El reconocido actor conversó con el programa Cómo sigue esto de Radio UNAHUR. Recordó los inicios de la Universidad Nacional de Hurlingham, analizó la crisis de la ficción frente al avance del streaming y reivindicó el valor de la memoria a través de sus icónicos personajes en La Noche de los Lápices y Casi Ángeles.
El presente de Alejo García Pintos se comparte entre la gestión pública y el éxito en la mítica calle Corrientes. Actualmente a cargo de la dirección del histórico Teatro Coliseo Podestá de La Plata y coprotagonizando el éxito de taquilla Una Navidad de mierda, el actor pasó por los micrófonos del programa Cómo sigue esto de Radio UNAHUR. El artista repasó su presente laboral, analizó la compleja situación económica que atraviesa el sector y reivindicó la memoria colectiva y la identidad bonaerense.
Nacido en La Plata, García Pintos se define a sí mismo como un «medio platense y medio hurlinguense», habiendo vivido la misma cantidad de años en ambas ciudades. Esa doble identidad se traduce en su afecto por la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR), institución de la que formó parte en sus inicios cuando las aulas funcionaban en la primera sede la calle Vergara, para luego seguir en Origone. Ver el crecimiento edilicio y académico de la universidad es, para el actor, un verdadero motivo de orgullo regional.
Su rol al frente del Coliseo Podestá llegó tras ser convocado por el intendente de La Plata Julio Alak. Dirigir uno de los teatros más importantes del país en épocas de «vacas flacas» exige un esfuerzo doble, pero el funcionario destaca un fenómeno particular que mitiga la crisis: el público platense está eligiendo quedarse en su ciudad para consumir espectáculos locales en lugar de trasladarse a la Capital Federal. Esta resistencia cultural genera un circuito virtuoso que beneficia no solo a los artistas locales, sino también a la gastronomía y al comercio de la región.

A pesar de este oasis local, la preocupación por la realidad macroeconómica es inevitable. García Pintos advierte que la clase media, principal consumidora del teatro comercial, se ve obligada a espaciar sus salidas debido a los costos generales. La brecha en las boleterías porteñas es un reflejo de esto: mientras los espectáculos del podio convocan a miles de personas, el resto de la cartelera pelea por subsistir en un mercado donde el bolsillo dicta otras prioridades.
A la crisis del teatro se le suma la parálisis de la industria audiovisual. Según el actor, la ficción televisiva tradicional es casi nula y las alternativas digitales, como el streaming, sufren el achicamiento de la torta publicitaria. Frente a este panorama, García Pintos celebra la nobleza de Una Navidad de mierda, la comedia que comparte junto a Verónica Llinás, Tomás Fonzi y Anita Gutiérrez en el Teatro Premier (Av. Corrientes 1565, CABA). Agotar localidades de jueves a domingos anticipadamente es un privilegio que agradece profundamente, reconociendo que vivir un éxito de tal magnitud es algo que a la mayoría se les da una vez en la vida.
Al cumplir casi 60 años de edad, el intérprete valora el camino recorrido desde su debut junto a leyendas de la escena nacional como María Rosa Gallo, Jorge Luz, Aída Luz y Raúl Rossi —este último, un recordado vecino de Hurlingham—. De aquellas glorias aprendió los secretos del oficio por sobre los manuales académicos: la picardía en el escenario y el respeto por el espectador. Esa misma formación le permitió trabajar luego junto a grandes referentes como Alfredo Alcón y Héctor Alterio.
A pesar de su extensa filmografía, García Pintos convive con el orgullo de haber marcado a fuego a distintas generaciones. Lejos de molestarle que lo encasillen por sus grandes hitos, abraza el reconocimiento masivo de sus dos personajes más emblemáticos: el Pablo Díaz de la película La Noche de los Lápices y el villano Bartolomé Bedoya Agüero en la tira juvenil Casi Ángeles. Este cruce generacional se manifiesta cotidianamente a la salida del teatro, donde madres que se conmovieron con el drama histórico de la dictadura asisten acompañadas por sus hijas, fanáticas del fenómeno de Cris Morena.
La permanencia de La Noche de los Lápices en las escuelas, centros culturales y facultades cada 16 de septiembre o 24 de marzo, así como las reproducciones constantes en plataformas digitales y YouTube, configuran una cartelera permanente e invisible. Para García Pintos, mantener vigentes estos relatos en la era de la inmediatez y el contenido efímero es un logro invaluable que conecta a la sociedad con la memoria. Incluso el formato infanto-juvenil demuestra su vigencia actual a través de propuestas como Margarita, la secuela de Floricienta, que continúa llenando estadios y demostrando que el público joven sigue demandando historias de ficción locales adaptadas a las lógicas publicitarias de las plataformas de streaming.
La charla cerró entre pasiones y reflexiones sobre el fútbol y la política nacional. Como ferviente hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata, admitió seguir de cerca la pretemporada de su club y lamentó la pérdida de folclore en las tribunas por la ausencia prolongada de público visitante en los torneos locales. Finalmente, hizo un llamado firme a ejercitar la memoria colectiva y defender los espacios de trabajo frente al cierre de instituciones y medios públicos como la agencia de noticias Télam. Con un cálido saludo y un «viva la UNAHUR», el actor selló una entrevista donde el arte, el arraigo bonaerense y el compromiso social volvieron a ser los verdaderos protagonistas.





