A dos años del crimen de Candela, una historia que parece no tener final

Caso CandelaPor GABRIELA CHAMORRO.

En apenas tres meses cumpliría 14 años y estaría, como toda chica ansiosa  de esa edad, soñando y programando todos los detalles para su próximo cumpleaños, el día que , por fin, llegaran sus 15.

Quizás eligiera un vestido blanco o  por qué  no celeste, seguro cocinaría con su mamá alguna torta  para la mesa de dulces, por ahí se  decidiría por un peinado medio recogido  que destacara sus ojos y la música de la entrada esa sí, la elegiría con su mejor amiga.

Reaggeaton no iba a faltar a la hora de bailar pero tampoco tango, es más.- pensaría ella- podía preparar un tema especial para ese día y bailarlo ante todos los invitados.

Todos estos planes los haría a la noche, antes de dormir en la cama con su mamá, porque desde que su papá no estaba, ellas siempre dormían juntas.

Pero en realidad  ella no sueña todo esto, eso no es posible  porque ella no está. Candela ya hace dos años murió  y se esfumó  todo lo que pudo haber sido: sus maravillosas notas en el colegio,  su carrera de abogada para ayudar a su papá preso, la primera salida al boliche a bailar, el primer amor y la primera decepción  y muchos, muchos sueños más, demasiados sueños inconclusos.

Se cumplieron dos años de la desaparición de Candela. Tenía 11 años y un 22 de agosto aprovechando que era feriado, salió de su casa para encontrarse con unas amigas.

Sin embargo dicen algunos  testigos  que  la vieron que tomó otro camino. Se creyó que fue a reunirse con alguien, tal vez un novio. Lo cierto es que nunca más se tuvieron noticias de ella.

Luego de que Carola, su madre, hiciera  la denuncia policial  pasó  apenas un día para que el caso estuviera en boca de todos.

Tras varios allanamientos infructuosos el cuerpo de la nena apareció nueve días más tarde a un costado de la colectora del Acceso Oeste.

Estaba desnudo y lo habían colocado dentro de una bolsa. A las pocas horas del hallazgo comenzaron las detenciones.

En total la causa llegó a tener a ocho personas procesadas .Uno de los últimos en caer fue el «Topo» Moreyra a quien acusaron de organizar una «venganza no convencional» contra el papá de la nena

 

Aparentemente claro

Las detenciones que se sucedieron a la aparición del cuerpo de Candela y las respuestas a varios interrogantes arrojaban  detalles de  roles y jerarquías entre todos los implicados.  Los más complicados eran Hugo Bermúdez, el asesino de la nena y Héctor «Topo» Moreyra, el autor intelectual y buchón policial.

Bermúdez habría  reclutado a su vez a los otros delincuentes para llevar a cabo el «trabajo»  (Alberto Fabián Espíndola, Gabriel Fabián Gómez, Guillermo Sebastián López y Leonardo Jara conocidos suyos en el ambiente delictivo) Jara, precisamente habría sido el que habría jugado al «noviecito» de la nena antes del rapto, con el fin de obtener información clave para concretar el secuestro.

Sin embargo, todas las detenciones quedaron en la nada  por errores procesales en las indagatorias y la Cámara de Morón fue dejando uno a uno a todos en libertad.

 

¿Narcotraficantes o red de Tratas?

Para un parte de la gente que conoció la historia por los diarios o por su cercanía geográfica como así también  para la Comisión Candela -que trabajó durante el primer semestre de 2012 sobre el caso y presentó el 13 de septiembre un informe-, el asesinato de Candela está relacionado con el narcotráfico y vínculos del submundo de la droga con parte de la policía.  De hecho los mismos testigos que incrimina-ron a algunos de los sospechosos enmarcaron el crimen en un ajuste de cuentas por un vuelto de drogas y apuntaron a la madre de Candela y a su esposo como el objeto de la venganza.

Sin embargo, a cumplirse un año de su desaparición Carola Labrador, la madre de la víctima -con fondo de globos flotando por el aire a sus espaldas  en una marcha que se organizó en una plaza de Hurlingham para recordar a su hija-,  disparó una hipótesis totalmente distinta: la trata de blancas. «La tuvieron en una casa de Costa Esperanza seis días y ahí la entregaron al asesino de Candela, porque la otra gente que la tenía no la podían tener más. A ella la querían pasar a otro lado, a otra provincia, la gente que la tenía era para venderla, porque Candela era una nena muy linda, alta, que aparentaba tener 14 años pero tenía 11», aseguró

 

El testigo al que se lo llevó el fuego

Como si al caso le faltara algún ingrediente para sospechar sobre el profesionalismo en su investigación en abril de este año un testigo de la causa, Roberto Aníbal, conocido como «el carnicero» murió en un confuso episodio.

Aníbal fue el que señaló a Leonardo Jara y a Hubo Bermúdez  como responsables de lo que le sucedió a la niña. Él había apuntado a los sospechosos el tercer día del secuestro  Por eso cuando se encontró el cadáver no hacía más que lamentarse «Podrían haberla encontrado viva, yo les dije todo lo que sabía», aseguró.

La versión aportada por él guarda relación con la hipótesis de la Comisión Candela de una venganza contra la familia de la menor.

A Aníbal luego de declarar le prometieron que iba a estar «protegido» y que se lo iba a mantener «encubierto»

No ocurrió ni una cosa ni la otra y fue víctima de amenazas y aprietes por lo que se encadenó frente a la Gobernación para reclamar la recompensa que le permitiría viajar lejos y ponerse a resguardo él y su familia

Para el primer fiscal de la causa, Marcelo Tavolaro, su aporte «permitió esclarecer un 80% el caso». Sin embargo, el nuevo fiscal, Mario Ferrario, no tuvo en cuenta su relato. A pesar de esto, fue quien le puso la custodia policial que lo acompañaba cuando murió.

Pero en definitiva nadie  lo escuchó  y en abril pasado, después de una explosión en su vivienda de Moreno, de la cual voló por los aires con el 80 % de su cuerpo quemado, murió no sin antes agonizar durante varias horas.

En su aporte a la Comisión del parlamento, Aníbal había asegurado que varios jefes policiales, funcionarios y abogados le habían ofrecido dinero y «cobertura» para él y su familia a cambio de que involucrara a todos los integrantes de la banda que después quedaron en libertad.

 

Celdas vacías

El 12 de junio pasado la  Cámara de Apelaciones de Morón ordenó la excarcelación de Hugo Bermúdez y Leonardo Jara, los  dos únicos detenidos por el asesinato de Candela  Rodríguez.

El primero de ellos estaba acusado de  ser el autor material  o sea de haber  «asfixiado» a la niña hasta matarla. A  Jara, por su parte se lo señala como el que «sedujo» a Candela,  la capturó para entregarla y luego hizo una llamada amenazante a su tía. Este último precisamente no quedará realmente en libertad ya que tiene una causa anterior por la cual su detención continúa firme.

En su resolución, la sala III, la misma que en 2011 decretó la nulidad parcial del proceso, dispuso «el cese de la medida de coerción por prematura» y ordenó que los imputados sean excarcela-dos, pese a estar acusados de «privación ilegal de la libertad seguida de muerte».

Los camaristas realizaron una valoración distinta de la prueba de la que hizo el juez de Garantías 3 de Morón, Gustavo Robles, actualmente a cargo de la investigación. Los especialistas aseguran  que la Cámara no anuló ninguna medida de prueba, sino que entendió que tanto Bermúdez como Jara deben seguir vinculados a la causa, pero sin estar detenidos.

José Luis Ferrari  el abogado de Bermúdez  aseguró al conocerse la noticia: «Estoy muy conforme, ahora se va a probar que es totalmente ajeno al secuestro y crimen de Candela»

Ante el curso de la causa Ferrari vaticinó «Hoy, a  escaso dos meses de que se cumplan dos años del secuestro de la nena sé que  no van a encontrar nunca más a los autores. Como hombre de derecho, como abogado y ciudadano me avergüenzo de los funcionarios judiciales que intervinieron  en la causa. Yo llevo en mis espaldas una investigación de 25 años en la provincia de Buenos Aires que es el asesinato de Jimena Hernández y tampoco quisieron encontrar a nadie,  y se lo digo con profunda tristeza: en el crimen de Candela perdieron tiempo que es vital, tiempo que se pierde, verdad que se diluye».

Con estas dos excarcelaciones ya no queda nadie tras las rejas. También habían estado detenidos Héctor «Topo» Moreyra (44), Guillermo López (31), Fabián Gómez (42), Alberto Espínola (31), Néstor Altamirano (55) y Gladys Cabrera (42).

«Tiempo que se pierde, verdad que se diluye», dijo Ferrari y aunque a todos en Hurlingham les resulten estas declaraciones antipáticas y quisieran creerlas inaceptables, la trama de irregularidades, idas y vueltas de la causa parecen darle la triste razón.

 

Una madre particular

Desde el primer momento la presencia de Carola Labrador no resultó indiferente. Polémica, cuestionada por muchos, sospechada, verborrágica y total protagonista del hecho desde el minuto uno en el que despareció su hija no fueron pocas las veces que sus declaraciones levantaron una sucesión de análisis y comentarios posteriores

En la última entrevista que dio hace unos días se mostró fuerte en su lucha pero a su vez con el mismo temor de siempre. «Los asesinos de mi hija están libres y yo tengo miedo», dijo cuando se le consultó si  ella y su familia -sus hijos Emanuel (18) y Franco (11)- continuaba con custodia policial.

Convencida de que  Bermúdez es el autor material de la muerte de su hija y de que los responsables son  una organización de trata de chicos  no negó que en la terrible historia del asesinato de Candela también haya «droga, policías y políticos»

Desmintió tajantemente una vez más  que se haya tratado  de una venganza, dijo enfáticamente que eso «lo inventaron» y que es todo «mentira»

Carola Labrador no habló  de Fernando Burlando, su abogado, como de un representante legal simplemente, habló como si fuera una especie de padrino, tío y protector de la familia.  «Burlando me sigue ayudando, me da plata para que les compre cosas a los chicos para el Día del Niño. Otra de las cosas que Fernando hace es regalarme viajes. Si fuera por él, viviría viajando. A mí me lo presentó el padre (Julio César) Grassi. Después, si Scioli le pagó a escondidas o no le pagó, yo te puedo asegurar que no lo sé»- aseguró  con despreocupación

Respecto de otra figura protagonista de la investigación el Juez Alfredo Meade confesó: «A los dos o tres días que habían encontrado a Candela me citó porque quería hablar conmigo y se puso a preguntarme de mi mamá, de mi papá, mi historia, la secundaria. Cuando termina todas las preguntas –yo mal, ¿viste?–, me dice: «Vos quedate tranquila, porque a vos te va a ir bien, porque vos tenés suerte». Yo pensaba: ¿suerte de qué tengo? «Porque vos no sos negra ni olés a lavandina «, me dice. Qué tipo racista. Aunque sea lo último que haga, los voy a arruinar a todos como me arruinaron a mí. No los voy a dejar vivir.»

Asimismo sobre  el primer fiscal, Marcelo Tavolaro también fue muy explícita: «El quiso meterme presa. Me dijo en la cara: «Tu hija era una atorranta y por tu culpa la mataron». Yo le dije: «Bueno, tomá». Le puse las manos así y le dije: «Meteme presa ahora si tenés pruebas de eso». Y después apareció Burlando. Lo que menos se iban a esperar es que yo les iba a caer con Fernando. Se quisieron morir, estaban blancos como este papel».

El asesinato de Candela es un caso único en la historia policial del país.  A pesar de que todos los recursos del Estado se enfocaron en su esclarecimiento solo  sigue acumulando  fojas infinitas, dichos y contradichos, causas posibles varias, ningún detenido y un testigo  encubierto muerto sospechosamente.  También contiene un  jury para el juez y dos fiscales, amenazas, denuncias no probadas, una Comisión Especial de investigación y un abogado defensor mediático con mini Cooper incluido.

En su investigación se interesó  en persona la presidenta, el gobernador,  el ministro de seguridad, organizaciones solidarias, miles de anónimos lectores y seguidores por las redes sociales  y hasta actores y actrices.

Todo eso no impidió que  la causa estuviera empapada de corrupción policial, historias de narcotraficantes, sospechas de red de trata de personas, pedidos de juicio político para Ricardo Casal y Daniel Scioli y toda una trama mafiosa que salpica a su propia familia. Se habló de entrecruzamiento de bandas de narcos antagónicas,  de buchones,  de supuestas conductas sexuales en torno a la nena,  de irregularidades policiales y de avances anunciados a viva voz que no se dieron. Hoy a dos años lo más tremendo es que además de no haber podido salvarla en todo el tiempo que estuvo secuestrada  hay muchas probabilidades que el crimen de Candela Sol Rodríguez nunca se resuelva.

 

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