Palabras y relatos con los que las nuevas derechas disputan el sentido común y el vocabulario

Durante una entrevista a Steven Forti, historiador y coordinador de «El vocabulario de la extrema derecha», la obra colectiva publicada por Le Grand Continent, que reúne a especialistas de distintos países para analizar las palabras, conceptos y relatos con los que las nuevas derechas conquistan primero el lenguaje y después el poder, sostiene que «La puerta de entrada a la extrema derecha es el lenguaje».

Por Marcelo Valente/

Antes de conquistar gobiernos o ampliar su representación parlamentaria, la extrema derecha conquista algo menos visible, pero igualmente decisivo: el lenguaje. Esa es la idea que atraviesa «El vocabulario de la extrema derecha», el proyecto editorial que Le Grand Continent publica por entregas y que reúne a historiadores, sociólogos, politólogos y especialistas en lenguaje político de distintos países europeos con un objetivo común: rastrear el origen, la evolución y los nuevos significados de las palabras que hoy moldean buena parte del debate público.

Para Forti, estudiar ese vocabulario supone cambiar el foco desde el que tradicionalmente se ha observado a la extrema derecha: durante décadas la atención se concentró en los partidos, los programas, los liderazgos o el comportamiento electoral, pero el verdadero punto de inflexión suele producirse mucho antes.

«La puerta de entrada a la extrema derecha es el lenguaje», sostiene. La aceptación social de esas fuerzas comienza cuando determinadas ideas dejan de parecer extremas y pasan a ser percibidas como opciones legítimas dentro del debate democrático.

El fenómeno puede observarse en buena parte de Occidente. Forti recupera una reflexión del politólogo neerlandés Cas Mudde: durante la Guerra Fría, la extrema derecha era considerada una «patología normal» de las democracias occidentales, una presencia marginal pero persistente. Desde la década de 1990, esa relación comenzó a invertirse hasta desembocar en lo que Mudde denomina una «normalidad patológica»: discursos antes confinados a los extremos ingresan progresivamente en el espacio público y dejan de generar el rechazo que provocaban décadas atrás.

Uno de los conceptos que mejor describe ese desplazamiento es la llamada «ventana de Overton». Forti menciona el caso de Peter Thiel, quien celebra que esa ventana se haya ampliado como nunca antes: «Ideas que antes eran consideradas inaceptables hoy forman parte del sentido común e incluso llegan a incorporarse a la legislación», advierte.

Glosario revelador

El glosario no pretende prohibir palabras, sino mostrar lo que estas ocultan. Por eso sus entradas no se limitan a conceptos abiertamente asociados con la extrema derecha, sino que también incluyen expresiones del vocabulario político cotidiano, como «globalismo», «marxismo cultural», «declive de Occidente» o incluso «libertad de expresión». Ninguna de ellas es problemática por sí misma: lo relevante es el uso que determinados actores hacen de esos términos y el relato político en el que quedan insertos.

Forti sostiene que buena parte de esas narrativas comparten una misma arquitectura: todas construyen una frontera entre un «nosotros», presentado como moralmente superior y único representante legítimo de la comunidad, y un «ellos», convertido en una amenaza permanente. Uno de los ejemplos más elocuentes es la resignificación de la «libertad de expresión», utilizada por determinados sectores, especialmente dentro del movimiento MAGA en Estados Unidos, para legitimar discursos de odio y presentar cualquier intento de establecer límites legales como una forma de censura.

Viejas narrativas agiornadas

La extrema derecha contemporánea no es una simple reedición del fascismo de los años veinte y treinta. Existen continuidades, pero también profundas transformaciones. Muchas de las narrativas que hoy reaparecen llevan más de un siglo circulando, pero nunca regresan exactamente iguales: cambian de contexto, de protagonistas y de lenguaje, adaptándose a las preocupaciones de cada época sin perder su núcleo ideológico.

Para explicar ese fenómeno, el equipo recurrió al concepto de «rizoma» de Deleuze y Guattari: a diferencia de un árbol, que crece desde un único tronco, el rizoma se expande mediante múltiples conexiones, se bifurca, reaparece y establece nuevos vínculos. Uno de los casos más ilustrativos es el del «gran reemplazo», teoría conspirativa cuyos antecedentes pueden documentarse desde finales del siglo XIX y que hoy es una de las principales consignas de la extrema derecha contemporánea.

Nuevas herramientas comunicacionales

Si la historia explica de dónde provienen esas narrativas, la revolución digital ayuda a entender por qué hoy circulan con tanta rapidez. Las nuevas derechas han incorporado un repertorio de herramientas comunicacionales que excede ampliamente la propaganda política tradicional: trolling, shitposting, bots, sockpuppets, astroturfing y la estrategia de Steve Bannon de «flood the zone with shit».

A ellas se suma el impacto de la inteligencia artificial, capaz de generar perfiles automatizados que dificultan distinguir una conversación auténtica de una diseñada para influir sobre la opinión pública. Entre todas esas estrategias, Forti concede especial importancia a la «guerra memética»: su eficacia reside en su apariencia inofensiva, ya que las ideas extremistas rara vez se presentan como doctrinas cerradas, sino disfrazadas de humor, ironía o provocación.

Causas del avance de la extrema derecha

Forti reconoce que el avance de la extrema derecha responde también a causas materiales, pero insiste en que ninguna de esas condiciones produce automáticamente adhesión política. «La desigualdad por sí sola no empuja al voto extremista. Lo hace un relato que se aprovecha de esa desigualdad», explica. Esa estrategia conecta con la tradición metapolítica de Alain de Benoist y la Nueva Derecha francesa: conquistar primero la hegemonía cultural para hacer posible, más tarde, la hegemonía política.

Pero también formula una autocrítica dirigida a las fuerzas democráticas: si ese lenguaje ha ganado tanto terreno, no es solo por la eficacia de la extrema derecha, sino también por la debilidad de los contra-relatos, muchas veces reactivos y defensivos. «Solo una ciudadanía informada puede defender los principios democráticos. El conocimiento es el primer paso para desenmascarar las ideas extremistas. No es el último, sino el primero», concluye. (*) Periodista.

//InfoGEI

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