
El domingo 17, a los 71 años, falleció Héctor Ayala, integrante del mítico dúo Vivencia, parte fundacional de la historia del rock argentino. Su histórico compañero de ruta, Eduardo Fazio señaló que “Héctor ya venía hace un tiempo con problemas de salud, nosotros habíamos dejado de tocar hace varios años porque no lo podía hacer”, debido al Parkinson, enfermedad que lo aquejó durante el último pasaje de su vida. Y comentó que el músico “venía decayendo por la enfermedad y era un final que ya lo veíamos, todos los que estábamos alrededor de él lo fuimos asimilando y con el recuerdo de tenerlo siempre en todos los momentos, cuando empezó a tener las primeras manifestaciones de su enfermedad, tratamos de ver de qué manera podíamos seguir tocando, pero se le hacía bastante imposible así que la decisión a veces no la toma uno, sino la toma el destino y tuvimos que seguir el camino de otra manera”, se lamentó en una entrevista realizada a Radio del SUR, de Concordia, la ciudad donde el padre de Héctor Ayala, del mismo nombre y destacado músico de tango, compañero de Aníbal Troilo.
Ayala y Fazio son originarios del oeste del gran Buenos Aires. Hurlingham fue una de las ciudades elegidas para los primeros pasos del dúo que fue contemporáneo a Sui Géneris, Pastoral, Pedro y Pablo y León Gieco.
“Nuestra propuesta siempre apuntó a lo humanístico y lo espiritual. Es ahí donde se conjuga lo social, lo político y lo económico. Cada dúo o solista, cada grupo, tenía su propuesta. ¡Fue una etapa tan heterogénea y rica!” Dijo Héctor Ayala a Clarín en el 2008.
El dúo grabó “Mi Cuarto” en 1973, un disco que marcaría un hito en la música de esos tiempos y se transformó en un clásico indiscutido de la música nacional. En ese long play está el tema “Los juguetes y los niños”. Vivencia tiene ocho discos más, en los que aparecen temas entrañables como “Natalia y Juan Simón”, “Pupitre marrón”, “Gira la vida” y “Curiosa noche”, entre otros. «Lo nuestro fue la canción, con un tono más social que político. En el ambiente del rock teníamos cierta resistencia: nos acusaban de hacer música light. Nuestras letras eran esencialmente humanísticas: hablaban del hombre, la familia, Dios, la amistad. Nuestra poesía era comprometida” recordó Ayala en un reportaje en el 2005.
El dúo se mantuvo unido hasta el año 1984. Dos años más tarde Ayala decidió radicarse en Los Ángeles, Estados Unidos, en donde se dedicó a escribir música popular para el sello Warner Chappell. Tras convertirse al evangelismo y grabar música cristiana, Ayala regresó al país tentado por una oferta para reunir Vivencia en 2003, encuentros que quedaron registrados en un disco en vivo de 2005. Ese mismo año, el músico grabó un disco de tangos.





