Hace 120 años, el 26 de agosto de 1906, fallecía Don Federico Roque Leloir, habitante de estas tierras desde mediados del siglo XIX, dueño de la Cabaña Tuyú, ubicada en el predio que hoy ocupa el INTA y la sede municipal de Hurlingham. Fue el padre del Premio Nobel Luis Federico Leloir, pero a ese hijo no lo conoció, murió una semana antes de su nacimiento.
Por Rody Rodríguez //
Federico Augusto Roque Eusebio Leloir nació el 11 de agosto de 1859 y desde entonces comenzó a habitar estos pagos, es que su padre, Federico Leloir Sáenz Valiente había adquirido tierras junto a su hermano Alejandro en estos suburbios del oeste de la ciudad de Buenos Aires, en la zona que hoy ocupa, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en el partido de Hurlingham, y gran parte de la localidad de Villa Udaondo, en el Partido de Ituzaingó.
Al tiempo repartieron las tierras. En esa división Alejandro se quedó con la zona de la actual Villa Udaondo, donde luego se creó el Parque Leloir, y Federico fue el propietario de tierras en el actual Hurlingham, donde armó la chacra Leloir.
El papá de Federico y Alejandro, Antoine Francis Leloir Capdepont Leloir era un comerciante francés, que llegó al país apenas declarada la independencia en 1816. Un año después se casó con María Sebastiana Sáenz Valiente, sobrina del director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón. Antoine fue consignatario de frutos y propietario de barcos que realizaban el transporte de esos productos. Obtuvo del gobierno unas tierras en la costa bonaerense, en los pagos del Tuyú. Además de Alejandro y Federico tuvo otra hija María Felipa.
Antoine Francis Leloir Capdepont murió a los 35 años. Algunos dicen que asesinado por indios en la zona del Tuyú, otros afirman que naufragó con otros cinco hombres en la desembocadura del Río Negro, durante un huracán.
Su hijo Federico Sáenz Valiente se casó con María Bernal Lynch, y tuvieron un solo hijo, el protagonista de esa crónica: Federico Augusto Roque Eusebio Leloir.

DE «CHACRA LELOIR» A «CABAÑA TUYÚ»
Cuando su padre falleció, en noviembre de 1886, el joven Federico quedó a cargo de la administración de la Chacra Leloir. Lo primero que hizo fue rebautizarla como «Cabaña Tuyú», en homenaje a las tierras donde supuestamente había muerto su abuelo.
Federico ya estaba casado desde hace unos pocos años. Había contraído enlace en diciembre de 1882 con una señorita de la alta sociedad porteña. Mercedes Florentina Martínez de Hoz Lavallol. Con ella tuvo cinco hijos: Alejandro, Federico Gerónimo, Mercedes Josefina, Carmen y Antonio.
Federico enviudó en 1895.
JOVEN, VIUDO Y ESTANCIERO
Federico Augusto Leloir era viudo, dueño de una chacra importante, con 35 años de edad pero a cargo de cinco hijos, el mayor de 10 años y el menor de 3. Federico había estudiado abogacía pero nunca ejerció, le alcanzaba con lo que producía su chacra y él se sentía más un hombre de campo que de oficinas y tribunales.
Poco años después de su viudez conoció a Hortensia Mercedes Aguirre Herrera, de uno 10 años menos que él. No tardaron mucho en casarse. Fue en la Iglesia de San Miguel en 1898. Hortensia fue la madre de esos hijos que estaban al cuidado de Federico. Fue la jefa del hogar que además colaboró codo a codo con su marido en la administración de la chacra.
La familia se multiplicó. El nuevo matrimonio sumó cinco hijos más. En el primer año de casados nació Marta María Silvia, que a los 20 de casó con su primo Guillermo Alejandro Udaondo Leloir, el hijo de Guillermo Asencio Udaondo que fuera gobernador de Buenos Aires (1894-1898) y que en su homenaje una localidad de Ituzaingó (que incluye a Parque Leloir) se denomina Udaondo, lo mismo que una avenida en CABA, una calle en San Isidro y una localidad en Cañuelas. Luego llegaron Magdalena María en 1901, Susana María Ana en 1903, Guillermo Emiliano en 1904 y Luis Federico en 1906.

Tradicionalmente los Leloir no eran de tener familias muy numerosas. Federico era hijo único, su papá tuvo dos hermanos, su abuelo había tenido dos hijos, en cambio la familia de Hortensia era casi multitudinaria, por eso tener una prole de 10 hijos no era algo que la iba a amedrentar. Ella tenía también una decena de hermanas y hermanos, una de ellas, Ramona, es la madre de las escritoras Victoria y Silvina Ocampo.
Federico y Hortensia alternaron la crianza de sus hijos con el manejo de la Chacra, que tuvo en la cría de ganado Hereford su labor inicial. Luego se diversificó hacia la actividad lechera. Ana María Molina, que fue directora del Jardín Botánico Arturo Ragonese en el INTA, cuenta que allí «había tres grandes tambos y la leche se llevaba diariamente a la planta pasteurizadora ubicada cerca de La Paternal, adonde arribaba el producto de otros tambos de Suipacha. La leche se vendía en la capital, Morón y Hurlingham; también se hacía reparto a domicilio y se producían huevos miel. Había una gran quinta con invernáculos para proveer de verdura y flores al consumo interno».
La vegetación de la Cabaña Tuyú era extraordinaria. Don Federico y su esposa pusieron especial énfasis en sembrar las más diversas especies, muchas de ellas provenientes de distintas partes del mundo. Hortensia se especializaba en rosales, y tuvo una gran colección con variedades que trajo de Inglaterra, Irlanda y Francia. Obviamente, -haciéndole honor a su nombre- la hortensia también era una de sus flores favoritas.

PARÍS, 1906
Estando Hortensia embarazada de su quinto hijo, Federico se enfermó gravemente. Ambos decidieron viajar a Francia para que en París sea intervenido quirúrgicamente, pero esa tan esperada operación no dio resultado. Don Federico Augusto Roque Eusebio Leloir, uno de los pioneros de estos pagos que ya eran conocidos como Hurlingham, murió el 26 de agosto de 1906 a los 47 años.
Doña Hortensia debido al avanzado estado de su embarazo se quedó en París y días después, el 6 de setiembre de 1906, en la Rue Víctor Hugo 81, a metros del Arco del Triunfo, nació su último hijo, Luis Federico Leloir que con el tiempo fue un científico reconocido mundialmente, graduado en la UBA, galardonado con el Premio Nobel de Química en 1970 por descubrir cómo se almacena la energía en las plantas y cómo los alimentos se transforman en azúcares que sirven de combustible a la vida humana. Fue el primer iberoamericano en recibirlo.
Lucho Federico Leloir pasó gran parte de su niñez en la chacra de Hurlingham. No es algo que haya sido muy importante en su vida, al menos cuando en una entrevista periodística fue consultado sobre su infancia dijo: «nada importante, no recuerdo nada digno de mención». Falleció en 1987.

Hortensia Aguirre de Leloir volvió a la Argentina en 1908. Transitó sus días entre la residencia que tenía en Buenos Aires, su mansión en Mar del Plata (donde luego se instaló el Ocean Club), sus campos en San Clemente del Tuyú (donde fue pionera) y la Cabaña Tuyú en Hurlingham, lugar en el que también realizó numerosas obras de beneficencia.
Mantuvo la administración de la Cabaña hasta el final de su vida. Hortensia falleció el 17 de febrero de 1939, el mismo día en el que cumplía 71 años. Un año después la chacra se vendió al Instituto Movilizador Argentino. Y en 1946 el presidente Juan Perón creó allí la Comisión Nacional de Investigaciones Agropecuarias (luego INTA) que funcionaba bajo la órbita del Ministerio de Agricultura.
Los Leloir fueron de las primeras familias en lo que hoy es Hurlingham y su establecimiento, la Chacra Tuyú, fue un polo productivo importante en la región. Federico Augusto Leloir y su esposa Hortensia Aguirre fueron, además de pioneros, vecinos participativos en el desarrollo de los primeros años de Hurlingham como pueblo.
Publicado el EL CLÁSICO edición de setiembre 2026.





