Hace 70 años, la primera función en el Cine Gran Hurlingham

El frente del cine Gran Hurlingham, en una fotografía tomada desde la calle Güemes, en 1975. Gentileza de Hugo Corrias.

Por Rody Rodríguez.

El 21 de marzo de 1956 se inauguró el Gran Cine Hurlingham. Fue una avant-première exclusiva con la proyección de algunos cortometrajes. La apertura para todo el público fue al día siguiente, con la laureada película inglesa «Es papá el amo?». Desde entonces, seguramente, todos los vecinos mayores de 50, fueron al Gran Hurlingham para ver algunas de las miles y miles de películas proyectas hasta 1989, o alguno de los tantos espectáculos musicales y teatrales que tuvieron a su sala como escenario.

En 1954 se anunció que Hurlingham tendría un nuevo cine. En el pueblo ya había otro cine, el del Cosmopolita, pero las expectativas con esta nueva sala fueron enormes, porque se había anunciado la construcción de una sala de vanguardia, acorde con la tendencia arquitectónica de esos años.

El edificio se levantó frente a la plaza central, la Plaza Ravenscroft, sobre calle Isabel La Católica 969. Tal como se había prometido era una sala moderna, con grandes superficies de vidrio y estructuras de acero, halls de entrada muy amplio, y una sala de exhibición de primer nivel.

La empresa propietaria era Archet, dueña también de otros cines de la zona, como el Gran Pacífico de Bella Vista, Mayo de San Miguel y el Cine Paz en José C. Paz y el primero en administrar el cine fue Carlos Spork.

El 21 de marzo de 1956 se realizó la avant-première, una función exclusiva con la proyección de algunos cortometrajes para las autoridades locales, empresarios de la zona y artistas del cine y el teatro. Fue una velada de gala, a tono con la obra que se inauguraba. Un hall de entrada deslumbrante y una sala no menos espectacular con capacidad para casi 1500 espectadores, (1353 localidades para ser exactos entre platea, pullman y súper pullman,)

La inauguración oficial del cine-teatro Gran Hurlingham se hizo un día después, el 22 de marzo de 1956, con la exhibición de una película inglesa: ¿Es papá el amo?

Una semana después llegó al nuevo cine una película nacional: El último perro, dirigida por el gran Lucas Demare, protagonizada por Hugo del Carril, que se había estrenado el 14 de marzo de 1956. Los vecinos de Hurlingham empezaban a tener la posibilidad de ver, cerca de su casa, los estrenos de las grandes películas que hasta entonces solo se podía ver en el centro porteño, sobre todo en la calle Lavalle «la calle de los cines».

Tiempo más tarde el Gran Hurlingham fue adquirido por el empresario Clemente Lococo, poderosísimo zar de los cines, vecino de Parque Leloir, que ya era propietario de una veintena de salas en Capital como el Ideal, Suipacha, Normandie, Metropolitan y el Gran Teatro Ópera en la Av. Corrientes y en distintos puntos de Buenos Aires, como el Cine Atlantic de Mar del Plata, también cines en San Miguel, Ciudadela y otros barrios del conurbano.

De inmediato el Gran Hurlingham fue punto de encuentro de todos los vecinos. Todos los días había matinée (una función a primera hora de la tarde) y vermouth (intermedia entre la tarde y la noche) con precios más accesibles sobre todo los martes y miércoles que proyectaban filmes más viejas. Después estaba la función de la noche (a veces con dos largometrajes) y los sábados trasnoche. Los domingos era «en continuado» con muchas películas argentinas, por el mismo precio podías estar todo el día dentro del cine.

Los colegios de la zona solían llevar a sus alumnos al cine como una excursión educativa para ver películas como Martín Fierro (1968) y El Santo de la Espada (1970), ambas dirigidas por Leopoldo Torre Nilsson y protagonizada por Alfredo Alcón,

En el Gran Hurlingham se realizaron numerosos espectáculos solidarios, por ejemplo uno realizado en 1968 para juntar fondos para la construcción del Hospital de Hurlingham; fue un gran recital de música beat con las actuaciones de Maxie Von Schey y Enrique Daffunchio (hermano de Germán. líder de Las Pelotas), de los «conjuntos» Lechuga, Los Mentales, Frutilla y el debut de un quinteto integrado por un estudiante del Colegio San Pablo de Hurlingham, Gustavo Santaolalla, el grupo se llamaba Arco Iris.

Allí se hizo también la gran colecta de Hurlingham del Fondo Patriótico durante la Guerra de Malvinas en 1982; y fue el escenario elegido por la UCR para que Raúl Alfonsín haga su acto de campaña en las elecciones de 1983.

También a principios de los años 80, se organizaron algunos recitales para recaudar fondos para la histórica Escuela 10 (la actual N°2) con la presentación del Cuarteto Zupay, María Martha Serra Lima, La Camerata Bariloche, artistas todos que elogiaron la excelente acústica y las comodidades de las instalaciones.

Allí comenzó a realizarse en 1986 el Festival Nacional de Coros Estudiantiles, que llevó adelante el maestro Alberto Quinteros durante 15 años.

POLVO DE ESTRELLAS. Las butacas del sector pullman sin uso hace mucho tiempo, cubiertas de polvo. El pulman era el sector popularmente conocido como «gallinero».

LOS ULTIMOS AÑOS DEL CINE

La del ‘80 fue la última década del Cine Gran Hurlingham. Ya a fines del 82 la censura llegaba a su fin y la apertura fue notoria en el cine con películas como Últimos días de la víctima (1982) de Adolfo Aristarain, con Federico Luppi, igual que Plata Dulce (1982) de Fernando Ayala o la consagrada La historia oficial (1985) de Luis Puenzo con Norma Aleandro y Héctor Alterio, que fue la primera producción argentina que logró un Oscar a la mejor película de habla no inglesa; también la mítica Esperando la carroza (1985) de Alejandro Doria, Hombre mirando al sudeste (1986) de Eliseo Subiela con Hugo Soto, La noche de los lápices (1986) de Héctor Olivera con Alejo García Pintos (luego destacado vecino de Hurlingham), Made in Argentina (1987) de Juan José Jusid con Luis Brandoni y Leonor Manso… todos film consagrados que convocaron miles de espectadores en el Gran Hurlingham, igual que los tanques extranjeros como E.T. (1982) de Steven Spielberg, Pink Floyd The Wall (1982) de Alan Parker, Terminator (1984) de James Cameron o las películas de la saga de Star Wars, Rocky e Indiana Jones.

Fueron casi tres décadas de ser escenario de grandes eventos culturales con concurrencias masivas, la sala a pleno y colas que se prolongaban por la Av. Roca (cuando se hacía la fila para ese lado) o por Güemes, pero ya no fue así a fines de los años ’80.

La crisis económica (una de tantas) hizo que las familias empezaran a reducir gastos, y el entretenimiento fue uno de ellos. Encima empezó a popularizarse el formato VHS y los videoclubes. Ver películas resultó ser más barato y lo podías hacer en casa. En todos los barrios había un videoclub y el hábito de «ir al cine» se perdió

Las grandes salas, como la del Gran Hurlingham, se volvieron costosas de mantener lo que presagiaba un final inexorable.

En el documental Cine, Dioses y billetes (2010) de Lucas Brunett, se menciona un dato estremecedor: hasta los años ’70, había más de dos mil salas de cine en Argentina. Y durante la década del ’80 y principios de los ’90 cerraron 1.750.

La del Gran Hurlingham fue una de esas 1.750 salas de cine que cerraron y tuvo el mismo destino que muchísimas salas en todo el país que terminaron convertidas en templo. La propiedad fue adquirida en 1993 por la Iglesia Rey de Reyes, una rama del culto evangélico creada en 1986 por el pastor Claudio Freidzon y su esposa Betty.

El edificio del que fue el «Gran Hurlingham» es desde los ‘90 sede de la Iglesia Rey de Reyes, una rama del culto evangélico creada en 1986. En todo el país ocurrió que salas de
cine terminaran convertidas
en templos.

La gran sala frente a la plaza lleva 33 años como templo evangelista. Y fueron 33 años los que llevó como cine, hubo otros cuatro, entre el cierre del cine en 1989 y la apertura de la iglesia en 1993, que la sala estuvo cerrada.

Sin embargo el recuerdo de tantas funciones o filmes inolvidables o de grandes eventos artísticos, quedó fijado en la memoria colectiva de innumerable cantidad de vecinas y vecinos. Para la gran mayoría de ellos, y aunque muchos no lo hayan conocido, ese edificio que está sobre Isabel la Católica, frente a la plaza, es el Cine Gran Hurlingham.

Nota publicada en la revista digital EL CLASICO N° 15. Edición de abril 2026

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