Julián Domínguez: «Entregar el INTA para negocios inmobiliarios es de una perversidad sin límites»

En diálogo con el programa “¿Cómo sigue esto?” por Radio UNAHUR, el exministro de Agricultura y expresidente de la Cámara de Diputados analizó la crisis nacional, cruzó con dureza los planes inmobiliarios oficiales sobre las tierras locales y dejó un fuerte mensaje hacia la interna de su propio partido: «El peronismo tiene que ser eco de la voz del pueblo, no de los alcahuetes».

Por Rody Rodríguez y Maru Pampín.

– La situación social y económica golpea fuerte. Como militante y exfuncionario, ¿cómo sigue esto?

– Vos decís, “la Argentina duele por donde la toques”, pero también hay esperanza por donde la toques. Las dos cosas. La mejor manera de salir de esta situación es convocar a la esperanza, que tiene que ser un anticipo del futuro. Esta Argentina no nos la merecemos. Nosotros somos una generación que sabemos lo que queremos, que cuando nos tocó gobernar, gobernamos para la mayoría. Nosotros no nacimos para relatar las dificultades, nacimos para transformar la realidad y cada uno en el campo nacional y popular debe dar respuesta de lo que hizo por la patria. El que pensó en sí mismo que se haga responsable y merece el más profundo de los repudios, pero eso no cambia la orientación y el sentido de lo que fue el liderazgo y el gobierno de Cristina. A mí la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, siendo presidente de la Cámara, no me hizo votar una sola ley en contra del interés del pueblo y ese es mi orgullo, como argentino. Tuvimos una derrota cultural: los propios actores de esa construcción no supimos defender lo que hicimos y nos creímos el relato que construyeron en torno a nosotros.

– Frente a esta «derrota cultural», ¿cuál es el camino para reconectar con los vecinos en los barrios, esquivando las discusiones de la cúpula política?

– Si sos dirigente del peronismo tenés que ser del pueblo. Si no sos del pueblo y no representás sus intereses, si nos estamos haciendo esa pregunta, quiere decir que seguramente quienes nos representan no representan al pueblo. No hay vuelta. Muchas veces los dirigentes están mucho más atrás de lo que está el pueblo. Y seguramente si quienes nos representan están a la altura de lo que como pueblo queremos y sentimos, darán la respuesta que necesitan. Si no, es mejor que ni se presenten ni lo intenten. En el peronismo el liderazgo exige ejemplo.

Yo viví tres momentos apasionantes en mi vida política. Uno con Eduardo Duhalde, luego Néstor Kirchner y con Cristina, los vi defender la causa del pueblo, la causa que hizo que la gente tenga un poquito de bienestar, viviera un poco mejor y todos fueran considerados personas en una sociedad construida sobre la base de la solidaridad.

– Recientemente hubo reuniones de los principales referentes del peronismo bonaerense y nacional. ¿Cómo ve esos acercamientos?

– Si no son capaces de juntarse los dirigentes que tienen responsabilidad detrás de su espalda, no pueden conducir la Argentina. Esa es la condición básica. Si en el peronismo no entendemos que tenemos que ir a un acuerdo de las fuerzas nacionales para poder volver a interpretar un proyecto de desarrollo autónomo con capacidad de autodeterminación, estamos fritos. Vale más que no nos presentemos. Es muy simple: si no tenemos capacidad de conducir lo de adentro, ¿a quién vamos a conducir en la sociedad?

El pueblo le exige al peronismo un liderazgo en el cual pueda confiar y reflejarse. Muchas veces el pueblo no tiene más confianza que Dios y la creencia en que mañana puede ser mejor a partir de la conducta personal y política de su dirigente.

La unidad es la del poliedro de la que habla el Papa Francisco, es decir, el poliedro necesita de todo. Si queremos transformar la acción política al servicio del bienestar del conjunto del pueblo argentino es con los que piensan como nosotros y crear las condiciones para que quien no piensa como nosotros no haga las macanas que está haciendo este gobierno.

– Cambiando de tema, Hurlingham tiene en su territorio una parte fundamental del INTA Castelar. ¿Qué lectura hace del objetivo del Ministerio de Desregulación sobre estas tierras?

– La verdad es que forma parte de la destrucción de todo el patrimonio de lo público, de la historia acumulada por el Estado argentino. Ese predio está destinado al desarrollo científico. El Estado no se puede desprender más de sus tierras. La privatización de los pocos espacios públicos que quedan es demencial, no tiene explicación. Solamente es entregarle el Estado a su grupo de amigos para negocios inmobiliarios. Es una vergüenza deplorable.

– ¿Cree que falta una reacción más visible para defender este tipo de organismos tecnológicos?

– Antes que el vecino común, sería bueno que quienes forman parte del INTA pongan la cara, se movilicen y defiendan lo propio. Que los que conocen el INTA y quienes se beneficiaron con él puedan levantar la voz. No hay posibilidad de progreso y de desarrollo en el siglo XXI si no es a través de las capacidades científicas del sector público. Lo importante es que los dirigentes lo tengan claro y que quienes trabajan allí defiendan la institución. A veces se callan por cobardía. Los negocios inmobiliarios no han tenido reparo y la política ha sido tremendamente cobarde en no ponerle límite.

– Otra bandera histórica es la Ley de Tierras. Con el actual escenario de desregulación impulsado por el Poder Ejecutivo, ¿qué riesgos reales corren los recursos naturales?

– La Ley de Tierras definía a la tierra como un recurso estratégico no renovable y no como un activo financiero. De lo contrario, terminaríamos en el CIADE y ya sabemos cómo terminan los conflictos en tribunales internacionales para la Argentina. Fíjate qué hubiese pasado con el decreto de Milei si venía un fondo y decía: «compro las Malvinas, las Malvinas son mías». Lo que pretenden es crear un nuevo territorio dentro del propio territorio de la nación. Hoy el nuevo componente no es solamente agua dulce y alimentos; es la energía que se necesita para abastecer a la inteligencia artificial, y ese proyecto tiene como destino la Patagonia. Estamos anticipándonos a la seria posibilidad de ser fragmentados territorialmente.

– Para cerrar, usted suele defender fuertemente la figura de Cristina Kirchner, pero en su análisis también incorpora la gestión de Eduardo Duhalde en 2002. No es una combinación muy común de escuchar en el debate actual.

– ¿Sabés cuál es el problema? Las mezquindades personales de actrices de coyuntura hacen que nosotros perdamos la verdad histórica. Si sos alcahuete de los dirigentes y complaciente con ellos, tratás de decir lo que quieren escuchar los grupos de alcahuetes. Pero al peronismo le ha ido muy mal con eso. El peronismo tiene que ser eco de la voz del pueblo. Y lo cierto es que Duhalde agarró un quilombo en la Argentina que lo resolvió en acuerdo con el radicalismo. Aquel acuerdo de unidad nacional hizo que el país no se interrumpiera institucionalmente ni se desintegrara. Cuidaron a la sociedad, no la tiraron a la hoguera de los fondos extranjeros como hace Milei. Sobre esa base después vino Néstor y pudo continuar Cristina. Quien quiera presidir la Argentina para que le vaya bien tiene que tener la capacidad de conducir al conjunto, ser del pueblo y defender un solo interés: el de la mayoría.

📌 Protagonista de la creación de UNAHUR

Durante la entrevista, Julián Domínguez recordó la trastienda de la creación de la Universidad Nacional de Hurlingham hace poco más de una década, cuando ocupaba la presidencia de la Cámara Baja. “Impulsada por Juanchi Zabaleta, el proyecto había llegado a un punto donde la decisión era no aprobar más universidades. Me tocó a mí hablar con la presidenta en aquel momento (Cristina Kirchner), y con el ministro de Economía (Axel Kicillof), que no querían saber nada, convencerlos y finalmente autorizaron», rememoró.

Al ser consultado sobre el presente de la institución, que ya supera los 40.000 estudiantes matriculados, el exministro dejó un mensaje contundente para la comunidad educativa: «Sería bueno que los alumnos conocieran que los que votaron en contra de la creación de la universidad son los que hoy están gobernando con el PRO y con la Unión Cívica Radical». Para Domínguez, mantener activa esa memoria es clave: «Está muy bueno no perder la conciencia de qué lado está cada uno».

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