La subsecretaria de Educación de la Provincaia de Buenos Aires analizó la complejidad del sistema educativo actual. Entrevistada en el programa ¿Cómo sigue esto? de Rody Rodriguez, en Radio UNAHUR, Bracchi Advirtió sobre el desfinanciamiento nacional, los discursos de odio que impactan en las aulas, el debate por las pantallas y los nuevos planes institucionales para combatir el ausentismo intermitente.
Estas son algunas de sus reflexiones compartidas con la audiencia de la radio de la Universidad Nacional de Hurlingham:
El sistema educativo de la Provincia de Buenos Aires es un universo tan diverso como complejo. Con más de 20.000 escuelas, 5 millones de estudiantes y un colectivo de 500.000 trabajadores entre docentes y auxiliares, cada aula se transforma en el termómetro de una realidad social que desafía cotidianamente la tarea pedagógica. En este escenario, la educación se consolida como una prioridad política y de gestión que busca resistir los embates de un contexto nacional hostil.
La infraestructura escolar sigue siendo uno de los ejes centrales de debate y acción. Tras años de demandas históricas, las comunidades educativas recuerdan cada agosto la tragedia de Sandra y Rubén como un emblema de la lucha por escuelas seguras y dignas. La inversión sostenida permitió la inauguración de más de 300 edificios y dos mil aulas, en un esfuerzo que busca saldar deudas estructurales. Sin embargo, este proceso de reparación hoy enfrenta un obstáculo mayor: el recorte de partidas específicas por parte del gobierno nacional, una decisión política que obliga a la administración provincial a redoblar esfuerzos económicos para sostener las políticas públicas vigentes.
El impacto de la violencia digital en las aulas
Uno de los mayores desafíos actuales no es edilicio, sino cultural. El sistema educativo no es una isla y las escuelas sufren las consecuencias de un clima de época marcado por la hostilidad. En los últimos tiempos, las paritarias docentes debieron incorporar acuerdos específicos y adendas destinadas a la prevención, erradicación y reparación de las situaciones de violencia que irrumpen en los establecimientos.
La preocupación central radica en que la violencia que se manifiesta en los colegios suele ser el reflejo de discursos generalizados desde las esferas oficiales de poder. La difusión de mensajes extremistas en medios y plataformas de streaming financiadas por sectores gubernamentales —donde se llega a proponer «poner un muro en el conurbano» o «rociar con napalm» a la población— genera un entorno de hostilidad difícil de contrarrestar. Frente a esta realidad, la escuela pública se planta como un espacio contracultural. Mientras los discursos externos fomentan el individualismo, las instituciones educativas enseñan la convivencia comunitaria, la valoración de la diversidad y el valor de la palabra por sobre la agresión.
Alfabetización, tiempo pedagógico y la trampa de la inmediatez
La permanencia de los alumnos dentro de las aulas es una lucha histórica que hoy adquiere nuevas dimensiones: el objetivo ya no es solo que los chicos asistan, sino que permanezcan y aprendan con autonomía. Para abordar las dificultades de lectura y escritura detectadas en el inicio de la escuela secundaria, se implementó un programa de fortalecimiento pedagógico que incorpora maestros especializados en alfabetización. Nombrar el problema y diseñar intervenciones específicas es el primer paso para evitar el fracaso escolar en las trayectorias posteriores.
Este proceso de aprendizaje choca de frente con la aceleración contemporánea. Vivimos en una sociedad fragmentada y «plataformizada», donde la cultura del consumo inmediato y las respuestas automáticas de la inteligencia artificial —como las consultas resueltas con un solo clic en WhatsApp— generan ansiedad en los jóvenes. La enseñanza, en cambio, requiere tiempo, debate y reflexión. La tarea imprescindible de la escuela hoy es enseñar a administrar, discernir y analizar críticamente esa inmensa disponibilidad de información, defendiendo una temporalidad distinta a la de los algoritmos de las redes sociales.
El dilema del celular y la reconfiguración docente
El debate sobre prohibir o permitir los celulares en el aula es un dilema que las escuelas deben abordar junto a las familias. Lejos de las posturas binarias de «celular sí o celular no», la clave radica en la planificación pedagógica. Si el dispositivo tecnológico se utiliza bajo una propuesta institucional clara que convoque el interés de los estudiantes, se transforma en una herramienta válida. Fuera de ese uso específico, el desafío es recuperar el encuentro presencial dentro de la clase y el intercambio social en los recreos.
Esta realidad obliga a los docentes a interpelar sus propias prácticas. Las estrategias tradicionales respondían a otro momento histórico y cultural. Sin necesidad de distorsionar el lenguaje para forzar una cercanía artificial, la docencia bonaerense demuestra una capacidad constante de actualización. La experiencia inédita de la pandemia sirvió como ejemplo: los educadores debieron reconfigurar sus saberes para enseñar de una forma inédita, demostrando que el lazo pedagógico es inquebrantable. Al igual que en la crisis del 2001, la escuela pública vuelve a confirmarse como el único fragmento del Estado que permanece de pie en cada rincón del territorio.
La lucha contra el ausentismo intermitente
Los desafíos del presente también se traducen en estadísticas concretas. A partir de relevamientos realizados por la subsecretaría de planeamiento, se detectó una problemática silenciosa: las inasistencias intermitentes. Se trata de estudiantes que faltan de manera salteada a lo largo del año, una dinámica que fragmenta la continuidad pedagógica y deteriora la calidad de los aprendizajes.
Este fenómeno de intermitencia no es exclusivo de la escuela secundaria, sino que presenta índices aún mayores en el nivel primario. Frente a este diagnóstico, se puso en marcha un plan de concurrencia que involucra de manera corresponsable a los docentes, a los estudiantes y a las familias. Restablecer las rutinas escolares, los tiempos institucionales y la presencialidad sostenida es fundamental para garantizar trayectorias escolares exitosas. La escuela pública cambia vidas y genera oportunidades, pero su éxito requiere el compromiso colectivo de toda la comunidad educativa.





