El camino del oro en Paso Morales

En estas diligencias se cruzaba el río en el Paso Morales. La gran mayoría quedaba atascada en el lodazal. ¿Cómo no se iban a perder las cosas?

El Cruce del Río de las Conchas (actual Reconquista) por el Paso Morales a mediados del siglo XIX, era un cruce peligroso, en el que además se podían perder cosas, por ejemplo oro. Y así como está aquel que tiene la desdicha de perder algo de valor, está el que tiene la fortuna de encontrar lo que otro extravió. Así son algunas de las viejas historias en los pagos de Paso Morales.

Por Rody Rodríguez | Informe: Marcelo Fiori Quercetti.

El sábado 27 de diciembre de 1845, un particular aviso apareció en el «Diario de la Tarde», uno de los periódicos más importantes del período rosista.

En medio de capítulos de obras de Alejandro Dumas y proclamas a favor de Juan Manuel de Rosas, como el tradicional «Viva la Confederación Argentina, mueran los salvages unitarios», un anunciante ofreció una suculenta recompensa para el que tuviera alguna noticia sobre varias onzas de oro que había extraviado.

El aviso decía: «3.000 pesos de gratificación. Para el que entregue una cantidad de onzas de oro que se han perdido el 24 del corriente, desde el Paso de Morales en el Río de las Conchas, hasta el camino del General Quiroga. El que diere noticia también participará de la tercera parte de la gratificación. Las onzas estaban envueltas en un papel lacrado. En la calle De la Reconquista numero 137 encontrarán el interesado»

Se presume que el oro iba hacia el centro porteño… el texto señala que al dueño lo podían encontrar en la calle De la Reconquista 137, en esos años era el nombre que tenía la calle que en 1849 fue renombrada como De la Defensa, y más tarde simplemente Defensa. Esa era la dirección de la Farmacia La Estrella, la primera farmacia de Buenos Aires, frente a la Basílica de San Francisco, en el barrio porteño de Monserrat.

En el aviso no se especificó de cuántas onzas se trataba. No serían pocas teniendo en cuenta la recompensa. El damnificado era el boticario Silvestre Demarchi, el dueño de la Farmacia La Estrella, que indicó que el 24 de diciembre de 1845 ocurrió el desdichado episodio. ¡Fatal navidad pasó el hombre!

Demarchi volvió a publicar el aviso en el Diario de la Tarde, el viernes 2, el sábado 3 y el lunes 5 de enero de 1846 pero el oro siguió sin aparecer.

El anuncio que se publicó en el DIARIO DE LA TARDE el 27 de diciembre de 1845. Volvió a publicarse los primeros días de 1846.

En el anuncio se marcó como punto de partida de ese extravío el Paso Morales, en esos años tierras de los Cufré, que era el tramo más «accesible» para cruzar el Río de las Conchas (Río Reconquista). Había allí una parte poco profunda con piso bastante firme, reforzado con troncos, que soportaban el paso continuo de diligencias, tropas de ganado y los del servicio de mensajería y correo que venían del interior a Buenos Aires, como es el caso del que traía el oro, que tras atravesar el Paso Morales, siguió por uno de los Caminos Reales, tal vez el denominado «Camino Viejo», por el que se llegaba hasta el camino del General Quiroga, que era un trayecto empedrado construido en 1835, que unía a la ciudad de Buenos Aires con el partido de San José de Flores (cuando el actual barrio de Flores era independiente de la Capital Federal). Silvestre Demarchi tenía algunas farmacias en el interior, por ejemplo en las provincias de Córdoba y Santa Fe, es posible que el mensajero que traía el oro viniera de alguna de esas sucursales. En el Paso Morales comprobó que el oro seguía en su poder, pero cuando llegó a San José de Flores o en el trayecto desde Flores a Buenos Aires, se dio cuenta que los paquetes envueltos con papel lacrado, que probablemente estaban en un cofrecito, no estaban más.

Es poco probable que don Silvestre Demarchi haya recuperado el oro, porque la zona en la que se pudo extraviar era muy extensa y escasamente poblada. Lo más seguro es que se haya caído de la diligencia, en medio de los bamboleos mientras transitaba por lodazales, por esos campos desiertos con hondonadas, esteros y charcos.

EL COFRE DE LA FELICIDAD

Casi 50 años después, ya casi finalizando el siglo XIX, en la zona donde está actualmente la estación Rubén Darío del ferrocarril Urquiza, una familia de inmigrantes italianos había alquilado un terreno donde levantaron su vivienda. Cuenta la historia que era común en la familia trabajar la tierra. Lo hacían para mantener la quinta con las hortalizas que cultivaban para su propio consumo, también cavaban haciendo los cimientos para levantar una nueva habitación para algún miembro de la familia. Así fue como haciendo pozos encontraron un cofre con varias onzas de oro.

Vaya saber desde cuando estaba enterrado allí y quién ocultó ese tesoro. ¿Sería lo que había perdido don Silvestre Demarchi 24 de diciembre de1845? Había pasado mucho tiempo, 48 años para ser exactos. Pero todo podía ser posible.

Lo concreto es que la familia de inmigrantes con el cofre ante sus ojos decidió avisarle al dueño de las tierras. «Esto le pertenece» dijeron y le llevaron el misterioso arcón al paisano que les alquilaba el lugar, que por supuesto enseguida dijo que el oro era de él y en agradecimiento les regaló la propiedad que alquilaban, que ocupaban un predio en lo que actualmente es la calle Tambo Nuevo entre la Av. Roca y la calle Pigüé.

La familia que encontró ese cofre con oro era la familia de Pietro Fagliano y su esposa Giacomina Spinetta, oriundos de Cuneo, en Piamonte, en el norte de Italia, que habían partido del puerto de Génova y tras un mes de viaje en el barco Perseo bajaron en el Puerto de Buenos Aires, el 26 de diciembre de 1884.

Los Fagliano rebautizaron con su apellido lo que originalmente se llamó Zapatería La Confianza, siempre en el local de la calle Tambo Nuevo… donde encontraron el cofre con oro.

Un paisano que tenía unas tierras en las afueras de la ciudad le ofreció a Pietro afincarse allí a cambio un modesto alquiler. Así llegaron en 1892 a Hurlingham. Pietro, con 36 años, su esposa, y sus hijos más grandes, con la ayuda de algunos «tanos» vecinos levantaron una casa a metros del Hurlingham Club y de la Estación Pereira. En esa casa de la calle Tambo Nuevo, abrieron un local de venta de calzado. Entre los pocos vecinos, cha-careros en su mayoría, ganaron fama de eficientes. «Andá a lo de Fagliano que son de confianza». Esa frase repetida entre los habitantes del pueblo que se estaba creando le puso nombre al taller de Pietro, así nació la zapatería «La Confianza».

Hoy, 134 años después, Casa Fagliano goza de enorme prestigio internacional, al ser reconocidos mundialmente por fabricar artesanalmente las mejores botas de polo a medida.

A lo largo de los años, fueron muchas las excavaciones en la zona, y no solo para hacer quintas o construir una piecita. Hay edificios que merecieron profundos cimientos, sin embargo no hay noticia de que se haya vuelto a encontrar aunque sea una piedrita dorada.

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