El 10 de julio se cumplieron 16 años de la muerte de Juan Molina, un histórico dirigente sindical, vecino de Hurlingham y protagonista de una foto icónica, la imagen más famosa del 17 de octubre de 1945. Alejandro Franchini describe esa imagen y en su relato rescata detalles del llamado Día de la Lealtad y recuerda algunos aspectos de la vida de Molina, fundador en 1952 de la filial Hurlingham del Sindicato de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA).
Por Alejandro Franchini
En la foto más famosa de todas las que se tomaron el 17 de octubre de 1945, se ven manifestantes con sus pies dentro de una de las fuentes de la Plaza de Mayo. En el centro de la imagen, de espaldas, se ve a dos muchachos muy parecidos y vestidos casi igual, de traje: se trata de Juan Molina (el de la izquierda) y su hermano. Esta imagen histórica se convirtió en icónica no solo por retratar el nacimiento del peronismo, sino también porque es la evidencia fotográfica de cómo los sectores populares se apoderaron de los espacios públicos que, hasta ese momento, monopolizaban los sectores del poder. La oligarquía y la alta sociedad argentina habían gobernado durante la “década infame” (1930-1943), en la que se castigó duramente a los trabajadores. Por eso meter “Las patas en la fuente” se transforma en un acto irreverente, en un gesto poético, político y social que, de manera simbólica, inaugura una nueva etapa.
Además de los dos hermanos Molina, en la foto se ve que, dentro de la fuente de agua en la Plaza de Mayo, hay dos mujeres y un hombre de pie. Una de ellas, de espaldas en la foto, lleva un traje de saco con mangas largas, pollera y sostiene unos zapatos de taco alto en la mano. La otra muchacha, muy jovencita, de vestido y saco, mira hacia atrás, lleva en el brazo otra prenda que podría ser una chaquetilla. Se pusieron ropa adecuada para ir al centro. Otros improvisaron vinchas de tela y pañuelos para atajar el sudor. Boinas, sombreros, tiradores, camisetas, sacos, camisas. Nunca como con esta foto se habló tanto de ropa para hablar de política. Hay mucha más gente en la fotografía, casi todos son morochos, lo cual dará pie para otra de las frases que se usarán para describir a los protagonistas de aquella jornada: “cabecitas negras”. Alguien lee un diario, un muchacho sostiene un mástil con la bandera argentina. No se ve ningún otro cartel, ninguna otra bandera. En el margen izquierdo de la foto los protagonistas son chicos. Juegan en el bebedero, uno tiene una alpargata rota en la mano, el resto está descalzo, con pantalones cortos o arremangados. A lo lejos varios lograron treparse al monumento a Belgrano: se ve mucho mejor la escena desde ahí arriba.

La fotografía que aquí analizamos recorrió un largo camino desde el anonimato, hasta ser la imagen por excelencia que representa el acontecimiento. No apareció publicada en ningún medio de prensa en los días posteriores y el peronismo tampoco la reivindicó desde un inicio. En las coberturas que se realizan al año, el 17 de octubre de 1946, no aparece. La primera vez que la encontramos publicada es en el diario Democracia el 19 de octubre de 1950.
En 1952 vuelve a aparecer en La Prensa (diario expropiado por el gobierno peronista poco tiempo antes). En 1955 la vemos en páginas interiores de Mundo Peronista y en 1964 aparece en Primera Plana. En 1965 el poeta Leónidas Lamborghini escribió un poema que hablaba de “Las patas en la fuente”, embelleciendo lo que se había utilizado como denigrante. En la edición de su libro en 1972 la frase ya es título. En el 1973 la retoman El Descamisado y el diario Noticias. Por su parte, la revista Las Bases, la publica reiteradamente. “Las patas en la fuente” ya camina por cuenta propia y cada sector se la apropia a su manera.
LA HISTORIA DE JUAN MOLINA
Juan Molina nació en el barrio porteño de Devoto, el 24 de abril de 1928, y desde muy jovencito vivió en Tropezón (Caseros). En 1948 comienza a funcionar, en Hurlingham, la Fábrica Argentina de Materiales Adhesivos (FADMA), donde comenzó a trabajar Juan. A partir de ahí, Hurlingham se transformó en su lugar en el mundo. Fue en esa fábrica que comenzó a desarrollar su vida sindical, y fue en esa fábrica en la que conoció a Martha, su mujer, con la que tuvo cuatro hijos (dos mujeres y dos varones). FADMA, que estaba ubicada en Los Árboles y Plumerillo, se dedicaba fundamentalmente a la fabricación de apósitos quirúrgicos y adhesivos para usos medicinales. En 1949 FADMA acuerda con Minnesota (3M), la fabricación y comercialización de sus productos.
El joven Molina ganó protagonismo en el Sindicato de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) y fundó, en 1952, la filial Hurlingham. Por su trabajo gremial pudo conversar en varias oportunidades con Evita. Ya se había comprado su casita en Villa Club. En noviembre de 1955, tras el derrocamiento de Perón, terminaría preso y sin trabajo. Luego fue reincorporado a 3M. En 1958, Molina fue protagonista de una histórica toma de la fábrica. Empleados y operarios paralizaron la producción de la fábrica de la calle Los Árboles y permanecieron en la planta una semana, hasta que la Justicia intervino y resolvió el conflicto.
Juan Molina fue secretario general de ATSA Hurlingham hasta el año 2000. También estuvo al frente de la CGT Morón durante muchos años. Representó a los trabajadores argentinos en congresos de la OIT, formó parte de la CGT de Saúl Ubaldini. Fue precandidato a intendente de Morón en el retorno de la Democracia en 1983, y también fue candidato a intendente en Hurlingham, cuando se sancionó su autonomía en 1995.
Sobre aquel día, Juan Molina recordaba: “El 17 hicimos huelga. Trabajaba en una fábrica de aguas gaseosas con mi hermano mayor. Los dos tomamos el tren en Caseros, nos bajamos en Palermo, y fuimos caminando desde ahí por la avenida Santa Fe hacia la Plaza. Por todos lados se veían pañuelos blancos y banderas argentinas. Cantábamos `La patria sin Perón es un barco sin timón´, y caminábamos. Llegamos a Plaza de Mayo como a las cinco de la tarde, hacía calor y no había agua en los bebederos. La foto la deben haber tomado a esa hora”. La caminata, un calzado inadecuado y el calor hicieron que se le hincharan los pies a Molina, por lo que cuando llegó a la plaza necesitaba refrescarlos.
La curiosidad del historiador Fermín Chávez, uno de los biógrafos de Perón, hizo que asomara la novedad cuando la foto fue publicada:
-Che, Molina, fijate bien, ¿no sos vos el que está en esta foto?
-Uy, sí, y el de al lado es mi hermano mayor. Hasta tenemos el mismo gesto, miramos para el mismo lado.
Trabajaban juntos en una fábrica de aguas gaseosas el día en que decidieron sumarse a la multitud. Juan usaba botas ortopédicas, por una diferencia en el largo de sus piernas. En medio del camino, se las sacó. «Fue un gran error, porque los pies se me hincharon como dos empanadas», recordaría. Al rato, el agua de la fuente le regalaba un alivio especial.
Sin embargo, pudo saltar cuando la gente coreó: «La Patria sin Perón, es un barco, sin timón, sin timón». Y pudo emprender el regreso en el tren que iba de Chacarita a Campo de Mayo. Lo esperaba el reproche de sus padres:
-Se puede saber dónde estaban? Son las dos de la mañana…
Juan Molina, hincha de San Lorenzo (como el que esto escribe), vecino de Villa Club, peronista desde el mismo día en el que nació el peronismo, murió el 10 de julio de 2010. Un centro de Jubilados de la calle Plumerillo, lleva su nombre. Y cada 17 de octubre, cuando el peronismo celebra el Día de la Lealtad, aparece en la mente de los argentinos la imagen de Juan Molina y su hermano, con sus “patas” en la fuente…





