La pandemia merece mayor respeto

Por Rody Rodríguez.

 Cada ciudadana o ciudadano que se vacuna debe generar una alegría colectiva. Llega la segunda ola y el coronavirus está haciendo estragos en el mundo, sin embargo, algunos minimizan el tema haciendo planteos de cabotaje a problemas globales.

 El intendente Juan Zabaleta, junto al vicerrector Walter Wallach y a la diputada nacional Florencia Lampreabe, recorrió el centro de vacunación de la Universidad Nacional de Hurlingham, donde se llevó a cabo la aplicación número 10.000 de la dosis contra el Covid. El vecino que recibió esta vacuna se llama Diego, un chofer de colectivo de una línea urbana que se encuentra dentro de los grupos con patologías de riesgo, quien se mostró muy emocionado y destacó la organización del operativo.

Juanchi Zabaleta festejó y está bien que lo haga.

Sin embargo se suman las voces de los que subrayan que los vacunados son insuficientes y advierten que no llegarán las vacunas que hacen falta. Esa advertencia, esconde muchas veces, una patética satisfacción ante un posible fracaso gubernamental.

Es que en la Argentina la pandemia es parte cotidiana de las rencillas políticas. Muchos dirigentes de la oposición, encabezada por los más poderosos medios de comunicación, reducen las consecuencias dramáticas que causa el coronavirus a la supuesta impericia del gobierno, se hacen planteos de cabotaje a problemas globales.

La cadena nacional utilizada por el presidente Alberto Fernández fue descalificada por varios referentes de Juntos por el Cambio, por haber transmitido desconcierto e incertidumbre, y otros insistieron en revivir el caso de los vacunados por acomodo. Son los mismos que agitaban la idea que con la vacuna rusa se iba a envenenar a la población, o que el gobierno era incapaz de montar una organización para la vacunación masiva.

A la Argentina está llegando la segunda ola. La pandemia merece más respeto. Respeto en el sentido del recelo, del verdadero temor ante una peste que hace estragos en el mundo.

Los esfuerzos en Europa por contener la propagación del virus se diluyen. La tasa de contagios aumenta gravemente. Se extienden los confinamientos en Alemania, Francia, Italia y Países Bajos. En Hungría y Grecia faltan médicos y enfermeros y buscar voluntarios sin entrenamiento médico.

La situación de la región no es menos grave. Brasil atraviesa el peor momento de la pandemia. Hay cadáveres de víctimas de coronavirus en pasillos debido a que está saturado el servicio funerario y de cámaras frigoríficas.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) alertó ayer martes, que el «terrible» aumento de casos en Brasil, golpea a sus vecinos Venezuela, Bolivia y Perú, destacando el alza de los contagios en Chile, Paraguay y Uruguay.

Frente a este panorama, ¿cómo no se va a celebrar cada vez que una vecina o vecino se vacune?.

Tiene razón Lampreabe cuando se emociona y dice que cada vacuna permite «ver un horizonte de esperanza, de recuperación de la vida, de volver a contactarse con los afectos». Y tiene razón el intendente en agradecer a los enfermeros, enfermeras y auxiliares que están todos los días llevando adelante el plan de vacunación.

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