Tras contar su historia, la ex empleada municipal fue amenazada para que se calle

ana franzanti

Ana Franzanti, una ex empleada del Concejo Deliberante, sufrió amenazas y un atentado con mensajes intimidatorios en su casa luego de haber contado, 10 años después, el horror que sufrió en la sede del Honorable Concejo Deliberante de Hurlingham.

En la madrugada de ayer, según consta en la denuncia que realizó Ana Franzanti en la Comisaría Segunda de Villa Tesei, alrededor de las 3 de la mañana sintió un fuerte impacto en una de las ventanas del frente de su casa que resultó ser un ladrillo envuelto en papel de diario que contiene la nota donde después de 10 años de silencio la exempleada del Concejo Deliberante de Hurlingham contó cómo fue violada y silenciada por parte del gobierno actual que gestiona el intendente Luis Acuña.

“Siendo el día de la fecha y siendo alrededor de las 03.30 hs momento que dormía, es que se despertó por un fuerte golpe que venía desde la calle, ante ello es que por temor a salir, llamó a su hijo, quien llegó aproximadamente a las 4.00 hs, siendo que al momento de abrirle el portón es que vieron por debajo de una de las ventanas, se hallaba un envoltorio de diario, siendo que el paquete envuelto era del tamaño de una pelota de futbol, tenían en su interior restos de cascote de partes de ladrillo, y al abrir el paquete, observó que el papel era del diario en la que había dado la nota” (sic), consta en la denuncia de la exempleada del Concejo Deliberante de Hurlingham.

En la misma denuncia consta que Ana también recibió el día del padre un mensaje de texto intimidatorio, por el cual prefirió no hacer la denuncia en su momento.

En una nota que dio al portal de noticias BuenosAires2.0, el  17 de junio pasado y que hoy el acuñismo quiere callar Franzanti afirmaba que nunca se animó a relatar el hecho, que sucedió el 12 de agosto de 2005, en el interior del Concejo Deliberante de Hurlingham, donde trabajaba como recepcionista.

“El 12 de agosto de 2005 hubo una sesión importante porque querían poner un cementerio privado en Pedro Díaz. Entonces trajeron gente de otros lugares (los concejales del oficialismo) porque no querían que entraran los vecinos, pero igual entraron y rompieron todo. Tiraron ventiladores, ese día estuvo lleno de policías el Concejo y a las 5 de la tarde, ya se había calmado todo, se había quedado la concejal Mónica Acosta que en ese momento tenía la oficina en el segundo piso”, relató Ana.

“A las siete menos veinte más o menos veo que pasan dos chicos por la vereda de enfrente que me llamaron la atención porque en ese momento no se usaban los camperones tanto como ahora y a los pocos minutos, cuando me estoy dando vuelta para ponerme el saquito siento que me agarran de atrás. Allí me llevan al subsuelo, y se notaba que conocían el lugar. En la primera oficina que ven luz, que es donde se reunía la comisión de los concejales para hacer los proyectos, entran y me ponen ahí adentro. Uno de ellos, cuando va bajando, agarra el palo que estaba en la puerta, y el otro me agarró la cartera, la billetera, lo dejó todo tirado, no me sacaron el reloj y querían a toda costa tirarme al piso. Yo me resistí muchísimo. Me pegaron, me pegaron con el palo, tanto que en las piernas era todo sangre, el pantalón empapado en sangre, me golpearon la espalda, hasta que no aguanté más y caí”.

“Ahí me empezaron a sacar la ropa –continúa- uno me desgarró la camisa, el otro empezó a bajarme la parte de abajo y mientras uno de ellos que se dejó ver la cara y que yo hice el identikit, me estaba violando el otro me pasaba el miembro por la cara”. Y continúa: “le dijo al otro “dala vuelta”, mientras decían “van a pagar por lo que hicieron” y ahí me desvanecí. Yo en ese momento te juro que lo único que quería era que me mataran, primero que era tanto el dolor que sentía que yo decía y pensaba ¿cómo sigo?, fíjate que van a hacer diez años ya y no creo que lo supere nunca”.

Cuando la encuentra el sereno, da aviso a las autoridades del Concejo Deliberante y de a poco Ana comienza a recuperar el conocimiento. “Lo que yo quería era que me cubrieran y recuerdo que con una abrochadora me prendieron como se pudo la parte de arriba, me llevaron al hospitalito y cuando llegamos yo lo único que quería era que me lavaran, que me bañaran, que me sacaran todo eso que sentía encima; que me pusieran alcohol”, cuenta.

“Ahí me pusieron en una sala y llamaron a mi marido. Después llegó Silvia Caprara, Oscar Marín, Nito Bertinat que eran concejales y yo abro los ojos y veo a mi marido y a mi hijo que tenía 18 años en ese momento, los dos estaban blancos como un papel y se le acerca Silvia Caprara a mi marido y le dice: ¿por qué no dejamos todo como está y se la llevan así como está a tu casa?”.

“Mi marido estaba furioso. Yo era todo sangre, una carnicería; no te imaginas los golpes. Entonces me llevan a otra habitación, me apartan de ellos y viene Claudio Branda (secretario del Concejo Deliberante), me abraza y me dice “Negrita, ¿qué querés que hagamos?” y yo le digo “hacé lo que tenés que hacer”, entonces ahí deciden llevarme a la ART, me llevan a San Martín y de ahí derecho a terapia, donde estuve 10 días porque eran demasiados los golpes. Tenía todo negro; la espalda, el cuello, todo”.

Ana cuenta que su causa penal nunca avanzó porque no identificaron a los atacantes. Las consecuencias para ella fueron terribles. Depresión, fobia hacia la gente, pánico y cuatro intentos de suicidio. A pesar de eso y a pesar de estar bajo tratamiento y amparada por la ART, el año pasado se la dio de baja como empleada municipal. El único juicio que Ana pudo tener y ganó, fue la acción civil.

“Yo quedé totalmente aislada como mujer, mi marido en el segundo intento de suicidio que tuve le agarró un ataque de presión muy fuerte, y fue como que le estalló el corazón y después de ahí ya no pudo trabajar más, falleció hace 4 años, falleció el 10 de diciembre y el 11 es mi cumpleaños, para mí los 10 de diciembre son trágicos”.

Es víctima una y mil veces. “Cuando me despidieron yo digo que me sentí nuevamente ultrajada, porque saben por lo que yo pasé, saben que mi situación es delicada. Ahora que falleció mi marido estoy viviendo de una pensión y tenía el sueldo de la municipalidad (que al momento del despido ascendían a magros dos mil pesos), estoy pagando la casa, ¿qué motivos tienen para despedirme? eso es cizaña”.

“Me cansé de llamar para hablar con Acuña hasta que un día me llama y me pregunta qué quería y le digo “¿por qué me despediste? te pido que me reincorpores y yo pido una junta médica y ya está, me jubilo”, entonces me dice “¿pero vos qué hiciste con la plata del juicio?”, “Me dijo “veo que hago” y nunca más me llamó”.

 

El acoso del actual intendente Luis Acuña

Ana ingresó a trabajar en el Concejo Deliberante en el año 1998. Por ese entonces, Luis Acuña era concejal, presidía el HCD y ella se integró como secretaria de quien años más tarde se convertiría en Intendente.

El relato sobre el acoso sale de casualidad en la charla. En realidad nos contaba cómo había comenzado su trabajo en ese lugar. “Habré estado tres meses como secretaria de Acuña, después tuvimos un entredicho, él se propasó conmigo, yo no lo dejé pasar más de ahí y entonces se ofendió, me sacó de la oficina y me tuvo como tres o cuatro meses en los pasillos porque no me daba una ubicación, de ahí me pasó a Comisiones, me pasó a Legal y Técnica y a partir de ese momento por mi negación dejó de saludarme y después de Legal y Técnica me pasaron a Mesa de Entradas como recepcionista”, relató.

Consultada por Buenos Aires 2.0, Ana describió cuál fue esa situación en la que dice que se propasó con ella. “Él era presidente del Concejo y un día me llamó para ver un expediente cosa que me pareció rara porque eso siempre lo trataba con su secretario Ricardo Milio. Me dice sentate, yo me siento, se pone a leerlo y me dice “mira, vení y mirá lo que dice acá”; ahí se levanta y me agarra y me besa. Yo ahí le digo “pero Luis, ¿qué hacés? nos conocemos de toda la vida, ¡por favor!”, y se puso furioso. Me dijo “salí de acá andate de mi oficina” y ahí pasó eso de que no me habló nunca más, pero no fui la única. Acuña siempre fue de esa forma, es de esos tipos que se creen que te señalan, le gustaste y sí o sí tenés que pasar por él.

“¿Ana si tuvieras la posibilidad de tener hoy frente a frente a Luis Acuña o a la familia qué le dirías?”

– Yo creo que ya nada, es tanto lo que me ha hecho… el tema del despido fue lo que me rebalsó, porque con eso ya dije “sos el peor ser humano que he conocido en este mundo” agregó Ana, en la entrevista

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