Lecturas: Hurlingham Ñu y La Tierra Sin Mal…

 

El autor, Pablo Urquiza es uno de los ganadores del concurso de cuento y crónica «el oficio terrestre» que se organizó en el marco de las Jornadas Rodolfo Walsh, organizadas por la Universidad Nacional de Hurlingham con motivo de cumplirse 40 años de su asesinato y 60 de la publicación de «Operación Masacre». En su texto, Urquiza relata la historia de tres jóvenes paraguayos que eligen la UNAHUR para construir su futuro. Una ficción que puede ser la descripción más realista en la vida de cualquier joven que tiene la oportunidad de desarrollarse gracias a la construcción de universidades en el conurbano. Otro dato que llena de veracidad el cuento de Urquiza es que según el último censo, el 5,52% de la población de Hurlingham es extranjera, y la comunidad paraguaya es la más importante: casi la mitad de los extranjeros que tiene Hurlingham provienen del Paraguay.

En la imagen, el acto de la primera Colación de Grado de la Universidad Nacional de Hurlingham, en junio de este año, donde 64 estudiantes de la Licenciatura en Educación recibieron sus correspondientes diplomas y se transformaron en los primeros graduados de la UNAHUR. Este acontecimiento se repite dos veces por año. Estudiantes, como los del relato de Urquiza, se suman así a la construcción de un Hurlingham, de una provincia y de una Argentina mejor.

 

Por Pablo Urquiza.

A Florencia y Joaquín

A los hijos e hijas de la guarania  

              

Llegaba con el tiempo justo. Preparar el termo y el mate para arrancar la clase. Otoño de un sábado. Mucho ánimo en los estudiantes y también en los trabajadores y profesores.   

Tres estudiantes se encuentran en la puerta de la calle Origone, se saludaron con un leve roce de mano, dos besos y un ameno “mba’eichapa ne ko’ê” (en guaraní significa: ¿cómo estás? ¿Cómo has amanecido?) Ipora tereí (muy lindo) respondió una de las chicas…

Son tres. Tres estudiantes. Tres destinos. Tres orígenes, miles de historias de hombres y mujeres que dejaron su valle para seguir peregrinando en busca de la tierra sin mal.

La más joven, Amada, nacida en Caazapá, a 200 km de Asunción y a 1200 de Hurlingham. Ciudad de hombres y mujeres que trabajan en el campo, donde aún hoy, en pleno siglo 21, subsisten carros y arados de madera tirado por bueyes. Donde sólo se habla guaraní y algo de castellano. Donde el arpa y la guitarra se unen en un solo canto.

También ingresaba en la universidad Edgar, un muchacho luqueño, hijo de una ciudad paraguaya donde el paisaje está impregnado de azul y amarillo. Esa ciudad que los argentinos bien recuerdan porque fue en la cancha del Sportivo Luqueño en la Copa América de 1999 cuando Martín Palermo erró tres penales en un mismo partido. 

Y Nancy, villariqueña nacida a principios de los 90 en la ciudad de las 4 fundaciones, de las leyendas del oro y que ha dado al Paraguay la prosa y las letras de Efraím Cardozo, notable escritor.   

Con sus familias y sus destinos a cuestas todos dejaron su suelo querido, con la añoranza y la esperanza. La visita a la virgen de Caacupé fue el rito antes de venir a la Argentina. La promesa de volver a su amado Paraguay.

Así llegaron a la Argentina y al conurbano bonaerense a mediados de 2000. Liz y Amada junto con sus familias en busca de un futuro mejor. La frontera de la soja y los agroquímicos hicieron su parte. Las zonas rurales se tornan cada vez menos habitables. Edgar vino solo a vivir a la casa de unos tíos.

Se conocieron en las aulas de la flamante Universidad Nacional de Hurlingham. Una nueva universidad que ofrece una serie de carreras que, según ellos, prometen futuro. Nancy y Edgar se decidieron por enfermería. Amada se inscribió en el profesorado de Educación Física.  

“Quiero ser alguien en la vida” dijo Nancy en su presentación personal en una de las primeras clases del curso preparatorio. El profesor se permitió contradecirla: “escuchame, vos ya sos alguien” le dijo y la conmovió.

Al finalizar ese primer encuentro los tres coincidieron. La musical tonada “cómplice” les develó que eran hijos de la patria guaraní. Se intercambiaron correos y números de celular. Amada armó rápidamente el grupo de wasap: “Los albirrojos de Hurlingham”. Encontraron el primer grupo de pertenencia en la universidad. El de sus orígenes; el de sus padres y el de sus abuelos, pero esta vez, en una universidad pública argentina.

Los mensajes se hicieron profusos, cotidianos, incesantes. Los trabajos en grupo que pedía la universidad y su origen común los hizo inseparables. “Si dios quiere” dicen ellos, seremos profesionales. Enfermeros y profesora de educación física. Orgullo de los suyos allí en Paraguay. La justicia social hecha carne, hecha promesa.        

Los mensajes escritos cada vez más en guaraní o en “yopará”, esa mezcla de español y guaraní que hablan muchos hombres y mujeres que viven por estas tierras. El yopará es también una comida típica que se prepara en Paraguay para el día 1° de octubre. Ese día el karaí (señor) octubre visita las casas y allí donde vea que hay poca comida y “carestía” se queda a vivir todo el año. El yopará es la mezcla, la abundancia de los pobres.

El guaraní persiste, resiste, existe, se habla en nuestros colectivos y trenes y también en los patios universitarios. La dictadura de Stroesner prohibió su uso en público sin darse cuenta de que lo único que hacía era fortalecerlo. Los mitaí (niños) lo aprendieron en sus casas. Son vascos, catalanes…bilingües. Son una patria porque también son su lengua. El guaraní no sea quizás solo un modo de hablar. Sea tal vez un modo de pensar, de soñar y de habitar el mundo. Se “es” guaraní aunque además se hable. Rafael Barret lo sostenía a principios del siglo 19:

Los enamorados, los niños que por primera vez balbucean a sus madres, seguirán empleando el guaraní” [1]

Lo trajeron consigo. Con el arpa y la polca. Con su poesía y sus fiestas de San Juan en las que el toro Candil, la pelota tá tá y el palo enjabonado animaban la alegría de quien se sabe que estando lejos también puede estar cerca.

Cantaban así Los de Imaguaré:

“Sepa que en su alma lleva usted otro avío,
que es como una herencia de amor familiar.
Se lo dio su gente, su pago querido,
y en su sangre joven han de retornar.

…Y oiga bien, un día cuando cambie el tiempo,
si este avío le dura dentro de su ser,
usted o sus hijos, o acaso sus nietos,
por dios y la patria tendrán que volver.” [2]

 

Trajeron el mbeyú [3] y el borí borí [4], su afán por el trabajo y sus añoranzas en formas de guarania.  

Amada, Nacy y Edgar se encontraron una vez, por casualidad, en el aula de una universidad, buscaban derechos, futuros. Sus padres se habían encontrado años antes en las colas del consulado paraguayo, en las colas de alguna obra en construcción y en las de algún comedor parroquial para pedir ropa y alimentos. La patria estaba latiendo, aunque esta vez en el oeste del Gran Suburbio. Los sueños, las desdichas y las esperanzas. La patria de Solano Lopez en los pagos de Luca Prodan. Una y profunda. Muchas…

En la casa familiar de Amada supo haber un retrato de Perón. El famoso. El del caballo pinto. Sus abuelos contaban que habían ido a Corrientes a ver a Evita. De allí eran sus primeros juguetes y zapatillas de las que su gente tenía recuerdo. Ahora, en Hurlingham, los libros también serán parte de su herencia. Las primeras zapatillas y los primeros parciales. La historia que se repite sin ser tragedia ni comedia, siendo justicia.

Los estudios avanzaron. Amada y Nancy lograron meter materias año a año. Hicieron sus prácticas: Amada en dos escuelas de Hurlingham y Nancy en el hospital Bocalandro. Edgar tuvo que volver a mediados de 2019 a Luque a cuidar a su madre enferma de cáncer.

Amada se puso de novia con Leo, también estudiante de la carrera de Educación Física. Los dos trabajan en escuelas secundarias de Ituzaingó. En mayo de 2020 nació Vida. Es esa vida que te alcanza… 

Es el año 2023. Hurlingham crece, la universidad también. Nancy y Amada se recibieron. Muchos se recibieron. Muchos otros empezaron y otros tantos buscan otra vez la revancha. Nancy formó parte del cuadro de honor con uno de los mejores promedios de la promoción 2022, la tercera promoción de la carrera de enfermería.

La Unahur está de fiesta nuevamente. Como aquel 5 de febrero de 2016 cuando por primera vez abrió sus puertas. Hombres y mujeres, jóvenes ven concretado el sueño de tener un diploma enmarcado en un lugar destacado de la casa y la Patria Grande de los bolivianos, paraguayos, uruguayos, chilenos y peruanos que estudian y viven en el conurbano, celebra que sus hijos venzan al tiempo y a la historia.    

Edgar honró a sus muertos, los lloró y volvió a retomar sus cursadas. Encontró otra Patria y el mismo gobierno que cuando se había ido. Menos esperanzas, menos paciencia y menos trabajos, más soledades y más tristezas, sin embargo la universidad estaba ahí…

Amada y Nancy lo recibieron y lo alentaron a seguir estudiando. Eran sus compañeras cuando entraron por primera vez. Lo seguían siendo. Eran más paraguayos y más americanos y argentinos que nunca.  

La patria se los dio. La Argentina restañó alguna, al menos, de las viejas heridas que datan de un lejano 1870 en el que matamos sueños, hombres, mujeres y niños. Hurlingham y su universidad lo hicieron.

Hemos vencido…

 

Ñañemity

Tahory ñande kerayvoty

Togua’he tetaygua araite

Topu’a Paraguai

 

A cultivar…

Que en los cielos florezca el ideal

Que haya el día de la redención

Elevar la nación[5]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Rafael Barret, “El dolor paraguayo” (1911)

[2] “Avío del alma”. Autor Julián Zini. Chamamé interpretado por el grupo “Los de Imaguaré”.

[3] Es una especie de tortilla de harina de mandioca que se acompaña con mate cocido.

[4] Borí Borí es un guiso con bolitas de harina y maíz.    

[5] Ñemity siginifica en castellano sembrar, cultivar. Canción popular paraguaya de Federico Abente y José Asunción Flores

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