
Por Rody Rodríguez.
Se cumplen 70 años de la apertura del Hipódromo de Hurlingham. Fue en 1956 que se fundó la Asociación Bonaerense de Trote y ese mismo año la flamante entidad firmó un convenio con el Ejército que le cedió el predio que está dentro del actual Partido de 3 de Febrero, pero que quedó identificado para los tiempos como uno de los lugares más tradicionales de Hurlingham.
Durante muchísimo tiempo a Hurlingham se lo conocía por su hipódromo. El hipódromo en el que se corrían carreras de trote, una competencia hípica pero en el que el caballo lleva un sulky conducido por un «driver» que tiene como objetivo ineludible que el caballo vaya al trote: «Si un caballo comienza a galopar, automáticamente queda descalificado»
En las décadas del 60 y gran parte de los 70, la concurrencia al Hipódromo era masiva. Muchos iban a apostar pero había familias enteras que elegían al Trote de Hurlingham como paseo, como recreo.
Cada domingo miles de personas colmaban «La Catedral», así se lo conoce aun hoy al hipódromo que curiosamente nunca fue de Hurlingham.
La identificación era absoluta pero el predio en el que se instaló -que era un terreno del Ejército- pertenecía al Partido de San Martín, y desde 1959 al nuevo distrito de 3 de Febrero.
¿Por qué le pusieron Hurlingham entonces? Porque el ingreso es sobre la calle Combate Pavón, en el límite de Hurlingham con el municipio vecino. Es más no hay manera de ingresar al hipódromo si ni es entrando por Hurlingham, además, toda la actividad secundaria del trote, hoy deteriorada por la situación económica (los studs, los empleados que tiene el hipódromo, varios propietarios de caballos, cuidadores, herradores, veterinarios y proveedores de alimentos para los equinos) se desarrolla casi íntegramente en barrio de Villa Club. No hay vínculo (salvo el geográfico que no es un tema menor) del Trote con 3 de Febrero.
Por eso no fueron pocos los reclamos para que el Hipódromo quede dentro de Hurlingham y hasta hubo intentos de modificar los límites del distrito, que están establecidos desde mediados del siglo XIX.

UN POCO DE HISTORIA
Las carreras de trote como competencia hípica en la Argentina comenzaron a desarrollarse hace más de un siglo. Esa actividad tuvo su origen en Francia y luego se extendió a Italia, Alemania e Inglaterra y cuando llegó a Estados Unidos fue furor.
Paul Maury, un turfman francés que llegó a la Argentina a principios del siglo XX y que vino con la idea de promover las carreras de trote, logró interesar a Antonio Santamarina y Bernardo Duggan, propietarios de haras que compraron caballos puros de trote, formando los primeros planteles.
Las primeras competencias se realizaron a mediados de la década del 20 en el siglo pasado en el desaparecido Hipódromo de San Martín y otras en el Hipódromo Independencia de Rosario.
Ese primer intento fracasó. El público no se sintió atraído por esa disciplina que parecía no tener destino. El trote no tenía la emoción del turf con finales «cabeza a cabeza» entre dos pura sangre corriendo a más de 60 km/h. El paso parsimonioso del sulky parecía no enfervorizar a los burreros. Pero ese desinterés no afectó a Santamarina y Duggan que varios años después volvieron a la carga con su idea de desarrollar el trote y en los años ‘40 lograron contagiar con su interés a Florentino Boero y principalmente a Hernán L. Ayerza, que se hicieron fanáticos de esa disciplina a tal punto que crearon la Asociación Argentina de Trote. Sin embargo el proyecto «se mancó» porque la caballada comenzó a venderse al exterior y a los pocos años casi no quedaban caballos.
Pero otra vez la perseverancia de un ya veterano Paul Maury, hizo que el trote reviviera, ahora acompañado por Pablo Iglesias y Rene de Wine fundan en 1952 la Asociación Bonaerense de Trote y se fijan como objetivo primordial «encontrar un lugar apropiado para correr y hacer conocer al público el deporte del trote» y el lugar ideal era la pista de carreras que ya estaba instalada desde hacía varios años y sin uso en el Campo Hípico San Jorge, en uno de los límites de Hurlingham. Era la pista de un hipódromo que tenía pensando instalar el presidente Juan Perón para competir desde el Estado con el Jockey Club. Después resolvió directamente estatizar los hipódromos de San Isidro y Palermo y la pista del San Jorge quedó inutilizada (ver nota en EL CLASICO N° 5 de junio 2025).
En 1956 el Ejército, propietario del San Jorge, firmó un convenio con la Asociación Bonaerense de Trote y le cedió el predio. Fue el gran impulso para el Trote en la Argentina.
El lugar se denominó Hipódromo de Hurlingham, popularmente se lo conocía como «El Trote de Hurlingham». Comenzaban los años 60 y con ellos el auge de una actividad que mantuvo su esplendor por más de 20 años.
Las jornadas de trote, como las del turf, se denominan «reunión» compuestas por seis carreras, pero el término «reunión», es más que adecuado para lo que ocurría en el predio de la calle Combate Pavón. Cada domingo era una fiesta familiar.
La fama del Trote puso en relieve a toda la ciudad de Hurlingham, aunque el hipódromo no estaba en Hurlingham.
La misma confusión ocurre respecto al lugar de pertenencia del Club Hípico Militar San Jorge ubicado al lado del hipódromo. En su página web, el San Jorge se autopercibe de Hurlingham, pero es el mismo caso del hipódromo: está en 3 de Febrero.
Más allá de consideraciones geopolíticas, para los vecinos de Hurlingham y fundamentalmente para los de Villa Club «el Trote fue siempre nuestro».
EL TROTE HOY
En la actualidad, y ya desde hace muchos años, la situación del Hipódromo de Hurlingham es muy delicada. Desde lo jurídico porque nunca emprolijaron la «tenencia» del predio. El viejo convenio entre el Ejército y la Asociación Bonaerense de Trote de 1956 caducó y desde hace décadas hubo una ocupación más que precaria del lugar, que casi se termina de la peor manera cuando hace algo más de un año el Ministerio de Defensa pretendía cobrar un canon varias veces millonario para que el Trote siga funcionando allí, mientras crecían los rumores sobre la intención del gobierno nacional de vender esos terrenos.
A esos inconvenientes legales se suman los económicos. La crisis no dejó afuera a la actividad del Trote, y cada vez son menos los que asisten a las reuniones, son menos los que apuestan y es menor el número de fuentes de trabajo relacionado al hipódromo.
Raúl Rojas, vecino de Hurlingham y uno de los mayores conocedores del mundo del trote, responsable de la página de facebook Varios Sulkys y Varios Sulkys TV www.youtube.com/@variossulkystv1530 afirma que «la pasión de los propietarios de caballos mantiene vivo al Trote».
Claramente se trata de una pasión muy poco rentable, la práctica de este deporte demanda una inversión alta, un potrillo puede costar entre 5 mil y 8 mil dólares; el sulky -que es una armazón de caños de aluminio sin costura, con ruedas de bicicletas y con un peso aproximado de 15 kilos-, puede costar cerca de los 5 mil dólares y la montura ronda los 1.200 dólares.
Esa inversión es enorme, más si se tiene en cuenta que el premio por una carrera ganada no supera los 150 mil pesos y es difícil que haya quien gane más de dos carreras en el mes.
Cuando se habla de la pasión de los propietarios que mantienen vivo al Trote, hay que mencionar a Ignacio Gutiérrez, hijo de Adela María Ayerza de Gutiérrez Maxwell (que fue presidenta del Trote) y nieto de Hernán Luis Ayerza, con cuyo nombre se bautizó al hipódromo de Hurlingham.
Los Ayerza son una de las 50 familias más ricas de la Argentina, son dueños, por ejemplo del Grupo Financiero Galicia.
Ignacio Nacho Gutiérrez, cultiva el perfil bajo, colabora con un grupo de propietarios que armaron una comisión que trata de «levantar» al hipódromo. Gutiérrez desea que el Trote resurja y quiere seguir disfrutando como «driver» del deporte que hicieron posible sus antepasados.
Los hermanos del bisabuelo de Nacho Gutiérrez, Francisco y Hernán Ayerza Zabala fueron pioneros en nuestro país en la cría de caballos árabes. Hernán Ayerza, gran promotor de los deportes hípicos en la Argentina, en el año 1892 hizo su primer viaje a Oriente junto a su esposa María Moreyra Álvarez para comprar en Damasco y en Constantinopla (la actual Estambul), los primeros caballos pura sangre, luego criados junto a su hermano Francisco.
En el país hay once pistas de trote, (cinco en la provincia de Buenos Aires) la de Hurlingham fue una de las primeras.
Colaboración de Rubén Cuervo Vázquez y de Raúl Rojas.
PUBLICADO EN EL CLÁSICO #16. Edición de mayo 2026.





