Guerra de Malvinas: Diario de una madre argentina.

Por Gladys Agueda Coviello.

Mi desesperación por conocer el destino de mi hijo Guillermo me llevó hacia la acción para dar fuerzas a través de cartas escritas por mis alumnos a los soldados en sus lugares de combate. Las cartas fueron el camino para canalizar mi angustia buscando a mi hijo que por su corpulencia fue designado camillero del Hospital Quirúrgico Móvil de Campo de Mayo,  compuesto por móviles que eran resabios de la guerra de Vietnam. Eran adolescentes que debían ser dados de baja del servicio militar en 1982.  Algunos de ellos  se acercaron a mi aula para despedirse mientras daba clase. Recuerdo a José Luis Fabro, un poeta del curso de Literatura Argentina en 5to año de 1981, que junto al abrazo me dijo:

-¿Qué haré yo con un fusil si solo sé disparar imágenes?

Desobedecí las órdenes y no entregué  los paquetes al depósito de cada escuela donde se acumulaban las enormes cantidades recibidas.  No dejaba allí las cartas y chocolates  de mis alumnos a los soldados. Me acercaba  todas las noches  a la Base Aérea de El Palomar y entregaba lo reunido a los pilotos de  los aviones Hércules.

Mis envíos llegaban y recibíamos respuestas. El padre de uno de mis alumnos hizo la conexión con los pilotos. Así, evitaba las demoras burocráticas y lograba el objetivo. Mi desobediencia fue cuestionada por la directora de la EEM N°2 de Haedo. Al negarme a firmar un sumario por desobedecer la orden de amontonar lo recolectado en un depósito, perdí mis horas de trabajo.

Como profesora y madre  ante la prohibición  de homenajear a los soldados vencidos, que al bajar de los aviones desde  la Base  Aérea de El Palomar   pasarían por la avenida Matienzo, justo  frente a la Escuela de Enseñanza Media N°2 Bernardino Rivadavia, no respeté el comunicado. El director mandó clausurar  las puertas de entrada  y salida del edificio. Desobedecimos la orden. Los alumnos encimaron bancos para alcanzar  los ventanales y me ayudaron a trepar. En la vereda, sin mi pedido, ellos  formaron una hilera majestuosa. La lluvia de papelitos más las palabras de cariño intentaban darles  fuerzas para continuar en esa marcha despiadada y logramos que en  esos momentos, sintieron que no estaban solos.

El texto de Gladys Coviello es parte del libro «Guerra de Malvinas, diario de una madre» publicado en 2019. Coviello es maestra, profesora en letras (UBA), ejerció la docencia en todos los niveles educativos. Fue investigadora de las universidades de Tokio, Maryland y Barcelona. Después de décadas como vecina de Hurlingham vivió en Barcelona hasta radicarse en su Tucumán natal. Tiene una profusa producción literaria que incluye títulos como «Cuentos», «Lazos de familia», «Veinticinco al 715», «Tres veces Praga», «Vivir en Barcelona», «Mi inolvidable profesor», el anecdotario «El covielito», «La tercera invasión inglesa que aun soporta Buenos Aires», «Que sabe usted de duendes», «Diez» y el reciente «Diez II», entre otros trabajos.

 

Publicado en la revista digital EL CLÁSICO N° 15 edición de abril de 2026

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