El aguante (primera parte)

Por Gustavo M. Russo.

Con el marketing digital repetitivo, de que hay que pasarla mal porque eso deviene en un futuro próspero de buena ventura para toda la sociedad, se intenta justificar la necesidad y urgencia de un decreto y una ley ómnibus de reforma constitucional, que no registra antecedente alguno. No solo en el país sino en cualquier Estado Nación del planeta.

No creo que exista un marciano que intente sacar a marte de una crisis fenomenal como la que hay en la tierra o como es la de Argentina, fundamentándose en echarle la culpa a otro y originando más consecuencias a la misma situación, que denuncia haber heredado. Hipotéticamente hablando, la solución no es intensificar los síntomas de la enfermedad que se padece. Así de esta forma, no existirá manera de cura alguna para la situación que económicamente se presenta.

La reducción en la tasa de crecimiento, tanto de la producción como de la industria (de lo cual el presidente del establisment Milei y sus asesores ministeriales ni mencionan, hablan de estanflación) o crear una fase más baja de la actividad del ciclo económico, entre la imposición de muchos otros cambios bruscos, no van a garantizar la recuperación de nada. La mutación en el juicio, de lo que nunca se examinó y que se presenta de eficiencia, no es el cambio que se anhelaba por parte de la ciudadanía. Tampoco la prístina propuesta de batalla con la que se aseguró la llegada al poder por parte de sus electores.

Estoy convencido que las medidas tomadas por “el ejecutivo de hermanos en cogobierno con el macrismo”, es parte de una extorsión al pueblo de la nación. Y continuando bajo la misma perspectiva estamos frente a una estafa electoral gigantesca. Pero quiero despegarme de lo que vulgarmente se cree y se dice por parte de la militancia de calle y para eso, debemos explicar algo que contiene la figura tipificada por el código penal.

Un ingrediente constitutivo de la estafa es compuesto por el ERROR. Sin error no existe estafa porque no hay estafado. El error genera, que el abuso de confianza del sujeto estafador se concrete. Para existir un pueblo estafado es necesario que ese pueblo, carezca de información apropiada para defenderse. Información con la que sí cuenta el candidato estafador y por la cual puede aprovecharse, para cometer la estafa al mismo pueblo que lo elige. Es fácil entenderlo.

De la mano de esa estafa llega la extorsión. Una vez en el poder, quien se apropia de él, tiene las herramientas legitimadas para sostenerse. La institucionalidad ordenada por la Constitución Nacional comienza a darle sustento para que gestione administrativamente sus actos de gobierno, acomodando sus cuestionamientos electorales, ya presentados y conocidos por la población. Apareciendo de esa forma la parte oscura que la sociedad democrática desconoce, ni contempla para su accionar diario, el ajuste.

Ese ajuste, es la pieza que da el principio a un modus operandi que nos conduce a la nueva crisis de la desesperación que se constituye por diferentes átomos políticos que provienen de la oposición. En el Congreso se encuentra un radicalismo y un puñado de partido provinciales que, por su orfandad y desamparo político, pueden dar lugar a la aprobación de todo lo que ose presentar el presidente del desgobierno dolarizador de la Libertad Avanza”. De suceder esto, se originará mayor caos, desbarajustes, perturbación, desorganización y alteración social, en su orden imperante. Tal, como se viene observando en estos últimos 30 días, pasados del 10 de diciembre.

Todo este trance, esta dificultad, este apuro y porque no llamarlo, aprieto a la comunidad, es simplemente para activar un reiterado negocio sobre lo público. Un fenomenal saqueo a las arcas del Estado que tiene solo el fin de beneficiar a unos pocos, con el traslado de los recursos que les pertenecen a muchos. Y siempre, cada vez que se llevó adelante algo parecido, resultó servir de ayuda a la elite cultural dominante, concentradora de riquezas por excelencia en nuestra historia. Desde 1824 con Bernardino Rivadavia a la cabeza de un endeudamiento a 100 años con la banca Baring Brother, hasta el 2019 con el “rivadaviano” del siglo XXI, Mauricio Macri y su amigo del alma, Luis “Toto”Caputo y compañía, quienes también gestaron otros endeudamientos en monedas extranjeras y a 100 años. La repitencia de estos hechos, no es casualidad sino causalidad de negocias espurios y foráneos.

Todavía – debe ser por los molosos caninos que le transmiten sus ideales inspirativosal novio de la actriz Fátima Flórez– no se ha dado cuenta que hace temblar al desconcierto general. Y que las consecuencias profundas que acarrea con sus decisiones y actitudes desafortunadas, van a hacer peligrar su gobierno –mejor dicho; su desgobernadura– y al sistema democrático que lo sostiene. Lo único que se produce en Argentina es incertidumbre, altos precios, desempleos que no permiten que la gente pueda planificar su vida. Caprichosas e irrazonables teorías que derramarán sangre y lágrimas de persistir porque se cree ungido de una mistificación mesiánica.

Pero no hay mal que por bien no venga. Javier Milei y su compañero de equipo Mauricio Macri, quienes desconocen las vueltas de la política y sus entreveros teleológicos, deberían preocuparse por la oscurecida casta que invisibilizan y ocuparse por las personas, que pierden derechos de accesibilidad, cada día que pasa.

Ya están condicionados por más Victoria Villarruel que exista, y por más fuertes que se vean, solo resta dejar pasar un tiempo prudencial de organización que dará la caída del velo ciudadano consumidor, paraentender, que cuando el destino llama, hasta los poderosos están obligados a obedecer.Mientras tanto, tendremos que ejercitar el aguante para estimular actividades, pensando en que más temprano que tarde, se volverá a conducir y encaminar los verdaderos señalamientos que la patria y sus habitantes por regla universal, demanden.

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