Los días de Videla en Hurlingham

En la calle Miranda, en el barrio de Parque Quirno, Videla y su esposa, la moronense Alicia Hartridge Lacoste, compraron su primer vivienda. Estuvieron allí hasta 1966. Su relación con la iglesia y la crueldad ante las monjas que cuidaron a su hijo enfermo.

El Proceso de Reorganización Nacional no fue una interrupción más del proceso democrático por parte de las Fuerzas Armadas, ni siquiera fue parte de esa nefasta rutina de golpes de Estado que se sucedían desde 1930; el Proceso iniciado el 24 de marzo de 1976 fue la tiranía más sistemáticamente sangrienta del siglo XX en la Argentina. Pero también fue el golpe más anunciado, con una complicidad explícita de buena parte de la sociedad civil.

En los partidos del oeste del Gran Buenos Aires el accionar represivo estuvo a cargo de la Fuerza Aérea Argentina. Con el objetivo de instrumentar la represión, el país fue dividido en 5 Zonas Militares, y éstas, a su vez, se dividieron en Subzonas y Áreas. La Subzona 16, que comprendía los partidos de Merlo, Moreno y Morón (del cual Hurlingham e Ituzaingó formaban parte), estuvo a cargo de la Fuerza Aérea.

Dentro de esa subzona se identificaron una veintena de Centros Clandestinos de Detención, además de las comisarías de la Policía Bonaerense que estaban subordinadas a la Fuerza Aérea.

Hurlingham es una ciudad rodeada por enclaves militares (el Colegio Militar, la Base Aérea de El Palomar, la Base Aérea de Morón, Campo de Mayo). No es un detalle menor. Es una característica que expone el modo en el que se padecieron los años de Dictadura en esta zona.

Pero hay otro hecho singular que vincula estrechamente a la dictadura con Hurlingham. Jorge Rafael Videla, el militar que asumió la presidencia de facto en el Proceso Militar, fue vecino de Hurlingham por más de 15 años, entre 1951 hasta 1966.

En 1948, Videla, con el cargo de teniente se casó con Alicia Raquel Hartridge Lacoste, vecina de Morón. Un par de años después de casarse se mudaron a Hurlingham. En el barrio de Parque Quirno compraron la primera vivienda propia, en Miranda  entre Pizzurno y Bélgica. Los periodistas María Seoane y Vicente Muleiro, en su libro El Dictador, cuentan que «treinta años después de que el matrimonio dejara Parque Quirno, un puñado de vecinos recordó anécdotas que quizá se hubieran diluido si el jefe de familia no hubiera llegado a ocupar un cargo de talla nacional, algo impensado para cualquiera de ellos en la época en la que los frecuentaban. Ante esos vecinos, los Videla dejaron una imagen de familia normal, muy unida, con un padre que trabajaba todo el día y una esposa entregada a sus tareas de ama de casa y a la crianza de lo hijos ‘todos muy buenos chicos’. Las palabras a la hora de describir a Videla, fueros coincidentes: ‘sencillo, amable, recto, atento, muy serio’. En verdad al oficial lo veían muy poco durante la semana. Los recuerdos del fin de semana acudieron con mayor facilidad: los sábados Videla se ponía pantalón corto, zapatillas, remera y cortaba el pasto de la entrada con una máquina manual de cuchillas en rodillo».

En el citado libro relatan que una vecina recordaba que por aquellos años 60, en Hurlingham casi todas las calles eran de tierra. «Los días de lluvia pasaba el lechero con su carro tirado por un caballo y lo acercaba a Videla, que iba a la estación, porque viajaba en tren hasta Palomar para trabajar en el Colegio Militar».

Señalan también que «los antiguos vecinos también recordaron que los domingos toda la familia Videla caminaba hasta la Parroquia Sagrado Corazón,  ubicada en la calle Delfor Díaz (en ese entonces Cavour) al 1600, aunque algunas veces iban en auto, una Estanciera en los primeros tiempos y un Ford Falcon, que en ocasiones manejaba un chofer y que el mismo Videla lavaba en su puerta de su casa los fines de semana».

Los Videla vivieron en Hurlingham con sus siete hijos, algunos de ellos estudiaron el Sagrado Corazón de Hurlingham, también en el Emaus en El Palomar y en el Don Jaime de Bella Vista. Dos de ellos siguieron la carrera del padre y estudiaron en el Colegio Militar en El Palomar. Con otro de sus hijos, Alejandro, convivieron hasta que el chico estaba por cumplir 13 años. Con graves deficiencias mentales lo internaron en el establecimiento psiquiátrico Colonia Montes de Oca, en la zona de Luján. Videla y su mujer mantuvieron esa situación en estricto secreto. Alejandro murió en ese manicomio a los 19 años, en junio de 1971. Los Videla no solo ocultaron a su hijo Alejandro en vida, sino que además mantuvieron en secreto su muerte.

EL DICTADOR RELIGIOSO, EL MOVIMIENTO FAMILIAR CRISTIANO, Y LAS MONJAS FRANCESAS

Mientras fue vecino de Hurlingham, Jorge Rafael Videla integró el Movimiento Familiar Cristiano –MFC-, que son grupos de matrimonios que promueven las ideas de la iglesia católica y los «valores de la familia». Fue un movimiento que surgió a fines de los años 40 y mantiene vigencia en Argentina y en varios países.

Seoane y Muleiro subrayaron en El Dictador, que «el clima de la época se prestaba para la pluralidad y los grupos se integraban con familias de clase media de diversas profesiones y cierta variedad ideológica, con el parámetro común de la creencia en el culto cató-lico, apostólico y romano. Videla era el único militar de su grupo, en el que participaban también el contador Horacio Palma, administrador de campos en Mendoza, confeso hombre de izquierda, que en las discusiones y análisis sociales se enfrentaba con frecuencia a Videla». También participaba de esas reuniones el matrimonio Sorstres, con los que también tenía «ardorosas discusiones, sobre todo cuando los católicos de clase media, cuestionaban la validez de su fe ante las desigualdades sociales y la exclusión».

La monja francesa Yvonne Pierron, sobreviviente de la dictadura argentina y que misionó con las religiosas desaparecidas Alice Domon y Léonie Duquet, hizo trabajos parroquiales en Hurlingham. En una entrevista realizada por Clarín en 2013, Yvonne recordó su paso por la ciudad y se refirió a Videla. «Cuando llegué en 1955 nuestra superiora y fundadora (la argentina de familia rica María Dolores Salazar) nos instaló en Hurlingham. Videla era un hombre joven, casi banal, jamás imaginé que sería uno de los mayores monstruos de la historia argentina. Caty (Alice Domon) y Léonie se ocupaban de niños con síndrome de Down que algunos llamaban mogólicos. Y cuidaban al hijo de Videla. El chico se abrazaba a Léonie y lloraba gritando que no quería volver a su casa. Y ellas fueron luego víctimas de Videla y su gente».

También recordó el accionar de Videla en misa, en la parroquia Sagrado Corazón: «Él se adelantaba para servir al padre, era voluntario, de los que se acercan a pasar el agua, el vino y hacen las lecturas que no están destinadas al sacerdote». La misionera Pierron también describió que Videla siempre andaba «merodeando por grupos que tenían ese discurso nazi-católico».

En 1977 la monja de origen francés pero nacida en la Argentina, Evelyne Lamartine era la madre superiora de Alice y Léonie, las tres formaron parte del M.E.D.H (Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos). Evelyne vivía en un barrio muy carenciado de William Morris y era la responsable de las Misiones Extranjeras de París en la Argentina.

En una entrevista publicada en el diario Clarín del 3 de marzo del 2012, contó que Alice la visitó pocos días antes de su desaparición, le dijo que quería fundar talleres y escuelas en Morris. Cuando se enteró de la detención de Alice, Evelyne llamó a Léonie y le pidió que se escondiera, pero dos días después fue detenida.

Tras la desaparición de ambas religiosas, Evelyn Lamartine fue a pedirle ayuda al representante del papa, monseñor Pio Laghi: «Yo, no sé nada. Nosotros no sabemos nada… Por algo habrá sido, nos dijo. Yo le dije, esto le va a pesar. Dios no se olvidará de sus palabras… Nos miró como a bichos asquerosos», recordó la religiosa.

Extraído de «Hurlingham Todos Los Tiempos» / Rody Rodríguez

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