sus veinte, la Universidad de La Plata en su intento por avivar el fuego en la Carrera de Letras y El Club de Ajedrez Platense van a reconvertirse en sus refugios predilectos y, aunque el segundo destronaría prontamente al primero, ambos darían al interior del guerrero la impronta técnica y la paciencia de araña para cautivar a los demás, tengan éstos ganas o no de acompañar su viaje de exploración permanente.

Defensa India de Rey: es agresiva, algunas veces arriesgada y generalmente indica que el negro no estará satisfecho con unas tablas. No busca el empate (Ley Tácita del Ajedrez)

Fue en un bar de la Ciudad de La Plata, donde en plena disputa de una partida ajedrecística, escuchó una frase que cambiaría su vida para siempre: «Hay un fusilado que vive». A partir de allí, su propio momento de no retorno: arderá en su espíritu y sus ganas la inquebrantable pasión por la verdad.

Corría 1957, cuando a partir de la investigación y la ayuda en el trabajo de la periodista Enriqueta Muñiz; Mr. Walsh chocará contra el más infame espacio de intrigas generada por el Estado: un entramado de muertes ordenadas por jerarcas, torturas, fusilamientos civiles y militares, basurales más sucios que nunca, el silencio inapelable de la justicia cómplice y familias sobrevivientes con demasiado tiempo amenazado como para tratar de generar una nueva historia trágica.

Inmerso en su propio laberinto, Rodolfo comenzó a trazar la senda que cambiaría el contar del periodismo para siempre. Desde su estilo inició un nuevo paradigma el periodismo serán hechos, el relato será vívido, el compromiso de involucrarse abandonará lo meramente retórico y hasta modificará su designación adquiriendo un alter ego clandestino: Francisco Freyre, islero de Tigre.

«Operación Masacre», el resultado de esa búsqueda no aleatoria de la verdad, será quizás el sello literario más trascendental de Walsh y su legado ya que, sin olvidar otras maravillosas muestras propias de este Nuevo Periodismo que inauguraba Rodolfo, dio a conocer a la opinión pública un episodio nefasto del insolvente desprecio por la vida de quienes autoproclamaban ser la reserva moral de la Patria.

«Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar y casi ni enterarse.» (R. Walsh)

Finalmente, «Operación Masacre» sería publicada entre Enero y Marzo de 1957, episodios que vieron la luz en el Periódico »Revolución Nacional». En Diciembre del mismo año, y bajo el sello de Ediciones Sigla, la primer edición del libro, que no será el texto definitivo y que en sucesivas reediciones, Rodolfo ampliará algunos datos y hasta, en 1964, a través de Editorial Continental anexará el «expediente Livraga», sobre el testimonio de Juan Carlos Livraga, alias «el fusilado que vive»; piedra basal de la obra.

Rodolfo, noventa años de que vieras la luz… sesenta de conocer tu pasión por la verdad… y cuatro décadas de no saber de vos… O si? Quién mejor que vos para saber que a los que se los lleva el fuego, la memoria los devuelve torbellino.

 

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