El cine… lugar de encuentros

Foto de Baglietto y su banda rosarina sacada con una cámara Kodak Fiesta en el show que ofreció en el Cine Gran Hurlingham en agosto de 1983.

Horacio «Pollo» Magnacco ofrece otra mirada sobre el Cine Gran Hurlingham más allá de su rol prioritario como Sala de Cine, recuerda a ese emblemático lugar como escenario de recitales, sobre todo de las figuras del rock nacional que se destacaban en los años 80.

En la gran mayoría de los pueblos bonaerenses la plaza central de la ciudad guarda parte importante de la representatividad administrativa/ religiosa/ educativa.

Dicho de otro modo, en general alrededor de la plaza está la Municipalidad, el Banco Provincia o Nación, la iglesia, el colegio principal, etcétera, las «fuerzas vivas» como se solía decir.

No es el caso de Hurlingham, su nacimiento dependiendo de Morón generó una dispersión de esas instituciones. Quizás ese fenómeno particular hace que el Cine Gran Hurlingham, el único «organismo» que estuvo frente a la plaza (aunque se trate de un comercio montado sobre el entretenimiento) tome un peso particular en la historia del condado.

Fue el lugar de encuentro, de reunión, donde se hacían los actos de fin de año, los encuentros corales, los recitales importantes. Y se veían películas, claro.

El cine Gran Hurlingham tenía un aforo ideal para un recital, y una construcción que favorece la buena presencia del sonido… sonaba bárbaro.

No hay registros públicos de los recitales que pasaron por allí, alguien tímidamente te puede decir que vio a tal o cual show, humildemente voy a sumar algunas de las visitas que pasaron por su escenario.

¿Ya les comentó el Director de EL CLÁSICO que en el Gran Hurlingham organizó conciertos con María Marta Serra Lima, Cuarteto Zupay, Camerata Bariloche, entre otros?.

Uno de los primeros shows de rock importantes que giraron en el cine fue el de Raúl Porchetto con la banda que lo secundaba, que con el tiempo serían laderos de Charly García y al tiempo saldrían con su propia denominación: GIT, ellos eran Pablo Guyot, Willy Iturri y Alfredo Toth. Banda impecable de principio a fin.

Ello ocurrió el 19 de noviembre de 1982, mientras presentaban la dupla de discos que hicieron juntos: Metegol (1980) y Televisión (1981), poco faltaba para Che pibe, vení, votá

Aquí tuvimos el 5 de agosto de 1983 la visita de Juan Carlos Baglietto y su banda, que había tenido en el año anterior un despegue glorioso en el medio de la guerra de Malvinas, la prohibición de difundir música extranjera seguramente sumó ingredientes para que destacara el muy buen primer disco de la banda del rosarino, aquel que incluía Mirta de Regreso y que tenía entre sus filas a Rubén Goldín, un destacado y muy adolescente Fito Páez, y a Silvina Garré. El show de Hurlingham fue de los primeros en los que Garré no formó parte y eso se sintió en Era en Abril, tema que ejecutaban a dúo con Baglietto y que ya no formaba parte del repertorio. Fito era el autor de varios de los mejores temas de esa época y destacaba sobre la derecha del escenario con un buzo del ratón Mickey.

El folleto del show, con la ilustración del segundo disco, Actuar para vivir, nos adelanta que el músico «cantará temas aún no GRAVADOS», no sabemos si se refiere al registro en un estudio de GRABACIÓN o en la DGI…

La fotocopia, auspiciada en su revés por el Instituto Óptico de la Plaza incluye un dato histórico, el número telefónico del cine: 665-0573 (sin el 4 adelante), que era donde llamabas para saber que estaban dando.

Durante un tiempo, entre 1982 y 1983, se dio en las trasnoches del fin de semana algo que era similar a lo que ocurría en varias salas de Capital, un espacio reservado para shows de conciertos filmados que se repetían semana a semana, podría ser Tommy, Quadrophenia o Los Chicos están Bien, las tres con música de The Who; los clásicos argentinos Adiós Sui Generis y Rock hasta que se ponga el sol; Woodstock sobre el legendario festival.

Muchas veces, entre medio de las películas alguien subía al escenario y tímidamente ponía un parlante grande y un par de micrófonos y cantaba, haciendo el número vivo para amenizar la espera. Podían ser Daniel Gesualdo, la inolvidable Laura Comerci, Remo Morando, Braulio «Lámpara» Farigna, Gabriel Díaz o quien esto escribe para hacer «una que sepamos todos» o alguna canción original. Arrancaba en el cine y al rato andábamos por los bolichitos de la zona, esquivando las razzias policiales.

Años después León Gieco presentó con su banda el disco Semillas del Corazón (1988), e improvisó en la puerta una informal conferencia de prensa para los medios locales que lo fueron a ver. Ya en ese año en la misma cuadra del cine funcionaba la Fm Triac, la primera radio alternativa del país.

Los colegios primarios  siempre tuvieron en el Cine un aliado para las fiestas de fin de año, donde cada aula representaba un número en particular, a contrahorario de la función del cine, esos eventos laaaargos que siempre tenían que terminar a las apuradas.

En Hurlingham tuvimos la presencia durante años de las organizaciones de coros y los festivales, dentro o fuera del cine, como el del jueves 2 de octubre de 1984 donde se presentaron los dos coros que dirigía el inolvidable Maestro Alberto Quinteros, el Coro de Niños y la Juventud Coral, con un repertorio que iba del folklore a lo clásico, siempre con una ductilidad y una musicalidad envidiable.

El cine fue el lugar de las rateadas a las clases de gimnasia, el de los primeros besos en la oscuridad iluminada por el proyector, el lugar de encuentro para ver dos películas a precio de una, de esperar la moto del distribuidor que paseaba entre los cines de Morón, El Palomar y San Miguel haciendo malabares para cumplir con los horarios pautados. Era sentarse en las butacas y prepararse para el disfrute.

Extrañamos el cine de Hurlingham.

Ojalá algún día vuelva.

Horacio Magnacco.

Nota publicada en la revista digital EL CLÁSICO N° 15. Edición de abril 2026.

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