Caso Aragón: Escenas repetidas

aragon con lanata
Por Rody Rodríguez.
“Quién te puede, quien te puede parar”, decía la letra de “Violencia en el parque” que cantaba Aquelarre hace muchos años en los orígenes del rock.
Los años pasan y los hábitos violentos perduran, y la violencia como metodología política es una costumbre arraigada en Hurlingham desde hace mucho tiempo. Todavía nadie sabe quien la puede parar.
Amenazas, atentados, autoatentados, tiros, golpes, autos incendiados, todo es parte de un panorama que poco sorprende.
Las escenas se repiten de memoria. Hay una amenaza o un atentado, hay una denuncia judicial, se suman los repudios -sinceros algunos, hipócritas otros, oportunistas la mayoría-, hay un reclamo masivo de que se investiguen los hechos y el final también es conocido: ningún hecho se esclarece. Solo quedan las sospechas.
¿Quien le mandó el mensaje de texto a Lautaro Aragón diciéndole que “te vamos hacer mierda a vos y a la coloradita de tu hermana?. ¿Quién disparó contra su casa?
¿Quién le prendió fuego el auto al concejal del Frente para la Victoria Miguel Quintero, en la puerta del Concejo Deliberante?
¿Quién le baleó el frente de la casa al sindicalista kirchnerista Hugo Vega?
¿Quién amenazó al director de la escuela técnica 3, Gabriel Rodríguez, después de haberse realizado allí un acto del gobierno nacional?
¿Quién sacó a palazos a los manifestantes que en el parque de entrada del municipio reclamaban por tierras?
¿Quién se tiroteó con el intendente Luis Acuña en su propia casa?
La lista podría extenderse muchísimo más, concejales golpeados, casas de funcionarios incendiadas, emboscadas y golpizas a manifestantes, son parte de una misma historia de muchos años en Hurlingham. No son hechos nuevos.
Son tan habituales estos episodios, que es común escuchar hasta ciertas justificaciones. Ese fatídico “por algo será” de la época de la Dictadura militar.
No hay razón para la violencia. No hay nada que la justifique.
Lautaro Aragón lanzó algunas críticas a la gestión de Luis Acuña y dedicó varios comentarios irónicos sobre el peronismo en general y sobre Juan Zabaleta en particular. No más que eso. Sin embargo sufrió primero una amenaza virtual y un día después el frente de su casa fue baleado. Es muy grave.
Frente a estas cosas, debe haber repudio inmediato, solidaridad con la víctima e investigación efectiva. También debe repudiarse a los que quieren sacar provecho político de un atentado y a los que se preocupan por saber por qué pasó en lugar de averiguar quién fue.
También hay que repudiar las especulaciones berretas, como creer que algunas chicanas menores que acostumbra hacer Aragón -y que las repitió por televisión-, merecen una reprimenda mafiosa, o creer que la autoría de las amenazas y de la balacera proviene desde el oficialismo local, enojado por las críticas del joven concejal hacia el intendente, o la hipótesis más absurda que habla de un circo montado por el propio Aragón y por el acuñismo para perjudicar a Zabaleta.
Por suerte para la política, horas después de los hechos Lautaro Aragón recibió el llamado de Juan Zabaleta, también de Luis Acuña, quienes se pusieron a disposición y le expresaron su solidaridad. La charla entre Zabaleta y Aragón la calificaron de “cordial” y quedaron en verse. También en los Tribunales de Morón, en momentos de hacer la denuncia, Aragón estuvo acompañado por Gustavo Triemstra, Director de Asuntos Legales de la Municipalidad de Hurlingham, quien le habría ofrecido también su respaldo, dejando atrás aquel viejo conflicto judicial que tuvo a Acuña, a Triemstra y al padre de Lautaro, el entonces concejal Álvaro Aragón como protagonistas y que obligó a Álvaro Aragón a pagar una indemnización a Luis Acuña por “daños morales”. Pero eso es parte del pasado.
El presente impone una convivencia política madura y Hurlingham merece, al fin, un futuro sin violencia.
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