Claudio Díaz, ese compañero entrañable y siempre comprometido con su profesión

 

Claudio Díaz

 

 

Por Rody Rodríguez.

El 5 de agosto se cumplieron 5 años del fallecimiento de Claudio Díaz, periodista, escritor, columnista de El Ciudadano de Hurlingham, gran compañero, amigo leal. Para recordarlo, reproducimos una nota dedicada a él, publicada en El Ciudadano de agosto de 2011. 

Claudio Díaz falleció el pasado 5 de agosto a los 52 años a causa de un cáncer, como dijo el periodista Esteban Talpone, “Claudio consagró  su dolorosamente corta vida a sus convicciones” Fue un pionero en la lucha por la democratización de los medios de comunicación. Periodista, escritor, autor de varios libros sus restos fueron velados en Télam

El peronismo es como ese yuyito que aparece entre las baldosas, por más esfuerzos que alguien hace para sacarlo, siempre aparece, nunca se muere”

A Claudio Díaz le encantaba dar ese ejemplo cada vez que presentaba su libro Manual de Antiperonismo Ilustrado. Los que lo acompañábamos ya estábamos como podridos de la metáfora. “Cortala con el yuyito” le pedíamos y él insistía “es que por más que lo corte el yuyito crece”

Disfrutamos mucho con Claudio esos días de gira bonaerense presentando su Manual: Junín, Brandsen, Berisso, La Plata, Tandil, Mar Chiquita, Monte Hermoso, el conurbano y muchos otros lugares, en donde alternábamos debates sobre historia, periodismo y política, nos zambullíamos ante abundantes asados y charlas sobre fútbol, en las que Claudio hablaba de su Boquita y de su amado Deportivo Morón ( al Gallo le dedicó el libro Morón, el grito nuestro de cada sábado)y le tomábamos examen sobre formaciones de selecciones en los mundiales de fútbol, especialidad- por llamarlo así- con la que ganó el premio mayor en el programa “Odol Pregunta” cuando era sólo un niño.

Con el Manual de Antiperonismo Ilustrado Claudio inauguró una etapa histórica de confrontación entre la política y los medios concentrados. En ese momento no podíamos advertir ese alcance. Cuando en el 2004 leímos los borradores del libro en la casa de Gustavo Grasso en Castelar, le advertí que lo iban a echar del laburo. Claudio trabajaba en Clarín y aunque estaba relegado al zonal de Morón, estaba cómodo en esa tarea. Claudio había acumulado muchos pergaminos en esta profesión como para dedicarse a un zonal. Periodista, profesor de historia en 1988 obtuvo el premio latinoamericano de periodismo José Martí. Trabajó también Radio Mitre, La Razón, El Periodista, El Porteño, y en las revistas El Descamisado y en Jotapé, donde pudo explayar su manera de sentir y de vivir la política.

Desde hacía un tiempo estaba en Clarín, pero evidentemente su continuidad peligraba porque en su libro le dedicaba unas cuantas murras a las principales plumas del diario de Noble, criticaba duramente a Julio Blank, Ernesto Vander Koy, entre otros, pero nuestra advertencia no le preocupaba. El estaba feliz con las verdades que transmitía su libro, lo demás no le importaba.

Tampoco le importó cuando en 1983 fue compilador y coautor de La ultraderecha en la argentina y la prensa canalla. Allí también se había ganado varios enemigos. Es que en esos tiempos, y hasta no hace mucho, había una especie de ley no escrita que prohibía que un periodista critique a otro. Lo que se llamaba hacer “periodismo para periodistas”

Para Claudio eso era una especie de código mafioso, no entraba en su cabeza no denunciar a cualquier persona, sea de la profesión que sea, que haya tenido actitudes o acciones antidemocráticas o lo que es peor haya sido cómplice de la dictadura militar.

Lo hizo en la prensa canalla lo volvía hacer en el Manual del Antiperonismo Ilustrado

Hoy queda comprobado que cuando nadie se atrevía a levantar la voz contra Clarín, Claudio Díaz lo hizo. Cuando nadie osaba decir que Clarín mentía, Claudio Díaz lo dijo, y lo hizo formando parte de ese multimedio. Su dependencia laboral no quebró su libertad ideológica. Dijo lo que pensaba. Naturalmente fue censurado y decidió renunciar a la empresa regenteada por Magnetto. Luego sufrió amenazas, presiones judiciales y hasta un atentado en su casa donde su madre fue agredida.

Claudio renunció a Clarín con una carta que Víctor Hugo Morales considera como uno de los testimonios más relevantes del periodismo libre.

En esa carta Claudio dice que “Es tanta la repugnancia que sentí por quienes posan como adalides de la libertad de expresión que me dije a mi mismo: hasta aquí llegué” Y agrega “en casi todos lados he comprobado (eso tan viejo pero siempre vigente) que una cosa es la libertad de prensa y otra la libertad de empresa. Pero lo que viví en Clarín en los últimos tiempos superó todo… Gracias a Dios, ¡todavía tengo vergüenza! Pero lo que ya no tengo es estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo.

A esta altura ya no puedo soportar tanto cinismo. Como cuando desde un título de una nota se insiste en que no decrece el nivel del trabajo en negro y las condiciones laborales son cada vez más precarias, viendo que en todas las redacciones del Grupo se emplea a pasantes a los que se los explota de manera desvergonzada, obligándolos a hacer tareas de redactor por la misma paga que recibe un cadete, sin obra social ni vacaciones”

Ese enfrentamiento de Claudio Díaz, que fue un eslabón importantísimo en la lucha por la democratización de los medios, hizo que su salud, empezara a jugarle malas pasadas, pero en el medio siguió produciendo, defendiendo ideas e ideales, escribió en las revistas Veintitrés , en Contraeditorial, tuvimos la satisfacción y el orgullo de contarlo en El Ciudadano como columnista, y en paralelo a la famosa frase de Néstor Kirchner “ Qué te pasa Clarín” ¿Estás nervioso?, realizó su libro Diario de Guerra, Clarín el gran engaño argentino, un trabajo que describe las relaciones políticas y comerciales del llamado “gran diario argentino”

Alvaro, Landi y otros amigos veníamos postergando con Claudio un asado en “Lo de Aldo”, una parrilla rutera que queda en la ruta 2, saliendo de La Plata, un lugar que habíamos disfrutado algunas veces. Pero a cada invitación, Claudio respondía que no podía que andaba con muchos dolores.

-“No sé si es artritis o artrosis, estoy por ir a un especialista chino que hace unos laburos que dicen que son bárbaros”- me dijo

-“¿No es mejor ir a un médico”- le pregunté

– “Ya fui, dicen muchas boludeces”

– “¿Y el chino no dice boludeces”

– No sé, pero como no le entiendo lo que dice, creo que me dice cosas buenas.

Así empezaba a relativizar su malestar. Y con algo de humor trataba de apaciguarlo. Esos dolores en todo el cuerpo no le impidieron escribir su último libro El movimiento obrero argentino que presentó en la CGT

Poco a poco se fue recluyendo en su casa. Los últimos meses casi no hablaba con nadie. Martín García fue uno de los pocos a los que escuchaba. Martín lo acompañó hasta el final.

Lo ví un par de días antes de morir. Fue difícil. Estaba con sus manos apoyadas en una almohada, como prestas para seguir escribiendo en su computadora. Parecían enormes en relación a un cuerpo que estaba muy esmirriado. Parecía inconsciente. Aunque no creo. Martín le había dado su MP3y escuchaba a Pink Floyd y a Astor Piazzolla (¿Por qué siempre fue tan gorila? Se preguntaba siempre Claudio mientras lo disfrutaba).

Seguramente lo estaba disfrutando como también disfrutaba las caricias de su mamá. Quise en ese momento que Claudio fuera como ese yuyito del que siempre hablaba, que está en las baldosas, que siempre crece, que siempre está, que nunca muere.

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