El Presidente del Consejo Universitario Nacional (CIN) y rector de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Franco Bartolacci, advirtió sobre la delicada situación que atraviesan las casas de estudio ante el incumplimiento de las leyes de financiamiento y la preocupación por el proyecto de Presupuesto 2027. En diálogo con el programa «¿Cómo sigue esto?» de Radio UNAHUR. de cara a la movilización del 15 de octubre, Bartolacci convocó a la sociedad a defender la educación pública y asegura que el esfuerzo «artesanal» de la comunidad para sostener las aulas está llegando a su límite.
-Estamos tratando de entender por qué no se cumple lo que hay que cumplir hace casi un año (347 días). ¿Qué explicación tiene esto?
– Es que no tiene explicación, más allá del ensañamiento del Gobierno Nacional para con la comunidad universitaria y científica del país. A mi juicio, la particularidad de este tiempo es que nos tocan autoridades que no creen que el Estado tenga que destinar un solo recurso a la educación superior, a la producción de conocimiento y de ciencia. Y si no hacen más es porque no pueden, no porque no quieran.
Ha habido otros momentos con dificultades presupuestarias o salariales, pero tenías autoridades que, aun con escasos recursos, sabían la importancia de la universidad y la ciencia. Una manera de abordar el problema en esos momentos era sentar a todos en una mesa y decir: «Bueno, no hay para resolver todo, veamos qué resolvemos ahora, cómo hacemos con esto o con aquello». Otra cosa es esto que está sucediendo ahora: no hay respuesta de las autoridades ante una ley aprobada por el Congreso, que debe ser de las leyes con tanta legitimidad en la historia institucional argentina. Se mira para el costado y no se cumple, incluso habiendo fallos judiciales, una orden de la Corte Suprema y una intimación de un juez.
– Es realmente inédita todo esta situación ¿no?
– Es realmente insólito y por eso la convocatoria para el próximo 15 de octubre, otra vez a la sociedad argentina. Si lo mirás en perspectiva, todas las veces que tuvimos respuestas en estos años —no estructurales, porque si no, no hubiésemos llegado a este punto, pero sí importantes— fue en el contexto de algunas de las manifestaciones federales que construimos. Es insólito que tengas que llegar a ese punto teniendo una ley aprobada y una orden judicial para que se cumpla. Pero así están las cosas. Es muy importante que la sociedad argentina nos acompañe el 15 de octubre para que, si no se escucha a la universidad, al Congreso ni a la Justicia, se escuche la voz del pueblo de la nación pidiendo una respuesta.
El fantasma del cierre por falta de presupuesto
P: ¿Cuál es el panorama para el año que viene teniendo en cuenta esta situación y viendo el proyecto de presupuesto para el 2027?
FB: Muy preocupante. Yo trato de ser siempre muy responsable en mis declaraciones porque el tema es muy serio y exige responsabilidad. Además, hay muchos sueños de jóvenes depositados en la universidad y mucho esfuerzo de muchas familias para que esos sueños puedan cumplirse. Ahora, con la misma seriedad con la que siempre aporto mi visión, hay que decir que si no logramos introducir modificaciones razonables en la propuesta que el Gobierno presentó al Congreso cuando se discuta el presupuesto 2027, vamos a tener dificultades serias para funcionar el año que viene.
Si tomo el caso de la Universidad de Rosario: lo que la universidad paga de salarios hoy, proyectado al 2027, es prácticamente el mismo número que el proyecto del Poder Ejecutivo le asigna a la UNR para todo el año próximo. ¿Qué quiere decir esto? Que vamos a poder, en el mejor de los casos, pagar salarios —malos salarios, porque eso es sin actualización— y poco más. Y cuando digo «poco más» no me refiero a tener que postergar un edificio que teníamos proyectado hacer; significa que no vamos a poder cubrir servicios básicos como luz, agua y gas, que son lo mínimo que necesitamos para poder funcionar y abrir nuestras puertas.
– Resulta impensado que las universidades públicas pasen por esta situación de no poder pagar la luz o el gas.
– Es que en algún momento iba a pasar, y nosotros lo venimos advirtiendo con fuerza desde hace tres años frente al desfinanciamiento progresivo y sostenido, porque justamente no queremos llegar a ese punto.
– Pero parece inevitable. La transferencia al sistema universitario cayó un 50% en los últimos años y, si a eso se le suma el presupuesto proyectado, se ve una clara vocación del Gobierno de recrudecer el conflicto, si no, no hubieran hecho el presupuesto que hicieron.
-No tiene otra explicación. Pero bueno, yo confío mucho en la sociedad argentina. Creo que si el Gobierno no hizo más todavía con las universidades es porque sabe que la sociedad pondera y custodia a la universidad pública.
Confío en la manifestación del 15 de octubre y confío en que, con esa fuerza, vamos a poder defender esto que es tan importante para el país. Al mismo tiempo, trabajamos para advertir sobre este escenario que de verdad es muy dramático. Tuvimos una audiencia en el Congreso de la Nación y ahora empezamos a reunirnos, provincia por provincia, con diputados y senadores. También le vamos a pedir audiencia a los gobernadores. Así como es importante lograr que se cumpla la ley de financiamiento para reparar hacia atrás, es vital que logremos modificar el presupuesto 2027 para tener un horizonte más previsible el año próximo.
El rol de los gobernadores y las razones de la marcha
– Respecto al respaldo político, da la sensación de que es necesario un mayor esfuerzo. Muchos gobernadores parecen estar «silenciados» frente a varias de estas problemáticas nacionales…
– Sí, para nosotros la opinión de los gobernadores y que eso pueda comprometer a diputados y senadores en el debate parlamentario es realmente muy importante. Es un actor clave en esta discusión.
– En vistas a la marcha del 15 de octubre, y pensando en la gente que es ajena a la comunidad universitaria y no termina de entender cómo las universidades siguen abiertas estando desfinanciadas, ¿cuáles son los puntos e ítems esenciales que justifican la movilización?
– Bueno, tengamos muy en claro qué es lo que está en juego. Primero, el problema más grave es la pérdida de capacidad en términos de recursos humanos. Por supuesto que hay renuncias y estamos perdiendo profesionales y profesores muy valiosos. Es obvio que en algunos casos podés reponer esos cargos, pero no necesariamente volvés al punto anterior, porque se trata de docentes con muchos años de formación acumulada.
Luego, está muy extendido el pluriempleo, porque alrededor del 70% del personal de educación superior de la Argentina percibe un salario que está por debajo de los 800.000 pesos por mes. La gente tiene que hacer otras cosas para vivir, y cuando tenés que sumar otros trabajos sobre la labor docente, lógicamente se termina afectando la calidad.
Por el lado de la infraestructura, tenemos problemas de todo tipo porque no hay un solo recurso por parte del Estado Nacional para mantenimiento de edificios o para construcción. Esto es como una casa: cuando no vas arreglando las cosas que se rompen, después de un tiempo el deterioro se ve claramente. Eso está pasando ya con años acumulados de desinversión en infraestructura y en equipamiento tecnológico o informático, que en el ámbito científico y universitario suele ser de alta gama y muy costoso.
En el ámbito científico la crisis es peor aún. El 70% de la ciencia argentina se produce en la universidad pública, pero hoy todas las líneas de financiamiento están cortadas. Salvo los equipos que tienen acceso a fondos internacionales o participan de redes, el resto está discontinuando sus proyectos de investigación. Lo que perdés ahí no lo recuperás después con un simple acto administrativo; no es que el mes que viene te dan la plata y se solucionó, porque a veces son años de inversión para sostener una investigación que, si la cortás, tenés que volver a empezar de cero.
Finalmente, están las becas estudiantiles. La beca Progresar no se actualiza desde septiembre de 2024 y es de 35.000 pesos por mes. Lo único que actualizaron son los requisitos. Yo comparto que las exigencias deben ser estrictas, porque si le das una beca a un estudiante es para que haga su carrera y hay que controlarlo. Ahora, lo que no podés hacer es pedirle dedicación completa a un estudiante que necesita recursos para subsistir cuando le estás dando 35.000 pesos mensuales.
Podría enumerarte una cantidad de dificultades que todos los días hay que resolver artesanalmente para poder seguir sosteniendo todo de pie. El punto es que hay un momento donde eso ya no lo podés hacer más. Es como si en una economía familiar sufrís en dos años un 50% menos de ingresos: es obvio que hay un montón de cosas que dejás de hacer y que vas perdiendo. Bueno, eso le pasa a la universidad. ¿Por qué no es más grave aún a pesar de la precariedad? Porque hay una vocación y un amor extraordinario en la comunidad y el personal de las universidades públicas que, con todo y a pesar de todo, sostiene las aulas. Pero ese amor y la magia de resolver las cosas artesanalmente tienen un límite, y quiero advertir que ese límite está cerca.
«Les preocupa el conocimiento»
– Son muchos los sectores dañados por las políticas económicas actuales, pero al principio de la nota hablabas de que contra la universidad se percibe una especie de saña.
– No tengas ninguna duda. Yo creo que les preocupa el conocimiento. Por eso, yo aspiro y apelo a las generaciones que tuvimos la posibilidad de formarnos en la universidad —estemos o no hoy dentro de la universidad pública argentina— a que asumamos la responsabilidad que nos toca: asegurarle a las próximas generaciones los mismos derechos que tuvimos nosotros. Que no pateemos la escalera. Uno puede hacer dos cosas cuando llega arriba: puede tender la mano para que otros sigan subiendo o puede patear la escalera. A nosotros nos toca tender la mano.





