Graciela Carpintero: «Mi sueño ya está cumplido, pero uno siempre va por más»

Con más de 50 años de trayectoria, Graciela Carpintero es una de las exponentes de la danza mas reconocidas de Hurlingham. En su ya tradicional Escuela de Arte se formaron, por lo menos, un par de generaciones y muchas chicas y chicos se convirtieron en destacados profesionales, ya sea como bailarines o como docentes.

Por Matías Benitez | [email protected]

En la Escuela de Arte que lleva su nombre, ubicada en las 5 Es-quinas del centro de Hurlingham, en Av. Vergara 4106, Graciela Susana Carpintero habló del presente, de sus alumnos, de las clases en la actualidad pero también recorrió su carrera y el vínculo con la danza que surgió casi desde que comenzó a caminar. Graciela se desempeñó como bailarina profesional hasta el año 1993 pero sigue al frente de su Escuela de Arte como lo viene haciendo desde 1977. Ganó numerosos premios nacionales e internacionales como bailarina solista y coreógrafa. Fundó, entre otras agrupaciones, el Ballet Griego Elefthería y el Ballet de Cámara de Hurlingham.

Fue formadora de artistas de excelencia, que llegaron a ser primeros bailarines del Teatro Colón y de prestigiosos ballets como el de Maximiliano Guerra, el Ballet del Sur de Bahía Blanca, el Ballet Salta, el de Iñaki Urlezaga, entre otros.

Graciela Carpintero y Elsa Cols llevan adelante la tradicional «Escuela de Arte» ubicada en la Av. Vergara 4106 en 5 Esquinas.

-En noviembre del año pasado usted volvió a las clases presenciales, imagino la sensación de volver a ver a los alumnos y profes.

– Realmente, más que contenta; imaginate que cuando empezó la cuarentena el año pasado pensamos que eran quince o treinta días. En todo este tiempo hicimos clases virtuales y también festivales, hasta participamos de «Hurlingham en Movimiento 2020» organizado por el municipio. Pero lo importante es mantener la motivación en el alumnado y que esta situación fuera como la aventura de un vivir diferente.

-Y a los padres, ¿les cuesta volver a traer a sus hijos, por miedo o por precaución?

Exactamente, a pesar de que tenemos todos los protocolos hay muchos papás que tienen miedo, quizás por algún familiar de riesgo. Por ese motivo, aun sigo teniendo alumnos de manera virtual.

¿Cómo es el protocolo y la capacidad?

-En mis clases entran treinta alumnos cómodos. Yo tengo autorizado hasta dieciséis (todavía no se habían anunciado las nuevas restricciones), porque hay que mantener una distancia reglamentaria, mínimo de un metro y medio entre una persona y otra. Al ingresar se le toma la temperatura y los padres firman una planilla dejando detallado eso.

Cuando termina una clase se higieniza todo, y hasta cada profesor trae su grabador. Está todo bien organizado.

-Quiero meterme en el mundo de su escuela, ¿Con qué sueños llegan los alumnos cuando ingresan a su estudio?

-Se acercan por diferentes motivos. Algunos por hobbie, pero nosotros lo hacemos como una carrera. La única diferencia a los que entran por hobbie es que no lo obligamos a rendir ningún examen ni nada, pero igualmente el estudio tiene que ir parejo con los demás. Siempre con amor. Y la satisfacción de que todos pueden salir trabajando, porque la mayoría sale siendo muy buenos bailarines, muy buenos docentes o las dos cosas.

-Y me imagino ese vínculo que se va generando con sus demás compañeros y con los profes…

-Nosotros siempre terminamos siendo una gran familia. Uno se relaciona y se encariña muchísimo con las personas y con las familias también. Por ejemplo, la carrera de danza clásica son diez años, es mucho tiempo. Son diez niveles. Y hemos tenido etapas de tres generaciones juntas: abuela, madre e hija. Y ver en los festivales a una familia completa es muy emotivo. También encontrarme en la calle con ex alumnos y gente que te saluda, eso es muy lindo. Hay alumnos que se conocieron acá y hoy se siguen juntando.

-¿Las clases más solicitadas cuáles son?

En esta escuela es la danza clásica, pero también tenemos hip hop, danzas urbanas, danzas contemporáneas, danza árabe…

Son momentos, recuerdo que hubo un tiempo en el que por una novela que había en televisión todas querían bailar danza árabe. También fue furor la bachata.

Pero la danza clásica perdura siempre en la escuela.

-¿Cuál fue el motivo por el que decidió hacer lo que hace?

-Desde que nací siempre quise ser bailarina clásica. Desde los 13 años me vi obligada a trabajar por problemas económicos en mi casa. Y eso me dio la posibilidad de poder seguir pagándome los profesores y asistir a las clases privadas con el director del Teatro Colón, porque a las normales no podía asistir por lo laboral. Trabajaba en Villa del Parque, ahí cerca estaba la secundaria y viajaba todos los días a micro-centro a completar mi carrera de danzas clásicas. Varios años no pude bailar por mi trabajo, además de que en mi casa no estaban muy de acuerdo en que yo baile.

A los 18 comencé a dar clases, y a los 20 a bailar profesionalmente. Este año se cumplen 50 años de dar clases. Bailar fue siempre una pasión para mí y sentía esa satisfacción de llevar a los alumnos a que tengan posibilidades de bailar y que no les pase lo que me pasó a mí.

-Veo el estudio, es muy grande y lindo.

-Acá hace 22 años que estoy. Estuve unos 10 años en el Cosmopolita y también en otros lugares como cerca de la plaza de Hurlingham y en Ejercito de los Andes.

-¿Costaron mucho esas primeras clases?

-El primer local que tuve yo lo veía enorme, pero era pequeño (se ríe). Pero yo estaba tan feliz de tener mi espacio, mi espejo, todo, que era tan grande la emoción.

Una de las docentes que en ese tiempo había empezado a trabajar conmigo fue Adriana Ferminades que se especializó en niños y hoy da clases en el Centro Cultural. Es una genia, ella tenía 17 años cuando comenzó conmigo, y hace poco cumplió 60.

-¿Hay profes que hoy tienes su estudio propio pero antes fueron alumnas o alumnos suyas?

-Si. Hay profes que comenzaron acá con las clases y luego abrieron su propio local y eso es muy lindo. Yo siempre les aconsejo que primero se fogueen dando clases, ya que abrir un estudio siempre es una gran inversión por pequeño que sea, a menos que ya tengas tu casa o un garaje.

Yo tengo profesoras que dan clases acá pero también tienen su propio estudio, y cuando no le coinciden los horarios mandan a sus alumnos para acá y viceversa. Para mí es un orgullo que haya alumnos míos por todos lados dando clases.

-Y si le pregunto cuáles son los dos o tres momentos que más la marcaron, ¿Qué se le viene a la mente?

-Tengo tantos recuerdos. Uno alegre y triste fue cuando falleció uno de mis maestros de cabecera, Eduardo Díaz Thevenon.

Yo organicé un homenaje a él en el Teatro Santamaría en Capital. Vino mucha gente del Teatro Colón, hasta el pianista que él había formado, y gente de Tierra del Fuego. Sala repleta y un espectáculo de primera. Los maestros del Teatro Colón presentaron números con bailarinas que se habían formado conmigo.

Fue un espectáculo grandioso y emotivo. Una noche apoteótica.

Para Graciela Carpintero, uno de sus grandes maestros fue Eduardo Díaz Iñigo Thevenon, fallecido en 2014, primer bailarín del afamado Ballet Russe de Boris Kniasseff y también profesor del Ballet de Cámara Hurlingham.

 

¿Y algún recuerdo de la escuela?

-Hay muchos eventos y concursos. Cuando presentamos ballets completos de repertorios. Las giras que hicimos con el ballet griego fueron muy lindas. Cuando fuimos a Punta del Este, el público después nos veía en la calle y nos aplaudía desde los bares. Detalles muy lindos. Y todo esto que vivió hasta hoy.

-¿Era lo que soñó e imaginó desde chica?

-Si, era esto. Tener un espacio donde puedan venir a sentirse parte, desde chicas solteras hasta madres con hijos, con todas las comodidades y las posibilidades.

¿Se puede decir entonces que su sueño esta cumplido?

-Si, mi sueño está cumplido. Yo quería esto, pero uno siempre va por más. Me gustaría poder lograr más cosas. Tener otro salón para poder darle más cabida al arte circense ya que necesitás techos muy altos y espacios especiales. Pero bueno será más adelante.

-¿Qué es el éxito para usted?

-Es poder lograr objetivos y tus sueños. Poder brindar un servicio dando alegría a las personas, eso es algo que no tiene precio y es un placer. El éxito es que todo vaya en armonía, y también es hacer algo que guste y trascienda.

-¿Cuál es el motor?

-Esto es una pasión, como dice el eslogan de nuestra escuela. Es pasión por el arte. Tengo como una misión interna donde siento un fuego interior y no me deja parar. Creo que eso también me hizo superar muchas enfermedades.

A veces he estado internada y con reposo pero siempre me volví a parar, para mí es un gran disfrute no un sacrificio. Yo hace años que no bailo pero no fue doloroso dejar, fue natural porque disfruto tanto a través de mis alumnos y alumnas. Y uno quiere que te superen.

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