
Un relato en primera persona del recital de (tal vez) la mejor banda de la historia del rock argentino -con Charly García a la cabeza- en el Club Independiente de Hurlingham. El detalle de ese evento en una impecable radiografía de la época.
La Grasa de las Capitales inundó la calle Miranda en 1979
Por Horacio Magnacco.
1 / Pongamos blanco sobre negro: Serú Giran se presentó en vivo en el Club Independiente de Hurlingham. No, no fue un sueño. Fue Real. Lo hizo el 3 de noviembre de 1979 en la cancha de básquet del club de la calle Miranda, entre Pedro de Mendoza y Roca. La dictadura militar casi llegaba a su cuarto año en el poder, arrasando con todo a su paso con Videla a la cabeza. Mientras tanto en Hurlingham un grupo de estudiantes del colegio Cardenal Stepinac contrató a la banda a través de su manager Daniel Grinbank con el fin de recaudar un dinerillo que les ayudará a llevar adelante su viaje de egresa-dos. Lo hicieron en el Club Independiente que por aquellos años festejaba sus primeros 50 años de existencia. Hoy se acerca día a día al centenario.
2 / Pongamos dimensión a la historia: Las entradas para el show, (era 1979, no existía nada de ticketek, livepass, internet, nada de eso) eran un papel que te cortaban en la puerta al ingreso y vendían los estudiantes, las partían al medio sin más, no había memorabilia posible en ese papel apenas impreso, no hay recuerdo posible. Costaban $ 1.000.000 ley 18.188. Un palo. Si pensamos que el dólar en ese mes giraba en los $130.000 el costo fue de casi 8 dólares la unidad. Una ganga.
3 / Pongamos una escala posible a la historia: Era algo habitual en esos días que las bandas de rock se sumaran a ayudar a los colegios que deseaban irse en viaje de egresados. Eran épocas de vacas flacas, pocos grupos y solistas llegaban al contrato discográfico para editar, pocos lugares donde tocar y el movimiento del rock local seguía siendo un fenómeno subterráneo. Faltaba poco para que estallara su masividad y en 1979 tu abuela no sabía quién era Charly García, ni tu viejo, ni tu tía. Quizás tu primo, pero andá a saber.

4 / Serú Giran editó en octubre de 1979 su segundo disco, La Grasa de las Capitales, un excelente registro que describe como pocos el ambiente de época, La Grasa, recientemente remasterizado por Pedro Aznar, transmite magistralmente la pesadumbre, la oscuridad y la poca esperanza social que circulaba en la Argentina de esos tiempos. La banda había empezado con el pie izquierdo por lo menos para la prensa especializada. Después de la presentación del primer disco (1978/ titulado Seru Giran) todo fue empezar de cero, desde abajo, recorrer clubes, lugares chicos, haciendo el camino propio. 1979 los encuentra con un gran disco bajo el brazo y con una banda que día a día sonaba mejor.
Era algo posible y realizable la idea de contratar un recital para recaudar fondos de estudiantes secundarios, por un lado se trataba de fogonearse en escenarios, hacer una moneda que ayude y de paso colaborar con una causa a quienes eran el público principal y objetivo de las bandas, lo hacía Pastoral, León Gieco, Vivencia, Raúl Porchetto y tantos más. Más abajo podés escuchar de primera mano a un grupo de estudiantes de la promoción 79 del Nacional de Río Cuarto que trabajaron para ello (volvé rápido que esto sigue)
5/ Café Martínez, Hurlingham 2025. Contacto por primera vez con Eduardo Amaya. Él fue el factótum y el responsable del recital de Seru Giran en Hurlingham. Egresó en el 76 del colegio Cardenal Stepinac y desde ese momento trabaja para el colegio. Eduardo es músico y ya transitaba por los recitales hacía unos años, había visto a la banda en 1978, en Obras Sanitarias, cuando presentaron su primer disco con la compañía de una orquesta. Recuerda perfectamente cuando volvió escuchando en el Urquiza la grabación hecha en un casete de ese debut. En ese año 79 los egresados del Stepinac querían juntar para su viaje de egresados y Eduardo sugirió que un show de Seru Giran podría ayudarlos en esa tarea. «Hay un empresario que se llama Daniel Grinbank y es el manager, vamos a verlo». El Padre Jordán se preparó para una reunión con un empresario: camisa, corbata, pero se encontraron con un joven de 24 años que todavía estaba lejos de ser quien sería: dueño de la radio Rock and Pop y de la venida de los Rolling Stones, entre tantísimos otros. Se encontraron con un muchacho en bermuda y remera con el que acordaron la parte económica del acuerdo. Pusieron fecha: 3 de noviembre de 1979 en el Independiente de Hurlingham.
Las entradas se dividieron entre los alumnos que egresaban, tantas para cada uno, peeeeero… vendieron pocas. Nadie tenía mucha idea de quienes eran y que hacían esos Seru. Tan así que se pusieron a vender en la puerta, para quien pasara, para quien quisiera ayudar. Una chica se acercó rápidamente a un joven alto que bajó de un taxi sobre Avenida Roca al grito de «Señor, me compra una entrada para ver a Charly García??». El mismísimo Charly García rechazó con un gesto, el ofrecimiento.
6/ Roberto Castellani (Pelecho para todo el mundo) cuenta hoy que llegó al club muy temprano con su primo Dani, mayor que él, y que era la garantía ante sus viejos para poder ir a un recital. Allí se encontró con Totó y Quebracho, asistentes históricos del rock local, que estaban armando el escenario y que de puro mandado los ayudó tirando cables hacia la consola, que dirigía con maestría Héctor Starc, guitarrista de Aquelarre, como el sonidista del grupo. El entusiasmo rockero y su presente en el Industrial de Hurlingham lo llevó a cruzar unas palabras sobre donde estudiar sonido en Argentina de 1979. Con criterio de realidad Starc le dijo que no existía algo así, que si quería lo hiciera tirando cables y orejeando, la carrera profesional no existía en esos años.
Cuando estuvo cableado llegó el momento de la prueba de sonido: Eduardo, a cargo de la organización, cuenta que probaron tocaron «La Grasa de las Capitales» y «San Francisco y el Lobo», dos matices extremos para probar el sonido de un lugar complicado para sonorizar. Entre la puerta y el escenario, entre idas y vueltas los vio y sí, sonaron increíbles.
7/ El show: Llegué temprano, compré el ticket en la puerta, mi primer show con un grupo de primera línea y a la vuelta de casa: La ansiedad que manejaba era tremenda. Vi donde estaba ubicado el escenario improvisado: De espaldas a la calle Pedro de Mendoza, en la cancha de básquet, entrando a la derecha. Éramos pocos los que no estábamos trabajando, se notaba que había un ambiente bueno, de gente joven moviendo todo, el club se limitaba a dejar el espacio y el buffet. Allí los vi por primera vez personalmente, apuraban una cerveza en una de las mesas que miraban a la cancha. Eran Charly García, David Lebón y Oscar Moro. Un Sui Generis, un Pescado Rabioso y uno de Los Gatos. Los acompañaba María Zoca Pederneidas pareja de Charly y pocos más. Al rato (según apuntan Dani y Roberto Castellani) llegó Pedro Aznar, el más joven de los cuatro, con apenas veinte años, manejando un Ford Falcon celeste hecho pelota. Traía su bajo envuelto en una frazada con mucho cuidado.
Los músicos, a medida que fueron llegando hicieron camarín en un cuartito guarda pelotas que está al fondo del club, en la punta de la cancha de bochas. Allí se quedaron un rato hasta que arrancaron con el concierto.
Cuando llegó el momento subieron los cuatro gigantes al escenario de maderas de 4×5 metros. Cajones de Coca Cola utilizados como asientos y apoya instrumentos. Y fue una locura.
8/ Todos los testimonios hablan de lo mismo: cuatro músicos en su mejor momento, con un repertorio increíble, con una calidad sonora musical insuperable, pese a las dificultades de la cancha de básquet y con el condimento adicional de la localía hurlinghense que lo amplificaba a dimensiones espaciales. Siempre el orgullo catastral es fuerte y suma.
Sonaron todos sus clásicos hasta ese momento y fue una linda fiesta.
Todos los testimonios recogidos para esta nota hablan maravillas del show. Inolvidable.
9/ El rock nacional estaba a punto de dar un paso mayor, Un mes después se reuniría Almendra en unos conciertos memorables, más tarde lo haría Manal y la maquinaria iba creciendo día a día.
Seru Giran estaba recorriendo un año soñado en 1979, testigo de ello es la encuesta de fin de año de la revista Pelo, una publicación de las más prestigiosas junto al Expreso Imaginario, que daba a la banda como ganadora de la mayoría de los rubros: banda (¡73 % de los votos! algo se votaba por lo menos…), guitarrista, tecladista, bajista, baterista, compositor y grupo en vivo, sólo superados por Nito Mestre como cantante al frente de Los Desconocidos de Siempre y León Gieco como compositor del tema del año, «Sólo le pido a Dios». La revista dedica un párrafo especial que habla del recorrido de Seru en esos tiempos, su difícil comienzo y el fruto del trabajo, La Grasa de las Capitales «un álbum que retoma la energía y la poesía del rock que caracterizó a Sui Generis», y concluía con «Charly García está nuevamente en uno de los puntos más altos de sus últimos cinco años».
10 / Mi noche terminó de la mejor manera posible: con 13 años había visto a una de las más grandes bandas de la historia del rock local, en el club del barrio, cerca de casa y con una sensación de comunidad que nunca había sentido en mi vida, ese ambiente que ya generaba el rock local y que te hacía sentir parte, tan parte que no te daban ganas de irte.
Los Seru se apretujaron en el Renault Alpine que los trajo y partieron con rumbo desconocido.
Mientras me vuelvo a casa con toda esta sensación hermosa encima, lo veo a mi Viejo en la esquina que me dice «y Flaquito? estuvo bueno?»
Publicado en la edición de marzo de EL CLÁSICO.





