Por Rody Rodríguez.
El pasado 17 de enero, falleció Guillermo Salatino, reconocido periodista deportivo especializado en tenis. Tenía 80 años. Parte de su niñez y toda su juventud la vivió en Hurlingham, lugar que siempre recordó con muchísimo cariño.
El 21 de setiembre de 2025, Guillermo Edgardo Salatino había cumplido 80 años. Fue la oportunidad para que varios medios recordaran su brillante trayectoria como periodista, con casi 50 años dedicados especialmente al tenis, deporte que practicó de manera semiprofesional, fue contemporáneo de Julián Ganzabal y Ricardo Cano. Se inició en el periodismo ya cumplidos los 30 años, fue cuando empezó a seguir la campaña de un pibe que “prometía” llamado Guillermo Vilas, al que conoció cuando entrenaba siendo un nene de 10 años y ya demostraba un talento especial.

Salatino cubrió 147 Grand Slams: 18 Abiertos de Australia, 43 Roland Garros, 43 Wimbledon y 43 US Open.
En un libro autobiográfico, Guillermo Salatino cuenta que nació en Villa del Parque, que su padre Carlos Vicente Salatino, había estudiado comercio exterior y trabajaba en el Banco Central, donde tenía un cargo importante hasta que en 1952 lo echaron por no respetar el luto cuando murió Eva Perón. “Eso provocó que desde entonces en casa Perón fuera mala palabra”señaló Guillermo.
Sin embargo él considera que le hicieron un favor, porque se dedicó a su especialidad y armó una empresa de importación y exportación en sociedad con Ernesto Gutiérrez, un ex jugador de Racing y de la Selección Argentina. “El socio de mi viejo perteneció al famoso equipo de Racing que logró el tricampeonato en los años 49, 50 y 51. Por lo cual yo, que tenía 5 años, me hice fanático de la Academia” contó.
La empresa de Salatino y Gutiérrez fue exitosa, por eso el papá de Guillermo pudo construir una hermosa residencia en la Avenida Vergara 4192, a metros de la calle William en Hurlingham, construida nada menos que por el estudio de los arquitectos José Aslan y Héctor de Ezcurra, los mismos que fueron responsables de obras como el Estadio Monumental, las Galerías Pacífico y las Galerías Santa Fe. El chalé de los Salatino estaba hecho con lo mejor: mármol de carrara, pisos de roble de Eslavonia, entre otros lujos. Guillermo y su hermano Jorge fueron alumnos del Colegio Marista San José de Morón y su hermana estudió en el St. Hilda’s.
Guillermo recordaba su juventud en Hurlingham como años muy felices, yendo a Hurling, el club de los irlandeses, jugando en el barrio con amigos, al futbol, a la bolita, al balero, “armando autitos de carrera y preparándolos con masilla, las ballenitas que hacían las veces de elásticos y corríamos carreras”. En los recuerdos de Guillermo en Hurlingham también hay nombres, como el de Héctor “Cacho” Merlos con el que jugaba al “polo en bicicleta”. Cacho Merlos, nacido en Hurlingham fue figura y campeón de polo con Santa Ana y un patriarca del polo argentino. El padre de Cacho, don Fernando, alquilaba caballos y ese era uno de las actividades preferidas de esos chicos.
Otros nombres son los de Fernando Arnedo (hijo del gran folclorista Mario Arnedo Gallo, que fue concejal del PJ e intendente interino) y Chuschalo Insaurralde, que eran primos y vivían enfrente de los Salatino, sobre la calle Solís y sobre esa calle también estaba la casa de los Llorente, que también es una familia de polistas, pero a todos les encantaba el futbol y cuando volvían del colegio pasaban toda tarde hasta que ya no había más luz en el potrero que estaba sobre Vergara, cerquita de la finca de los Salatino.
“La pasábamos muy bien. Fue una muy buena infancia” afirmaba Guillermo que a los 15 tuvo su primera novia, Silvia, una vecinita de Hurlingham. Ya de más grande empezó a jugar al tenis en el Buenos Aires Lawn Tennis Club (BALTC) y el tenis empezó a ser más importante que el estudio. “Fui un pésimo alumno” reconoció, aunque cuando terminó la secundaria empezó muy bien la carrera de abogacía, que debió interrumpir por la colimba y después no volvió a la facultad. Empezó a trabajar con su padre. Se recibió de despachante de Aduana, pero lo suyo el tenis.

A los 23 años conoció a Angélica. “No habría sido lo que fui de no ser por ella” dijo Guillermo en una entrevista.
Fue Angélica la que lo impulsó a dedicarse al periodismo. Guillermo le había tomado el gusto a la profesión, lo habían contratado para seguir la campaña de Guillermo Vilas. Fue todo un éxito. Vilas cambió la historia del tenis. Lo convirtió en un deporte popular y “Salata” como le empezaron a decir a Guillermo fue fundamental en la difusión del deporte. Hasta Vilas había unos 70 mil jugadores de tenis federados, en el apogeo de Vilas la cifra de tenistas aumentó a tres millones.
En los años ’80 formó parte de los inicios de Sport 80, el ciclo radial que hizo historia en el periodismo deportivo, en un equipo integrado por Pancho Ibáñez, Juan José Lujambio, Roberto Negro Eguía, al que luego se sumaron Víctor Hugo Morales, Adrián Paenza, entre otros, con producción de Julio Moyano.
DOLORES INMENSOS
Guillermo sufrió pérdidas tremendas. En 1975 murió su hijo mayor, “nació mal, nunca se enteró de que estuvo en este mundo” comentó el periodista pero en 2010 falleció otro de sus hijos, Alejandro, víctima de un tumor en la cabeza. Tenía 39 años. Además de Alejandro, Salatino tuvo tres hijas: Carola, Sofía y Agustina y diez nietos, a quienes mencionaba como su principal sostén emocional. En agosto de 2024 falleció su esposa María Angélica, “su ángel” y compañera durante 57 años.
Su salud tenía un marcado deterioro, con seis stents, EPOC, y dificultades para caminar, por eso tenía previsto someterse a una cirugía en la cadera. No obstante nunca dejó de trabajar. En la misma semana en la que falleció hizo sus micros informativos en radio La Red.
El periodista Danny Miche, uno de los destacados especialistas en tenis, dijo: “Guillermo Salatino le enseñó a la gente lo que es el tenis”. Salatino tuvo numerosos reconocimientos en vida, premios Martín Fierro, Konex y una cabina de radio del histórico Buenos Aires Lawn Tennis Club (BALTC) lleva su nombre.
Publicado en revista EL CLASICO N° 13. Febrero de 2026.





