
por Ernesto R. Valle.
En diciembre de 1951, la estación de Hurlingham fue rebautizada como «28 de setiembre» en homenaje al día en el que fue sofocado un levantamiento militar contra el presidente Perón. Uno de los protagonistas de ese día fue Miguel Fariña, una calle de William Morris recuerda a ese militar que se enfrentó a los golpistas.
En diciembre de 1951 la estación de Hurlingham fue renombrada como «28 de septiembre». La fecha remitía al día en que el gobierno y su pueblo impidieron un golpe militar contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, el 28 de setiembre de 1951.
El nombre «28 de septiembre» dado a la estación ferroviaria intentó expandirse a toda la localidad, eso nunca ocurrió. A fines de 1955, tras el golpe, esta vez sí exitoso, encabezado por los militares Eduardo Lonardi e Isaac Rojas la estación del ferrocarril San Martín volvió a llamarse Hurlingham.
Sin embargo quedó en el nombre de una calle el recuerdo de un hombre que fue protagonista de esa jornada del 28 de setiembre de 1951. Se trata de Miguel Ángel Fariña, conocido en la nomenclatura local como Sargento Farina, escrito mal en casi todos los carteles municipales, (está con «n» cuando es con «ñ»).
Norberto Galasso, en su libro «Los Malditos», lo recuerda así: «Miguel Ángel Fariña nació el 20 de agosto de 1925. Ingresó al Ejército donde se caracterizó ‘por sobresalientes condiciones profesionales, firmes conceptos, gran espíritu militar, claras convicciones y valor profesional’. Hacia 1951 revistaba en el regimiento de Tanques C8, con asiento en Campo de Mayo, como Cabo Mayor. Dicho regimiento fue tomado, el 28 de setiembre de 1951, por un grupo de oficiales que respondían a la sublevación organizada por el General Benjamín Menéndez. El plan era asesinar al Presidente Perón, cuando, por la mañana, ingresase por la puerta 8, que se hallaba a cargo del capitán Alejandro Agustín Lanusse, quien integraba el complot en el cual participaban, entre otros, los capitanes José Daniel Iglesias Brickles, Rómulo Menéndez, Uriburu, Alsogaray y Beccar Varela. Sin embargo, la llegada del segundo jefe, teniente coronel Cáceres y su decisión de mantenerse leal, apoyándose en algunos oficiales, perturbó los planes y provocó un enfrentamiento. Avanzó entonces, el jefe de tanques, capitán Iglesias Brickles para exigir la rendición de los leales. Pero, según recuerda el tanquista Marcelino Sánchez, ‘no sabían que tenían enfrente a un suboficial peronista muy corajudo: Miguel Ángel Fariña. Cuando el tanque se nos vino encima -continúa Sánchez- Fariña saltó desde la torreta y a los gritos nos dijo que no nos rindiéramos, mientras corría hacia nosotros’. Ante la actitud heroica de Fariña, Iglesias Brickles lo balea, ingresándole un proyectil en el pecho. Sánchez contesta el fuego acertándole en el pecho a Brickles y corre a auxiliar a su compañero Fariña. ‘A nuestro lado -recuerda Sánchez- Fariña se arrastraba ensangrentado. Se puso de rodillas ahogándose en su sangre y gritando: -No se entreguen, muchachos. Viva Perón… Lo tomé de la cabeza y le dije: -No es nada, Fariña viejo. No es nada… traté de animarlo. Así, arrastrándose llegó hasta la vereda de la galería de la cuadra donde murió’. A Brickles lo llevaron al Hospital militar y logró salvar su vida. ‘Esa actitud heroica de Fariña cambió la situación’ -recuerda Sánchez- Los golpistas iniciaron el retroceso hasta su rendición. Poco después, el golpe estaba totalmente controlado. A los 26 años, el cabo mayor Fariña había pagado con su vida por ser leal a su pueblo» concluyó Galasso.
Por su parte José Adolfo Gaillardou, en su libro «Grandes Olvidados en las calles de Hurlingham» consigna erróneamente que Fariña fue un «militar antiperonista que obedecía ciegamente al General Menéndez», justamente era absolutamente todo lo contrario.
Fariña aparece en las calles de Hurlingham con el rango de Sargento, la jerarquía que en el Ejército le sigue a la de Cabo Mayor que era la que tenía al momento de morir. Probablemente le hayan otorgado el ascenso post mortem.
Con el nombre de Cabo Fariña hay calles que lo recuerdan en Bahía Blanca, en Tucumán, en Lomas de Zamora, también hay un barrio que lleva su nombre en Córdoba Capital y en Avellaneda hay un monumento en su homenaje realizado por el escultor patagónico Atilio Ernesto Morosín y el poeta Enrique Olmedo con el seudónimo de “Zoilo Laguna” le dedicó un poema a Fariña que apareció en la revista “Mundo Peronista” N° 8 con fecha 1° de noviembre de 1951.
Nota publicada en EL CLASICO (octubre de 2025)





