Los trabajadores de la Clínica Sagrado Corazón buscan crear una cooperativa

El dueño, Germán Merech, levantó un muro para evitar que ingresen a la clínica, pero los trabajadores lo terminaron derrumbando.

Gustavo Scardacione, técnico radiólogo y delegado gremial de la Clínica Sagrado Corazón informó que trabajadores de ese centro de salud gestionan con el Registro Nacional de Empresas Recupera-das, para transformarlo en una cooperativa.

«Estamos bien asesorados, tenemos ganas de trabajar y tenemos la capacidad para hacerlo. Somos profesionales que hace mucho estamos en esto. Sabemos que es difícil, pero lo vamos a lograr», afirmó Scardacione al portal de noticias No Ficción.

La decisión de los trabajadores de recurrir a ese organismo de-pendiente del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social del  Ministerio de Desarrollo Productivo es una de las últimas alternativas que tienen para recuperar sus trabajos en condiciones dignas.

Hay 120 empleados de la Clínica que se resisten a abandonar los puestos de trabajo, aunque están obligados a reducir tareas para buscar otros ingresos.

Los conflictos entre trabajadores y la patronal vienen de larga data.

«Son más de 30 años de desastre» había asegurado hace unos años a El Ciudadano, Jorge D’Andrea, Secretario General de ATSA-Hurlingham (Asociación de Trabajadores de la Sanidad  Argentina) y señaló a la cabeza visible de la empresa, Ricardo Merech, del que dijo: «no le importan los trabajadores, ni los representantes gremiales y mucho menos los pacientes».

La precarización laboral, los atrasos en los pagos de salarios, el aguinaldo siempre postergado, la falta de pago de aportes patronales y muchos empleados sin cobertura ART son algunas de las características de la clínica ubicada en Riccheri 1634, a pocas cuadras de la estación de Hurlingham

La Sagrado Corazón, fundada por Ricardo Merech en 1965, tuvo en los últimos años como principal ingreso, o tal vez el único, el que provenía de los fondos de los jubilados y pensionados, por ser prestador exclusivo en Hurlingham de PAMI.

En mayo pasado tras dos auditorías con resultados desastrosos (que ubicó a la Sagrado Corazón como la peor clínica de la provincia de Buenos Aires), el PAMI decidió dar por finalizado el vínculo con la empresa de salud y trasladó a afiliados a esa obra social que estaban internados allí, a otras clínicas.

En la entrevista hecha por No Ficción, Gustavo Scardacione contó que desde entonces «lo único que cobramos fueron los ATP (…) nos aguantamos tanto tiempo cobrando 2 mil o 3 mil pesos por mes».

«En el municipio, hay muy pocas camas de internación. Están las del Hospital y antes estaban las de otro sanatorio que ahora trabaja con internaciones externas. Es muy triste tener este Elefante Blanco acá con 100 camas sin usar, con la necesidad que tiene la sociedad, en medio de una crisis sanitaria como la que vivimos», agregó Scardacione.

La clínica cuenta con tres pisos de internación, una guardia con 10 camas, laboratorios, rayos, tomografías, cuidados especiales, dos quirófanos, equipos de oxígenos propios, entre otros elementos.

Solo quedó en funciones un laboratorio, que tuvo un fuerte trabajo con los análisis de muestras de Covid-19. Para esto, también debían concurrir a trabajar el personal de limpieza y seguridad, sin percibir salario alguno.

CAMINO AL CIELO

A lo largo de los años la crítica de pacientes y de familiares de pacientes por graves falencias en la atención en todos sus servicios fue en aumento, a tal punto que la clínica fue rebautizada  popularmente como «camino al cielo», por el destino inexorable para quien debía ser internado allí. Humor negro para graficar el nivel de desconfianza de los pacientes y familiares.

DERRIBANDO MUROS

Desde 2015, Merech acordó que el manejo de la Clínica quedara en manos de Mercedes Martínez, con muchos años en el rubro y no pocos conflictos acumulados.

No  Ficción publicó que en el pasado mes de noviembre, Germán Merech, hijo de Ricardo, levantó un muro en la entrada para evitar el ingreso a la clínica y a los trabajadores les dijo: «La clínica no va más y yo a ustedes no les debo nada».

Frente a esto, los trabajadores tiraron la pared abajo y se metieron en la clínica en resguardo de las herramientas y de las fuentes de trabajo.

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