
El abogado del CECIM analiza el giro discursivo del Gobierno respecto a las islas. Denuncia un plan sistemático de entrega de recursos estratégicos alineado con corporaciones tecnológicas de Estados Unidos y advierte sobre el peligro de desmantelar las herramientas de soberanía nacional.
Jerónimo Guerrero Iraola es abogado e integrante del equipo jurídico del Centro de Excombatientes de Islas Malvinas (CECIM) de La Plata, una de las organizaciones más activas e influyentes en la defensa de la soberanía nacional y la memoria de la guerra de 1982. El CECIM se ha consolidado como un actor clave en la judicialización de los abusos cometidos por la dictadura y en la denuncia de la explotación ilegal de recursos en el Atlántico Sur. Recientemente, la entidad presentó una demanda penal contra las petroleras Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration por realizar actividades de exploración hidrocarburífera no autorizadas en la Cuenca Norte de Malvinas.
En esta entrevista en el programa ¿Cómo sigue esto? por Radio UNAHUR, Gerrero Iraola desmenuza el reciente discurso del presidente Javier Milei sobre la cuestión Malvinas, traza un crudo paralelismo histórico con los estertores del régimen militar de 1982 y detalla la silenciosa disputa geopolítica por los recursos que definirá el destino de la Argentina en el siglo XXI.
LA ANALOGÍA HISTÓRICA: DEL PASADO AL PRESENTE
—¿Qué primera impresión te generó el discurso presidencial sobre Malvinas?
— Nosotros lo caracterizamos como un «galtierazo». Hago una aclaración epistemológica porque cuando uno usa ese término —como me pasó recientemente en una entrevista con un periodista de Córdoba que se enojó muchísimo y dijo que era poco serio porque no vivíamos en una dictadura— hay que tener cuidado con morir de exceso de literalidad. Es bueno trazar analogías sin que ello implique decir que estamos directamente en una dictadura. Para justificar este título, me gustaría proponer unos cortes asincrónicos en nuestra historia contemporánea.
¿Por qué decimos que es un galtierazo? Si viajamos a 1977, a la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar de Rodolfo Walsh, vemos que en sus primeros cuatro puntos describe y denuncia la tortura, la desaparición, el exterminio y los vuelos de la muerte. Pero en el punto cinco aparece una genialidad de su periodismo comprometido. Dice algo que siempre me hace volver a esa lectura: «No son sin embargo estas las mayores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren… En la política económica de este gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que condena a millones de seres humanos a la miseria planificada». Como bien señaló el periodista Gustavo Campana, el terrorismo de Estado fue el primer acto de la política económica de Martínez de Hoz. Fue necesario desaparecer a 30.000 personas para imponer un plan que quebró la matriz productiva, sextuplicó la deuda externa y destruyó el tejido social.
Si damos un salto a marzo de 1982, el canciller argentino era Nicanor Costa Méndez. El 30 de marzo de ese año, los sectores organizados que quedaban en nuestra patria llevaron adelante la histórica marcha de «Paz, Pan y Trabajo». Allí se denunciaba el genocidio, pero también se decía: «Este plan económico de la plata dulce se acabó y el pueblo se está cagando de hambre». ¿Qué pasó apenas tres días después de esa movilización masiva? Leopoldo Galtieri se paró en el balcón de la Casa Rosada y pronunció su trágico y nefasto: «Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla». Usaron la causa Malvinas para tapar el desastre económico.
Si volvemos al presente, desde que Javier Milei asumió de espaldas al Congreso, arrancó una serie deliberada de actos de entrega de la soberanía y de quebranto de la base existencial y material de nuestro pueblo. Es ahí donde se conecta la analogía.
EL MITO DEL RELATO SOBERANISTA
—¿Cómo se traduce esa analogía del «galtierazo» en las decisiones actuales del Gobierno?
— Hay que plantearse una pregunta con honestidad intelectual: ¿Alguien puede creer seriamente que este es un presidente soberanista? Repasemos los hechos desde el 10 de diciembre de 2023: Intentó derogar la Ley de Tierras para permitir la extranjerización; propuso modificaciones que ponen en riesgo la protección de los glaciares; entregó el control de la vía troncal navegable del río Paraná; impulsó el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones); desmantela la base material del desarrollo en energía atómica; puso en jaque el futuro de empresas estratégicas como ARSAT e INVAP; fragmentó el CONICET y desfinanció las universidades nacionales; envió las reservas de oro del Banco Central a Inglaterra; firmó un memorándum de entendimiento con Estados Unidos para permitir que el Comando Sur patrulle nuestro Atlántico Sur; impulsó una reforma laboral que reedita formas de precarización extremas.
¿Este presidente, que lleva adelante un plan sistemático de entrega de la soberanía eslabón por eslabón, es el mismo que se para ante el mundo a decir que Malvinas ahora es una política de Estado?
Yo le preguntaría a Milei: ¿No será que te va mal en las encuestas porque tu plan económico es nefasto? Estamos viendo una tragedia social: familias sobre-endeudadas, pibes que se suicidan, los suicidios en jóvenes son la principal causa de muerte en la Argentina, los viejos los cagan a palos todos los miércoles y no les permiten acceder a los medicamentos y hasta Tini, la triple T, que no es tierra, techo y trabajo, es Tini, Tini, Tini, como dice Rebor, salió a decir que la patria no se vende, vos saliste a dar un golpe sobre la mesa pensando que podías sacarte y despojarte el ropaje de Vendepatria que ya lo tenés.
Es una revisión del galtierazo: usar la causa Malvinas para desviar la atención y retomar el control de la discusión pública frente a una gestión que se desgasta por su propia inconsistencia y crueldad.
ALINEAMIENTO AUTOMÁTICO Y GEOPOLÍTICA DE SILICON VALLEY
—El paralelismo con la dictadura resulta muy nítido en ese punto de quiebre. Pero más allá de usar esto para desviar la atención, en el discurso actual preocupan planteos como la creación de un Consejo de Seguridad Nacional. ¿Cómo interpretan este anuncio?
— Es un alineamiento total y automático con los Estados Unidos. En relaciones exteriores uno entiende que no se puede ser ingenuo, que para bailar se necesitan dos y que hay que interactuar con otros Estados. La pregunta central es el cómo, el por qué y el para qué. Y para responder eso, no se puede prescindir de la historia.
Desde el CECIM vemos una subordinación absoluta a las políticas de Donald Trump. Es hacerle los deberes a la nueva oligarquía global de Silicon Valley en su disputa contra China. En ese marco, Trump viene presionando fuertemente al Reino Unido por su rol en la guerra de Ucrania y porque recientemente no le facilitó las instalaciones de la base militar de Diego García, en el archipiélago de Chagos. Trump ha sido muy determinante con sus aliados de la OTAN, exigiéndoles que inviertan el 5% de su PBI en defensa si quieren seguir contando con su respaldo. En medio de esa tensión con Gran Bretaña, Trump deslizó que estaba revisando su posición personal en torno a la cuestión Malvinas.
—Da la sensación de que es una jugada de Trump para presionar al Reino Unido…
— Exacto, es una carambola a dos bandas donde nos usan como «pato de la boda» para presionar a Londres. Hay que leer el marco histórico: es la misma lógica de 1982, cuando el canciller Costa Méndez le aseguraba a la Junta Militar que Ronald Reagan nos iba a respaldar. Cuando finalmente hablaron por teléfono, Reagan fue tajante: dejó en claro que bajo ningún punto de vista iba a pelearse con el Reino Unido por la Argentina.
Los alineamientos internacionales no pueden ser infantiles. Estados Unidos juega su propio juego y busca reeditar la lógica de las zonas de influencia bajo una nueva versión de la Doctrina Monroe: «América para los americanos». La decisión que toma Milei es entregarse a ese diseño, aceptando que desde el Departamento de Estado norteamericano nos dicten la política interior, la exterior y una alarmante revisión de la doctrina de seguridad nacional dentro de nuestro territorio.
—Si el Gobierno realmente buscara defender la soberanía, ¿tenía herramientas previas para hacerlo?
— Totalmente. Si ahora le agarró este atisbo de «malvinero» y quiere endurecer las sanciones a las petroleras, la pregunta es por qué no lo hizo antes. La Ley Pino Solanas existe desde 2011 y fue modificada en 2013 para endurecer los castigos. La normativa ya prevé acciones legales no solo contra las petroleras que exploran ilegalmente la Cuenca Norte de Malvinas, sino contra toda su cadena de financiamiento, asesores técnicos y accionistas.
El letargo del Gobierno durante toda su gestión demuestra que el anuncio es pura puesta en escena. No le cabe otra adjetivación que la de un «galtierazo»: un manotazo de ahogado de un mandatario que no puede recuperar el control de la agenda pública y empieza a ver los estertores de lo que él mismo generó: una sociedad quebrada, fragmentada y que no aguanta más. Milei llegó al poder por errores propios y forzados del campo nacional y popular, pero como dice José Saramago: «Si hay algo malo en toda victoria es que no es para siempre, y si hay algo bueno en toda derrota es que tampoco lo es».
LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y LOS RECURSOS EN DISPUTA
—En el discurso oficial se plantea que estamos ante una Gran Bretaña en decadencia, pero ¿cómo repercute en el día a día y en la economía de los hogares esta entrega de recursos que permite el Presidente?
— Coincido en el diagnóstico de que el Reino Unido es un imperio en decadencia, pero la pregunta es qué hacemos frente a eso. La política de Milei es completamente errática: si concebís que es un imperio en decadencia, ¿por qué le entregás nuestro oro para que lo custodie en Londres? Hay algo muy contradictorio en esa dinámica.
Para entender el impacto real, primero hay que cambiar la perspectiva geográfica. Yo soy bonaerense hasta la médula, pero no dejo de subrayar que la provincia más significativa para la Argentina del siglo XXI es Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Es una provincia bicontinental, la más grande en extensión y representa el verdadero centro geográfico de nuestra patria.
Hoy estamos viviendo una transición global que llamamos la Cuarta Revolución Industrial. Esta transformación, basada en la inteligencia artificial, el imperio de los datos, el software y los servicios, tiene un correlato estrictamente material que la sostiene: servidores, cables subacuáticos, infraestructura, pero sobre todo agua dulce, energía eléctrica y minerales críticos (cobre, oro, silicio, cobalto, litio, uranio y tierras raras). Quien domine esa cadena de suministros tendrá una posición preponderante en la reorganización del mapa global.
La Argentina tiene absolutamente todo lo que el mundo en transición necesita y va a disputarse: enormes cantidades de energía por miles de fuentes, desde hidrocarburos, petróleo, gas, hasta energía eólica, energía solar, energía nuclear, energía mareomotriz, biomasa, lo que se te ocurra, o sea Argentina es una bomba en términos de posibilidad de producir energía y Argentina tiene una bocha, un montonazo de minerales críticos, tenemos todo lo que acabo de denunciar que es necesario para la industria de los microchips, que es la cadena de suministros (de la IA, bajo esa premisa Argentina tiene también algunos factores adicionales, Argentina es productora de alimentos, producimos proteína y esto es recontra importante, Argentina es tierra de paz, por lo cual no tenemos grandes conflictos étnicos, bélicos, no nos matamos entre nosotros, Argentina tiene todos los climas, todas las aguas, todos los cielos, todos los soles y esto es impresionante también y sobre todo Argentina tiene un componente adicional que es la enorme cantidad de talento. Cada vez que abrimos un portal del mundo vemos un argentino en Argentina rompiéndola toda en lo que sea, desde la pelota paleta, hockey, automovilismo, ciencia, técnica, cultura, lo que sea
Entregar el control de estas riquezas no es una discusión abstracta: es vaciar el futuro de las familias argentinas y resignar la posibilidad de un desarrollo soberano que mejore la calidad de vida en cada hogar.
EL FUTURO EN JUEGO: DE LA ESCASEZ A LA ABUNDANCIA
—Mencionabas que esto impacta directamente en el futuro del país. ¿Cuál es el cambio de paradigma económico y político que se viene?
— El gran cambio de paradigma que se viene, y que se vincula directamente con el modelo de los hermanos Milei, es pasar de pensar en una economía de la escasez a una economía de la abundancia. En la Argentina, en unos años, van a sobrar los dólares; se va a terminar el histórico problema de la restricción externa. Por lo tanto, la gran discusión política hacia mediados del siglo XXI no será la falta de divisas, sino cómo generamos un dispositivo redistributivo. El desafío es lograr que la apropiación de todo lo que tenemos no quede en manos de cinco vivos, sino que sirva para que ningún pibe en la Argentina se vaya a dormir con la panza vacía y ningún jubilado sufra por no poder acceder a sus medicamentos. Se trata de usar esa riqueza para mejorar la infraestructura escolar, pagarle bien a los docentes y potenciar nuestro sistema científico y universitario.
— ¿Cómo se conecta esa disputa distributiva con la soberanía sobre Malvinas y la Antártida?
— Si no entendemos que la soberanía es el vector transversal —junto con la justicia social y la redistribución— que va a cruzar este siglo, no vamos a comprender dónde está la verdadera disputa política. Hablar de soberanía es pensar qué mecanismos y capacidades tiene el Estado para tomar decisiones estratégicas. Si el Estado se despoja de esas herramientas, no tendremos cómo hacer que las cosas sucedan y la concentración de la riqueza seguirá profundizando la pobreza.
Milei les está haciendo los mandados a empresarios globales como Elon Musk, Mark Zuckerberg, Peter Thiel y Alexander Karp. Ellos forman la nueva casta corporativa estadounidense que presiona para avanzar sobre zonas de influencia y garantizarse el control de las cadenas de suministro.
Frente a eso, nosotros proponemos lo contrario porque conocemos la experiencia real del colonialismo. Yo estuve en Malvinas el año pasado; sé lo que es desembarcar en una base militar británica y ver que tenemos el 25% de nuestro territorio nacional ocupado. El colonialismo existe y lo vi ahí. Por eso debemos tener una estrategia soberana a mediano y largo plazo. Malvinas, la Antártida e Islas del Atlántico Sur son la prenda del futuro. Si somos capaces de diseñar políticas de Estado inteligentes y una estrategia general de desarrollo basada en todos los recursos que nos han sido dados, podremos redistribuir la riqueza y generar las condiciones para que nuestro pueblo viva con plena dignidad y justicia social.





