Una mirada de Caras y Caretas de 1913, cuando veían en Hurlingham “un jirón de Londres”

En 1912 se incorporó al staff de la afamada revista Caras y Caretas, el periodista y escritor Santiago Fuster Castresoy que se caracterizó por escribir crónicas de distintos puntos del país. Autor de varios libros («Ingenuidades y niñeces. Cuentos y bosquejos» y «Errores de la propaganda argentina» entre otros), estuvo en la revista hasta 1930. Su firma prestigiaba a la publicación ya que se lo consideraba uno de los más destacados «reporter» de esos tiempos. Entre sus notas que describían distintos paisajes del país, publicó una dedicada a Hurlingham en 1913 titulada «El alma inglesa en Hurlingham».

«Siempre he oído decir a personas que han recorrido el mundo, que en las grandes capitales, el cosmopolitismo se aglomera por barrios, formando verdaderas colonias, como quien dijera trasladando pedazos de su tierra a una tierra ajena, y se aíslan de los demás. No sucede lo mismo con los extranjeros que se radican entre nosotros, si bien sus poblaciones tienen todos los rasgos característicos del país de origen.

Hurlingham, localidad próxima a la Capital, conformada por un bello paisaje donde se advierten las más variadas perspectivas, tiene todos los matices de la edificación londinense. Los ‘home’, clásicamente ingleses, presentan el encanto de sus líneas, a ratos discretas, a ratos atrevidas, en el recato de un follaje perpetuo de hiedras caprichosamente encaramadas.

A través de las cercas tupidas por el follaje simétrico y vigorosamente verde, por las rendijas se insinúan las inquietas siluetas de las rubias hijas de Albión, jugando al tennis o dialogando quien sabe que añoranzas bajo los arcos de los tupidos y fragantes rosedales.

De trecho en trecho, un perfil severo, muy británico, pasea su garbo por los senderos floridos, haciendo brotar de una pipa las espirales del humo que expande ese aroma tan peculiar que nos advierte fatalmente la presencia de un fumador ingles.

Algunos ‘dogs’ de recio pelambre, de largo hocico y de aire majestuoso, pululan por los contornos del ‘home’ observando inquietantemente los movimientos del forastero. Mientras los pequeños y amenazadores ‘foxterrier’ arman la algarabía de su protesta unánime…

En Caras y Caretas de 1913 ilustraron la nota de Castresoy con las fotos que él mismo sacó en Hurlingham y con los epígrafes redactados también por Santiago Fuster Castresoy. Para la imagen de la izquierda el epígrafe dice: «La Miss y el rubito baby», para la imagen del medio «Un cuadro de home londinense» y para la foto de la derecha: «Sirvienta nipona a la moda de London».

Por otro sendero, buscando el reparo halagador de la arboleda, una grave miss acompaña pausadamente a los niños de la casa, que ni son traviesos, ni sonríen, ni lloran, no son inexpertos: andan como deben andar los herederos de la tradicional serenidad de la raza…

En las canchas de football y de tennis, el alma inglesa vuelve a exponer sus peculiaridades, mostrando, dibujando en los rostros de los jugadores la rara mentalidad de un pueblo que en todo momento conserva su sangre fría.

Lo mismo da mirar a un lado que al otro en este jirón de Londres. Por todas partes flota la espiritualidad de estas ‘ladys’, como figulinas , y el humorismo de estos hombres que no son los mismo de los negocios; de estos ingleses que reservan para el ‘home’ las espansiones (sic) y los ensueños, azules como los ojos de sus mujeres…

Hurlingham, suelo argentino, es así, con este ambiente y este aspecto, una prolongación del alma británica, con todas sus modalidades afectuosas, a veces severas, cuanto menos pintorescas…

Es una emoción que se perfila en todos los detalles, y ciertos días, cuando el cielo se torna gris, aquella población tiene más alma británica, más opacidad de la bruma del mar del Norte…

 

Santiago Fuster Castresoy.

Caras y Caretas.

Buenos Aires, 1913

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