Hay ángeles sueltos en la ciudad: «Soy voluntario Hurlingham» una organización solidaria y empoderada

En tiempos donde todos nos indignamos por los muertos por frío, por los pacientes que mueren esperando un trasplante o los chicos que comen una vez por día hay personas que, además de indignarse, accionan para ayudar a otros. Lo hacen sin parlantes, quitándoles horas de sueño al descanso, poniendo plata de su bolsillo, sin ayuda ni sponsors, con la única meta de mejorar el día a día de los más vulnerables. En la ciudad la organización «Soy Voluntario Hurlingham» hace su trabajo silencioso y las horas del día no les alcanza para cumplir con todos sus proyectos.

 

Por Gabriela Chamorro.

La creadora del grupo hace cinco años tiene nombre y apellido: María Laura Chazarreta. Las redes sociales de la organización nacieron mucho tiempo después, recién hace dos años cuando «ni mis parientes me seguían de tanto que pedía» bromea Maru, como le dicen en el grupo. Así a través de la página de Facebook y la de Instagram («Soy voluntario Hurlingham» y «@Soy Voluntario.hur» respectivamente) un grupo que se inició con ella, su hija y una amiga se fue ampliando hasta un total de 12 chicas y dos hombres. No es casual que la mayoría sean mujeres, se da en todos los órdenes de las acciones solidarias y tampoco que muchas de las chicas sean muy muy jóvenes. Dos de ellas tienen 10 años que hacen cortinas de pelo para pelucas oncológicas, difunden en su colegio las acciones y reparten papelitos. El resto de las chicas que rondan los 15 a 20 años representan el presente de las mujeres empoderadas, que creen que todo se puede, que hay que ir a la acción. A la par de seguir sus carreras universitarias, algunas medicina, enfermería o traductorado público, le ponen a esta Organización pasión y compromiso.

Con una base de acción emplazada ahí, en donde vive María Laura, en el Barrio Mitre, casi todas ellas son de la zona o de Barrio El Destino.

«Las necesidades están siempre pero ahora están más pesadas económicamente» nos cuenta María Laura y enseguida aparece el pedido de tres metros de membrana para lograr impermeabilizar el dormitorio de un niño que logró terminar el tratamiento de leucemia. La realidad es que la familia terminó ese cuarto a pulmón pero se llueve y para la recuperación del niño la humedad es una variante prohibida.

Las estufas son una alhaja preciada que los voluntarios acercan en tiempos de ola polar y ellos a su vez destinan a los hogares que más lo necesitan. Todo se hace debidamente documentado, se sacan fotos de las donaciones y las entregas respectivas. Hay un cuidado muy especial cuando se entregan los elementos;  el tiempo de charla es extenso porque a María Laura le preocupa que quien recibe algo sepa de dónde vino así, ese elemento inanimado, una silla de ruedas, una bomba de oxígeno, un medicamento adquiere historia, rostros, nombres y re-cuerdos. Lo que sigue a esa entrega es siempre igual: abrazos, agradecimientos, lágrimas, emoción. El amor en su máxima expresión.

 

Tu Pelo Crece Y Tu Corazón También

La hija mayor de María Laura tiene 20 años pero cuando estaba por cumplir 15 y el pelo llegándole a la cintura quiso cortárselo. De nada valieron las súplicas de su madre que le pedía que esperara a su cumpleaños.

Stefanía se hizo un corte carré pero su estilo no se reflejó en su corte sino en su decisión de donar ese cabello para la confección de pelucas solidarias. Así colaboró con distintas entidades y luego quiso hacer lo mismo en Hurlingham con el grupo que fundó su mamá.

La idea del hashtag #Tu pelo crece y tu corazón también, le pertenece.

Una peluca para una persona que atraviesa el tratamiento de quimioterapia, que de por sí también es costoso, implica invertir no menos de 20 mil pesos. Casi prohibitivo para muchas es, en realidad de una importancia fundamental para muchas mujeres que se encuentran en esa situación. Ante la imposibilidad de tenerlas tratan de verse mejor utilizando turbantes o gorras hasta que el pelo vuelva a crecer.

Como mujeres sabemos el impacto psicológico positivo que puede tener para una persona poder recuperar una imagen en el espejo que le devuelva la esperanza de que todo va a tener un buen fin. Por eso desde la organización se realizan campañas de donación de pelo para la confección de pelucas. El domingo pasado se realizó una en la Plaza de la ciudad con un evento titulado Rubia &  Rubias. Es que la mayoría del pelo donado es castaño oscuro o negro y hay muchos pedidos de pelucas rubias que no se pueden cubrir.

«Armamos la peluca completa se la damos en comodato a la que la necesite durante todo el tratamiento de quimioterapia y cuando ya no la necesitan, vuelven a nosotras la arreglamos la preparamos para una próxima mujer porque son de gente de donaciones, espontánea que nos sigue en la página» explica María Laura.

Cuando aparece alguien que la necesita se la entregan armada pero sin un corte específico de pelo para que ella vaya a la peluquería y se haga el corte que quiera. Si no tiene alguien de confianza también cuentan con un peluquero que cierra el local para atenderla en la máxima intimidad. Esta semana dos pelucas se fueron de la provincia, una a Corrientes y la otra a Formosa.

UN GRUPO UNIDO Y CON UN PROYECTO

Ana, Stefanía, Marcela, Valentina, Paulo, Abril, Barby, Ludmi, Silvia, Daniela, Abru, Sergio, Marga, Zoe y María Laura sienten a veces el cansancio, pero cuándo éste aparece surge otra necesidad que les da energía. Hay que conseguir sangre para una niña internada, hay que llevar una silla postural a otro partido, alcanzar un tubo de oxígeno a un niño o llevar jeringas y guantes a oncología. Y ahí están ellas y ellos haciendo todo lo que está bien, sin preguntarse si corresponde o no corresponde con la satisfacción que llega en el alivio o la sonrisa del que recibe.

Y las anécdotas son demasiadas y emocionantes. Como esa vez que tuvo que irse muy lejos, pasando Pilar a buscar una donación de una silla postural. Cuando llegó a destino vio que era un barrio humilde, muy muy humilde. La madre de un niño cuadripléjico salió con la silla para entregársela, una silla que es cara, que tiene un valor de no menos 80 mil pesos. Al ver la situación en la que vivían María Laura le preguntó a la madre si no había pensado en venderla para hacerle un cuarto aparte al niño. La respuesta fue rápida y simple «No, de ninguna manera, la obra social me dio una nueva, esta es para que la utilice otro chico». Y ahí apareció la esencia del ser solidario. Siempre da el que menos tiene, siempre da el que conoce de la necesidad, del desconsuelo, del hambre. Porque ése ser es el verdaderamente sabio, el que conoce el verdadero valor de las cosas.

Así como hay una rotación de sillas posturales que van y cuando se dejan de usar vuelven para tener un nuevo dueño también tienen un aspirador y una bomba de alimentación. La llaman la «bomba viajera» porque por cada casa que pasa el que la utiliza le pone su nombre, le deja su huella. Cuando llega a un nuevo hogar, ese elemento es en realidad una conjunción de historias y experiencias y su valor, es intangible.

Y la charla termina porque Maru tiene mucho trabajo. Ayudar está en su esencia porque cuando era chica se crió entre bolsones de harina y arroz de 50 kilos y ella ayudaba a armar bolsitas de medio kilo para repartir en el barrio. Sus hijos se criaron poniendo los juguetes y la ropa que no usaban en una caja para un chico que lo necesite

«Doy pero sobre todo recibo mucho» asegura. Y le creemos y bregamos porque esa semilla de la solidaridad prenda en muchas más personas para que la necesidad del otro siempre sea un poco menos.

«CADENA DE FAVORES» EN EL PENAL DE VARELA

Muchos recordarán -y los que no se las recomiendo- la película «Cadena de favores». En ella un niño es influenciado por un profesor para hacer algo positivo y a él se le ocurre una secuencia solidaria, un favor que a su vez impulse a la persona ayudada a darle una mano al otro y así hasta el infinito. La realidad siempre supera la ficción y María Laura nos cuenta una historia conmovedora de cuándo estuvo a cargo de un taller dentro de un penal, la Unidad 32 de Florencio Varela del Servicio Penitenciario Bonaerense.

Hasta allí llegó cuando se enteró que dentro de la cárcel hacían trabajos solidarios. Al principio la Organización recibió juguetes hechos por los internos que repartieron en los hospitales con los cuales trabajan normalmente, el Posadas y el Garraham en una campaña de «sonrisas por juguetes» del banco de pediatría. Atenta a los detalles Maru les envió luego a quienes los hicieron una carta de agradecimiento y fotos de los chicos que recibieron esos juguetes.

Eso motivó un contacto formal del Ministerio de Justicia Bonaerense que la in-vitaron a participar de un programa de reinserción social que se llama Reintegrarte. Ella ofreció capacitar a las personas para realizar pelucas oncológicas y rápidamente le pidieron trabajar con el grupo de chicas trans.

«No lo dudé ni un minuto» afirmó. Al principio las chicas creyeron que era un curso de peluquería y no acudieron porque la mayoría de ellas, ya son peluqueras, pero cuando vieron que la idea era armar pelucas, con pelo donado y para personas que estaban en tratamiento se fueron sumando clase a clase. «Empezaron tres chicas y al terminar el curso eran 18»

Pero la historia dentro de la historia, como en «Cadenas de favores» fue que una chica trans del grupo se mantenía aislada y prácticamente no salía al patio ni a los lugares de encuentro. Ella está pelada y esa situación la ponía en una condición humillante y vergonzosa y le impedía socializar, de hecho muchas de sus compañeras ni siquiera sabían que existía.

Cuando Maru se enteró de la situación la invitó a participar del taller y en minutos un círculo, de esos círculos mágicos que sólo hacen las mujeres, la rodeó y comenzaron a probarle una de las pelucas y a acomodársela y describirle cómo le quedaba- ya que en el penal no hay espejos.

El rostro de Ruth se iluminó y sus compañeras pudieron ver toda su historia a través de sus ojos.

Al terminar el curso María Laura se llevó dos pelucas perfectamente acondicionadas por las chicas. Dos pelucas y el milagro de una mujer que pudo vincularse con sus compañeras y romper la barrera del aislamiento y la vergüenza.

«Chicas ayudando a chicas» resume María Laura. «Eso fuimos en esa experiencia hermosa llena de empatía» asegura que además les dejó un plus a este grupo de chicas que, cuando salgan en libertad tienen un oficio para poner en su currículum en el momento de buscar un trabajo.  Lo cierto es que también sintieron que algo de ellas, algo creado por ellas para un ser vulnerable y necesitado de amor salía del encierro y volaba a la libertad.

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