Prioridades y obligaciones para Zabaleta en su nuevo escenario

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Por Rody Rodríguez

Tuvieron que pasar algunos años para que Juanjo Alvarez, una vez elegido intendente, se convierta en un dirigente de trascendencia provincial. Recién luego de ser reelecto, tras todo un periodo al frente de la comuna, comenzó a ganarse un espacio importante en el escenario político bonaerense, con la generación de un triunvirato de peso en el PJ denominado Los Mosqueteros, junto a Julio Alak y Alberto Balestrini, intendentes por ese entonces de La Plata y La Matanza respectivamente.

Su sucesor, Luis Acuña, esperó 10 años para que su nombre traspasara la frontera de Hurlingham. Fue cuando junto a una decena de intendentes (entre ellos Sergio Massa) armaron un grupo «rebelde» al kirchnerismo, luego transformado en el Frente Renovador. En paralelo, envalentonado con alguna repercusión mediática obtenida, anunció su deseo de ser intendente en Morón. Su proyecto de cruzar Gaona no tuvo el resultado deseado. Todo lo contrario: fue el principio del fin de su extenso mandato.

El caso de Juan Zabaleta es más vertiginoso. Consiguió a solo ocho meses de haber asumido como Intendente de Hurlingham, ser uno de los protagonistas de una movida interna del peronismo de alcance y trascendencia nacional.

Es cierto que el reconocimiento que Zabaleta tiene en la política bonaerense no es nuevo. Lleva muchos años militando en el PJ. Conoce muy bien a todos los actores de ese espacio, pero nunca como ahora había logrado estar en el primer plano, como ocurrió semanas atrás, cuando cerró la lista oradores en el acto de homenaje a Cafiero, junto a medio centenar de intendentes y un numeroso grupo de gobernadores y legisladores. Fue toda una demostración de fuerzas de ese conjunto de dirigentes y de él mismo, en medio de la dispersión que sufre el peronismo tras la derrota del 2015.

Algunas figuras destacadas del acto del 6 de setiembre reconocieron que Juanchi había sido el promotor de la idea. Doble mérito entonces, al generar un escenario en el que pudo destacarse como una de las figuras principales, con tan poca experiencia como intendente del distrito más pequeño del conurbano.

Ahora, para Zabaleta surge la obligación de ocupar ese espacio ganado sin descuidar la gestión municipal. O también al revés: la gestión municipal debe ser la prioridad antes que cualquier otra tarea política nacional o provincial.

Por qué no habrá trascendencia posible si los resultados del gobierno comunal no son buenos. Zabaleta deberá sumar a su indiscutida habilidad política la tarea de que su trabajo como intendente sea aprobado día a día por los vecinos. Entonces sí, su ascenso y permanencia como dirigente provincial y hasta nacional, podrá ser exitoso.

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