Un gentilicio en debate: ¿hurlingUense o hurlingHense?

¿Cómo se les dice a los que son de Hurlingham? ¿Cómo se escribe ese gentilicio? El periodista Gustavo Mayares, un histórico integrante de El Ciudadano y un nacido y criado en Hurlingham, propone ese debate en el que abunda sobre el origen del nombre de nuestro pueblo. Etimología, gramática, fonética y un poco de historia en esta nota.

Por Gustavo Mayares

En el habla cotidiana no pasa nada: hurlinguense y hurlinghense suenan exactamente igual. Pero cuando se trata de escribir el gentilicio de quienes nacieron o adoptaron Hurlingham como su lugar de origen, es cuando se arma la polémica que viene de hace décadas y aún no fue saldada.

En las redes sociales, en los medios de comunicación y hasta en documentos oficiales, se usa una u otra palabra para señalar a quienes nacimos en esa ciudad del noroeste conurbano.

No obstante, mayoritariamente se ha optado por la segunda acepción: hurlinghense. Y hasta por una tercera, aunque minoritaria: hurlinghuense.

Pero, hasta donde se sabe –hasta donde yo sé, al menos-, más allá de algunas inocentes polémicas jamás se ha debatido seriamente el gentilicio correspondiente, adoptándose entonces cualquiera de las denominaciones señaladas, aleatoriamente o de acuerdo al gusto de cada uno.

Por ejemplo, hay quien sostiene que en realidad debería decirse hurlingense, dando el sonido fuerte a la «ge» y evitando todo tipo de controversia al respecto; o, como el amigo Janis Upenieks, que con toda su sabiduría solía argumentar a favor del hurlinghamense…

Creo que ha llegado la hora de asumir ese debate con cierta seriedad y, por qué no, alguna erudición más propia del periodista que del filólogo.

 

UN POCO DE HISTORIA

Vayamos a los orígenes de la localidad: en 1888 se fundó el Hurlingham Club, que le dio nombre a la estación del ferrocarril y por extensión al paraje que la rodeaba, en realidad habitado con tantos o más inmigrantes italianos y españoles que británicos, dedicados mayoritariamente a la agricultura en una zona que, hacia finales del siglo XIX, era todavía campo.

Pero el club local le debe su nombre al homónimo londinense: The Hurlingham Club. Según da cuenta esta entidad británica, a su vez toma su denominación a la llegada al lugar donde se ubica, a orillas del Támesis, de un barco con ‘hurlings’, esto es miembros del clan de ‘Hurla’, y allí establecieron su hogar, ‘ham’ o asentamiento: su aldea.

Vale suponer que aquel clan de origen celta realizaría alguna práctica similar al deporte que posteriormente cobró su denominación definitiva, el hurling, y que en algún momento de 1800 y principios del siglo XX tuvo cierta popularidad en Irlanda, en Inglaterra y en los Estados Unidos, y hasta en la Argentina, divulgado por los inmigrantes irlandeses. Pero esta parece ser otra historia.

OTRO POCO DE HISTORIA

Aquellos celtas ni se imaginaron que siglos después, un municipio distante más de 11 mil kilómetros de donde sentaron petates tomaría su nombre como denominación. Pero así fue. Y entonces es desde allí, desde algo así como 1.500 años atrás, que debemos analizar y debatir el problema, a saber: cómo se escribe el gentilicio.

Veamos la raíz del sustantivo, que está compuesto en realidad por dos palabras para nada inglesas: la primera gaélica, ‘hurling’, y la otra también anglosajona, ‘ham’.

En efecto, los celtas eran parte de los anglosajones, pueblos germánicos que en los siglos V y VI invadieron la Gran Bretaña; algunos de los cuales, como el clan ‘Hurla’, se establecieron cerca de lo que hoy es Londres. ‘Ham’, como se dijo, significa pueblo o aldea, por lo que Hurlingham significa ni más ni menos que aldea o lugar de los hurlings. En ese sitio se creó The Hurlingham Club y de éste tomó su nombre la entidad local y, por extensión, el Hurlingham bonaerense.

 

ETIMOLOGÍA, GRAMÁTICA Y FONÉTICA

La raíz del sustantivo es pues, ‘hurling’, y desde ahí deberíamos partir para establecer un gentilicio definitivo. Porque en lugares de la Argentina con denominaciones castellanas se parte del mismo punto: desde la raíz, para determinar lo que podríamos llamar «denominación de origen» de su población.

Que pertenecemos a un lugar o aldea o pueblo determinado (‘ham’) queda por sentado, se da por hecho. ¿A qué lugar? Al de los ‘hurlings’, y pese a quien a quien le pese cada uno de nosotros es un ‘hurling’, es decir un hurlinguense…, sin necesidad alguna de colocar una hache intermedia.

Debemos advertir también que las sílabas (o como sea que se llamen) «ghe» o «ghu» no existen –que yo conozca– en el idioma castellano, por lo que gramaticalmente resulta un gran problema escribir «hurlinghense» o «hurlinghuense». Habría que preguntarle a la RAE, en cualquier caso.

Y, para terminar, debe considerarse que, por otro lado, hemos castellanizado o mejor dicho argentinizado la pronunciación del nombre de nuestra localidad: no decimos «gerlingjam» (haches aspiradas en el inglés moderno), como sería lo correcto, sino lisa y sencillamente «urlingam» y hasta «urlingan…»

Por todo lo antedicho, creo que etimológica, gramática y fonéticamente corresponde el gentilicio hurlinguense para quienes nacimos allí y, a pesar de las coyunturales distancias que nos separan, seguimos y seguiremos siendo paisanos de Hurlingham.

Share Button

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *