El cineasta Joel Cortina Suárez interpela el pasado de Hurlingham a través de lo siniestro

El joven cineasta de Hurlingham, Joel Cortina Suárez, ya es Licenciado en Cine Documental. El pasado 20 de agosto presentó su trabajo final en la Escuela de Arte y Patrimonio de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Como defensa de su tesis de graduación Joel presentó un proyecto que desentierra una de las huellas más oscuras del terrorismo de Estado en la cotidianidad bonaerense: los quince años en que el dictador Jorge Rafael Videla habitó Hurlingham.

La reconstrucción de esa historia, el germen de su investigación, que se extendió entre 2022 y 2026, nació de la memoria colectiva y de la radio.

Joel recuerda un diálogo radial entre Eduardo Diana y Rody Rodríguez. Aquella transmisión significó la primera vez que el realizador escuchó a los propios habitantes del barrio revelar, de viva voz, que la figura más simbólica de la última dictadura militar argentina había formado parte de su misma comunidad vecinal en los años previos al golpe de Estado de 1976.

El trayecto académico, modelado bajo la tutela del doctor Lior Alejandro Silberman —uno de los teóricos más prominentes del cine documental nacional—, chocó rápidamente con un obstáculo sintomático: la escasez extrema de fuentes y archivos locales. A pesar de consultar textos fundamentales como El dictador, de María Seoane y Vicente Muleiro, o Apuntes del horror, de Alfredo Sayús y Fabián Rodríguez, nuestro cineasta advirtió que los materiales sobre la estancia de Videla no se habían preservado debidamente.

Para Cortina Suárez, este vacío documental expone una «memoria borrosa y confusa» en Hurlingham, derivada de una falta histórica de políticas públicas de patrimonio cultural. Esta negligencia se profundizó tras la autonomía geopolítica del partido al separarse de Morón a fines de la década de los noventa. Al quedar las instituciones fundamentales (como el hospital, los juzgados y las comisarías) diseminadas por diferentes barrios a falta de un centro cívico concreto, la identidad y el resguardo de la historia local sufrieron una fragmentación evidente.

El marco conceptual del cortometraje documental se apoya en una noción freudiana fundamental: el concepto de unheimlich, traducido como «lo siniestro» o la presencia de lo terrorífico en lo íntimo y conocido. El director asume este marco a partir de lo que el prestigioso cineasta Andrés Di Tella —con quien Cortina Suárez se perfecciona actualmente tras ser seleccionado para el Programa de Cine de la Universidad Torcuato Di Tella— denomina la «inquietante extrañeza». Es la revelación de que el mismo territorio y las mismas calles que el realizador caminó durante treinta años fueron, en otro tiempo, la cotidianidad del horror.

La obra propone un viaje paralelo a través de las temporalidades de Hurlingham, contrastando su pasado de fuerte influencia británica y calles bautizadas en inglés, con un presente que se encuentra en la antesala de profundas transformaciones geográficas y urbanísticas. El sonido se convierte en la herramienta principal para evocar el imaginario de aquella época y obligar al espectador a realizar un ejercicio introspectivo e incómodo, rompiendo con la indiferencia comunitaria de haber cobijado de alguna manera al dictador.

Más allá del ensayo histórico, el documental de Cortina Suárez se erige de manera enfática como un registro de preservación para el casco histórico de Hurlingham. Ante los inminentes cambios que amenazan la fisonomía de la ciudad, la cámara funciona aquí como la creación de un archivo urgente: capturar el espacio actual para que las generaciones futuras comprendan qué fue de ese territorio.

Alineándose con las reflexiones de figuras de la cultura argentina como Luis Brandoni y Mariano Llinás, Joel Cortina Suárez entiende el quehacer cinematográfico fundamentalmente como un ejercicio de resistencia contra el olvido. «El cine entendido como memoria», concluye el realizador, abrazando la premisa de que la pantalla tiene la capacidad única de perpetuar la historia de los pueblos. Ante coyunturas políticas complejas y discursos que pretenden resignificar el pasado, la investigación de este joven cineasta de Hurlingham se vuelve un eslabón imprescindible para que la propia comunidad asuma, relate y construya su historia desde la verdad y el territorio.

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