«Un golpe a la salud pública» el Hospital Posadas bajo la dictadura

Por Hernán Quinteros*

La historiadora y escritora de Ituzaingó, Teresa Eggers Brass es autora de «Un golpe a la salud pública», el Hospital Posadas bajo la dictadura 1976-1983, un libro que intenta responder por qué el Posadas, que fue concebido con el objetivo de constituirse en un modelo de atención sanitaria, se transformó, durante la última dictadura argentina, en un centro de horror. En la entrevista, la autora desarrolla también detalles de la historia del Sistema Nacional Integrado de Salud.

Teresa Eggers-Brass, continúa con su labor docente en el ISFD Nº 45 de Haedo, en la carrera de Historia. Es autora y coautora de más de 15 libros de texto para el nivel medio de diversas materias: Historia, Derechos Humanos y Ciudadanía, Educación Cívica, Introducción a la Ciencia Política, Cultura y Comunicación, y Ciencias Sociales.

-¿Cómo es que se te ocurre escribir acerca de lo sucedido en el Hospital Posadas entre los años ’76 y el ’83?

-Eso fue culpa de mis alumnos y alumnas. La primera vez que me mencionaron sobre el Hospital Posadas fue en el Colegio Aupi y fue la nieta de la madre del Negrito Avellaneda, Iris Avellaneda, mientras investigábamos para Jóvenes y Memoria, en el 2003/04.

En el 2006, para los 30 años (del 24 de marzo), el gobierno hizo dos proyectos, uno a nivel nacional y otro a nivel provincial, para que los profesorados investigaran, y uno de mis alumnos dijo «yo quiero investigar sobre el Posadas, porque yo jugaba a los 12 años en el patio del Posadas y después me empezaron a echar, era una patota, y decían que había algo raro». Otra de las alumnas tenía una hermana que trabajaba en el Hospital Posadas y se comunicó con alguien que estaba con la asociación de profesionales, así me prestaron dos carpetas de fotocopias de documentos que los tenía que mirar y a la semana devolver. Entonces, fotocopié todo para trabajar con los alumnos.

En unos de los documentos, noté que uno de los que había estado preso en el ’76 era el doctor Daniel Manigot, que yo lo conocía porque era padre de una compañera de mi hijo. Otro de los chicos del curso conocía a Cristina Flujer, que estaba en DDHH del Posadas. Entonces, en ese momento, le pedía a Manigot que fuera al curso. Vino al profesorado 45, en Fasola y Gaona, y le hicimos una entrevista, luego fuimos a entrevistar a Cristina con otros dos alumnos.

En base a esas dos entrevistas y a la lectura de los documentos hicimos el trabajo. Uno de los chicos lo presentó en un encuentro que se hizo en el colegio Bernasconi en Capital y otro en Chascomús, en un encuentro que se hizo con todos los profesorados de la provincia que habían participado de ese proyecto.

Ellos no siguieron la investigación luego de recibirse, entonces, les dije que si no lo hacían ellos, lo seguía yo. Y, en 2008, empecé a buscar más contactos y a hacer entrevistas a rabiar, me atendieron muy bien, me iban recomendando unos a otros, hice más de 20 entrevistas.

Me inscribí en el doctorado en la UBA, me aceptaron el tema, empecé a presentar trabajos sobre el Hospital Posadas en congresos. Hice varios trabajos, pero en el momento en el que tenía que empezar a concretar la escritura estuve tres años con serios problemas de vista, había perdido prácticamente la visión de un ojo y no podía leer, luego  tuve tres operaciones muy importantes y recuperé la vista. A partir del 2015 empecé de nuevo, había pedido una prórroga en el doctorado pero no llegué a tiempo porque seguía con el profesorado y con la Editorial.

Cuando me jubilé dije «no voy a hacer ningún trabajo para la editorial», y el año pasado me dediqué solo a la escritura del Hospital Posadas. Fue un año intensísimo pero, finalmente, lo terminé.

-En la introducción del libro decís que querés encontrar respuestas a una serie de preguntas. Con toda la investigación desplegada, ¿las encontraste?, ¿crees que quienes lean el libro van a poder elaborarlas?

-Sí, yo creo que sí. Hay muchas más. Me decía la hija de un desaparecido: «faltarían las presas». Yo entrevisté a dos detenidas desaparecidas que fueron liberadas. Pero a  casi todos los que entrevisté fueron hombres. Por los contactos que me pasaron. Me acuerdo que había una que quería que la entreviste y, la verdad, es que no llegué a tiempo y luego murió. Lo que pasa es que uno, en una investigación tiene que hacer las entrevistas con posibilidad de seguir enriqueciendo lo que uno tiene en vista. Y cuando llega un nivel de saturación hay que terminar con las entrevistas porque si no es imposible. Uno no puede entrevistar a todo el mundo que sabe algo. Entonces como en ese momento no tuve tiempo me quedó eso sin hacer…

-¿Crees que existe una conexión entre toda esta historia del Hospital Posadas, cómo fue concebido para la excelencia, y el pedido de Cristina Kirchner en La Plata, de articular a todo el sistema de salud?

-Bueno, el proyecto del Hospital Posadas fue de Jorge Taiana, no de Ramón Carrillo. Carrillo tenía el proyecto del Sistema Nacional Integrado de Salud. Algunos dicen que sí, que se logró con Carrillo. La otra posición sostiene que había un sistema para los carenciados y otro sistema para los trabajadores. Las obras sociales, los sindicatos empezaron tener sus clínicas, entonces el lugar de salud del trabajador estaba en el Hospital Ferroviario, por ejemplo. Y según Perón, los hospitales, que tenían todo lo necesario eran para los que no tenían un trabajo estable. Para los que estaban fuera del sistema sindical. Evita, con la Fundación Evita, hizo proyectos como este de Taiana, que tenían que ver con la excelencia para los más humildes. Porque el Hospital Posadas se estaba dedicando a los tuberculosos y los tuberculosos, en general, eran los más humildes. Y, ¿por qué hacer un centro con mármoles, manijas de bronce, con tremendas salas de internación con balcones? Esas salas de internación después se dividieron por la mitad porque eran mucho más grandes de lo que suelen ser.

La cuestión es que, cuando cayó Perón, todo ese proyecto terminó y, según el doctor Aldo Capesse, que es un bioquímico de Merlo, el Hospital Posadas se salvó de ser otro Warnes, porque lo estaba haciendo una empresa constructora que tenía nexos con los de la Revolución Libertadora. Pero como el hospital estaba casi terminado y lo tenían que entregar, lo terminaron.

Dicen que no se dedicó a tuberculosos, porque cuando se terminó, en el ’58, los tuberculosos no estaban casi tratados por internación, sino por antibióticos. El doctor Amadeo Barousse cuenta que él y otros recomendaron que fueran institutos de investigación de la salud. Después, con Arturo Frondizi, pensó en hacer algo un poco más popular y pusieron bachilleratos para salud pública y se puso una oficina de la Organización Panamericana de la Salud. Después, en la época de Juan Carlos Onganía decidieron que iba a ser un policlínico, un Hospital Nacional de Agudos.

El que quería hacer un hospital era en red Barousse y cuenta que se encontró con mucha traba de otros hospitales. Barousse quería hacerlo para la excelencia, en red, pero para tenerlo para la excelencia quería que los médicos estuvieran 8 horas. Entonces contrató a muchísimos ex residentes para que tuvieran su casa ahí. Y bueno, muchos se fueron mudando cerca. Además, los ex residentes eran jóvenes, y los jóvenes muchísimos estaban en la militancia en la década del ’70.  Ellos y ellas fueron con-tratados entre el ’72 y ’73.

Quienes lucharon por un Sistema Integrado de Salud fueron estos médicos y algunos que no eran médicos de los años ’72 y ’73. Ese era un sueño de la juventud peronista. Daniel Gollán y Cristina Kirchner eran de la juventud peronista. Era un ideal.

La ley se hizo en el ’74 finalmente, pero tras la muerte de Perón, José López Rega dejó aplicar el Sistema Integral de Salud en los lugares donde había competencia para lo estatal, o sea, en provincia con sistemas de obras sociales y privadas casi nulos. Ginés González García fue director general del Sistema Nacional de Salud de San Luis en 1974, y allí aplicó al sistema nacional integral de salud.

*Revista Periodismo por Venir. REVISTA PPV.

Foto: Malén Quinteros

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