Con una carta abierta, Casolati se despidió de Felices los Niños

El gobierno provincial decidió cerrar la Fundación Felices los Niños. El cierre se da en medio de polémicas y acusaciones cruzadas.

(ver https://www.hurlinghamaldia.com/gobierno-maria-eugenia-vidal-decidio-clausurar-la-fundacion-felices-los-ninos/)

Frente a una decisión inexorable, el presidente de la Fundación, Juan Manuel Casolati dio un paso al costado pero lo hizo haciendo pública una carta detallando lo hecho durante su gestión y cuestionando la medida adoptada por el gobierno de María Eugenia Vidal.

Esta es la carta completa:

Cuando comenzamos en Felices los Niños, pensamos que era imposible levantar sus paredes y reconstruir su tejido social;

Lo hicimos con temor y muchas dudas;

Pensamos un Plan fácil y complejo: Trabajar con compromiso, de modo responsable, con apego a la ética y a la transparencia y dirimiendo nuestros futuros conflictos desde el amor verdadero;

Y así fue como logramos lo impensable; limpiar y recuperar los espacios del bosque que poco a poco fueron convirtiéndose de basural a lugar de juegos y alegrías;

Pintamos las paredes, limpiamos los caminos, arreglamos techos, podamos, cortamos pasto, pusimos ventanas nuevas, llenamos con color, y música cuanto pudimos, mejoramos la vida de muchos niños/as y recuperamos la esperanza para que las manos, la cabeza y el corazón se animen a trabajar juntos para que el sol aparezca en donde había tinieblas, tristeza y desesperanza;

Hoy dejo Felices; lo hago libremente.

Y este Felices es distinto a Felices los Niños; no solo desde la estética y la belleza del lugar; sino más bien del concepto humano que hoy se huele, toca y siente en las Escuelas, en el Hogar y los Centros de Día;

Pero me causa tristeza y contrariedad, la miseria humana de algunos, -muchos por cierto-, de sentirse felices que FELICES muera nuevamente a través de mentiras, falsedades y arbitrariedades gestadas desde el propio estado y acompañadas desde el silencio, el temor y la complicidad lisa y llana de muchas personas cercanas, muchos docentes y directivos, de algunos empleados y de quienes dirigen aún hoy los destinos del Hogar, donde reside la esencia del viejo proyecto y el corazón del actual;

Nuestros pequeños no merecen esta inmoralidad en la acción; las almas que cobijamos en Felices son retoños creciendo que precisan de sensibilidad, amor y valores éticos que al igual que el alimento los nutren en su crecimiento espiritual y moral;

Causa tristeza el triste y negro país que construimos entre todos; donde la verdad y la justicia están pasadas de moda, donde la palabra empeñada ya no es moneda corriente, donde la acción y el decir circulan de forma paralela casi sin contacto alguno, donde se habla en poesía con bellas metáforas pero se construye  en prosa con manifiesta inmoralidad;

Un bello país, rico por lo bajo, con sus entrañas llenas de fortalezas,  con indecente pobreza por lo alto; con niños/as mal alimentados, sin acceso a la salud, a la educación y, sometidos a la indignidad y la pobreza espiritual del resto de la sociedad que mira sin ver y vive anestesiada por el valor de lo material;

 

Somos el país de Albert Einstein.

Aquí el genio y creador de la Teoría de la Relatividad seguro estaría feliz;

Como no estarlo si siempre encontramos el motivo para relativizar lo que está mal, aquello que es inmoral, la mentira, la patraña y lo falso;

Somos los inventores de los más variados eufemismos, viendo donde hay mentira, la diferencia, donde hay robo, el error y donde la falsedad, lo distinto.-

Si claro, somos eso, los relativistas por excelencia;

Somos una sociedad liquida, donde nuestros valores se amoldan a la vasija que logre contenerlas en cada caso;

Nuestra moral se acomoda a un vaso pequeño, pero también a una vasija más grande, a una copa, a un pocillo de café, pero también a una taza de té o una de café doble;

Lamentablemente somos eso; una sociedad relativista y líquida, donde la desnutrición infantil es consecuencia directa de nuestra desnutrición moral; y casi no nos sonrojamos frente a la tristeza en la que subsisten nuestros hijos del alma;

Donde la pobreza de nuestros niños y niñas, de nuestros adultos y los miles y miles de argentinos que se encuentran violentamente sometidos a la inmoral situación de necesidad extrema, es consecuencia de nuestra descompromiso por la cosa pública y por la República;

República que pareciera perdida entre la estéril discusión de la ideología bastarda que huele a podredumbre social, lodo fétido en el que nadamos los argentinos; Allí caminamos y no logramos avanzar;

Donde están los buenos, por favor…?; donde los honestos que no son capaces de levantarse y enfrentar a los que aniquilan las esperanzas de tantos?; o acaso los indeseables son muchos más y la belleza, la fuerza y la inteligencia ya no existen?;

Es penoso, muy triste y desesperanzador sentirse tan solo, casi a penumbras, caminando por un camino tortuoso lleno de lodo y porquería de la peor;

Me voy feliz, porque las pequeñas almas que motivaron el norte de mis pies, siguen felices;

Así los dejo, sin poder despedirme de ellos, con mis ojos exhaustos de llorar, mis mejillas tensas de tristeza, mi boca temblorosa de sentirme solo y así de sentirlos a ellos también;

Ellos me recuerdan y yo los recuerdo;

No hacen falta palabras; siempre dije que somos lo que hacemos y no lo que decimos que somos, ni somos lo que otros dicen que somos;

Los otros, -los falsos, mentirosos e inmorales- no son lo que dicen que ellos son, son lo que hacen y eso es irrefutable.;

Hoy miro a mis hijas a sus ojos y nos miramos viendo;

Cuantos de aquellos pueden ver a sus hijas a los ojos, sin sentirse miserables?; cuantos me pregunto; respuesta que cada uno sabe y puede responder;

En mi corazón están las sonrisas y llantos de todas esas pequeñitas almas, todos sus temores que hice míos, -tal vez equivocadamente-, sus nombres, colores preferidos y sus abrazos, sus frescos besos y sus pequeñas manos que pude tener cerca a las mías;

Ellos logran que mi corazón lata fuerte, muy fuerte;

Me quedo con ellos, y rechazo a los farsantes, a los mentirosos, deshonestos e inmorales, a los poetas que nada hacen ni harán, a los ladrones que robaron nuestras esperanzas;

Me quedo con ellos y ellas, inundándome el corazón de alegrías, asfixiándome de sonrisas, transpirando mis manos al pensarlos, y amando cuanto pude amarlos;

Dice en el Talmud; QUIEN SALVA UNA VIDA, SALVA AL MUNDO ENTERO;

Merced a ellos y a ellas, salvé mi vida.

 

Juan Manuel Casolati   

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